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Economía
Argentina: caída del ingreso real reabre polémica por consumo de carne de burro en medio de la crisis alimentaria
La pérdida de poder adquisitivo y la aceleración inflacionaria durante el gobierno de Javier Milei están impactando de lleno en el acceso a alimentos. En los primeros meses de ajuste económico, el salario real sufrió una caída significativa y la pobreza superó niveles cercanos al 50%, según estimaciones de centros de estudio, lo que obligó a millones de hogares a recortar gastos en comida.
Uno de los cambios más visibles se dio en el consumo de carne. Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, registró una baja a niveles cercanos a 45–50 kilos por persona al año, lejos de los más de 70 kilos de décadas anteriores. En paralelo, aumentó el consumo de pollo y otras proteínas más económicas.
En ese contexto, surgieron reportes puntuales —principalmente en el sur del país— sobre la circulación de carne de burro. Aunque no existen estadísticas oficiales que confirmen su expansión, organizaciones rurales y medios locales señalaron casos en provincias como Chubut, donde la sequía y la crisis ganadera empujaron a buscar alternativas no tradicionales.
El tema es especialmente controvertido porque en Argentina la carne de burro no forma parte del consumo habitual ni del circuito formal de comercialización interna, y su producción suele destinarse a exportación. Especialistas advierten que, más que un fenómeno extendido, se trata de una práctica marginal amplificada por el contexto económico.
Analistas coinciden en que la polémica refleja un problema más profundo: el deterioro del acceso a una dieta adecuada. La combinación de inflación, caída del ingreso real y ajuste económico bajo la administración de Javier Milei está empujando a los hogares a sustituir alimentos tradicionales, instalando debates que, como el de la carne de burro, funcionan más como símbolo del malestar social que como tendencia masiva.