Lima, 3 de enero de 2026.- La operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ha quedado expuesta como un acto impulsado por el…
Actualidad
Soberanía energética en jaque: Perú produce sólo 37 mil barriles de petróleo al día y apela al subsidio ante incremento de precios
Loreto, 30 de agosto de 2026.- El Estado peruano delega en el mercado privado una responsabilidad que la Constitución le asigna como política de Estado. Mientras el diésel supera los 24 soles por galón en planta mayorista y los grifos de Lima cobran hasta 27,99 soles, las regiones amazónicas enfrentan desabastecimiento crónico y precios que rozan los 30 soles. El gobierno de Keiko Fujimori, en funciones desde el 28 de julio, respondió con un subsidio temporal del 15% al 20% para transportistas, una medida que alivia el bolsillo de corto plazo pero que no modifica la estructura de un país que importa el 84% del petróleo que consume.
La paradoja golpea con fuerza en Ucayali y Loreto. Estas regiones pagan los combustibles más caros del país a pesar de tener a la refinería de Manaos, operada por el Grupo Atem brasileño, a pocas horas de navegación fluvial. La propuesta de importar diésel brasileño a precios entre 15,80 y 16,50 soles por galón mediante una ruta de 60 días choca contra la burocracia del Ministerio de Energía y Minas y de Osinergmin, que priorizan el abastecimiento desde Petroperú aun cuando esta vía resulta insuficiente y más costosa para la población de la selva.
Perú extrae alrededor de 37 mil barriles de petróleo por día, una cifra que representa una caída del 23% respecto a julio del año pasado y que apenas cubre una fracción de la demanda nacional. El déficit estructural obliga al país a importar combustible a precios internacionales, expuesto a la volatilidad del crudo y del tipo de cambio, sin contrapesos estatales que amortigüen el impacto en los precios finales. La dependencia no es coyuntural: se construyó durante años de desinversión y abandono de la actividad exploratoria.
El territorio peruano alberga 18 cuencas con potencial hidrocarburífero, pero la exploración se desplomó. Entre 2021 y 2025 solo se ejecutaron tres perforaciones exploratorias, frente a las 47 registradas entre 2011 y 2015, según datos de la Sociedad Peruana de Hidrocarburos y del Instituto Peruano de Economía. La inversión anual en el sector promedió 450 millones de dólares en la última década, muy por debajo de los 1.400 millones anuales que se movilizaban entre 2004 y 2014. Desde 2017, además, no se firma ninguna licencia de exploración nueva.
Petroperú, que debería ser el brazo ejecutor de la soberanía energética del Estado, atraviesa una crisis de refinación y abastecimiento que la ha convertido en distribuidora de combustibles importados. El Decreto de Urgencia 010-2025 dispuso la reorganización patrimonial de la empresa y encargó a ProInversión el diseño de su concesión a operadores privados. La Defensoría del Pueblo impugnó la medida ante el Tribunal Constitucional, que dejó al voto la demanda en agosto de 2026. Si la norma se confirma, el rol estatal en el sector se reducirá aún más.
El marco regulatorio existe, pero está calibrado para el capital privado. La Ley Orgánica de Hidrocarburos y su reglamento facilitan concesiones y contratos de licencia a empresas internacionales, no una inversión estatal agresiva en exploración y producción. Chevron, que entró en 2025 a los lotes offshore Z-61, Z-62 y Z-63 frente a la costa norte, evalúa ahora su retiro del país apenas un año después de llegar. Un ejecutivo de Perupetro reconoció que los trámites de consulta previa y permisos pueden extenderse entre 10 y 15 años, un plazo que desincentiva la inversión extranjera en exploración.
El gobierno anunció un subsidio temporal de entre 15% y 20% en el precio del diésel para transportistas, con vigencia de tres meses. La medida calma el efecto social inmediato del encarecimiento de los combustibles, pero no altera la raíz del problema: Perú seguirá dependiendo de importaciones para cubrir la mayor parte de su demanda de petróleo. El ministerio de Energía y Minas presentó además un nuevo reglamento de exploración y explotación para reemplazar una norma vigente desde 2004, con modificaciones orientadas a agilizar proyectos y atraer inversión privada. La administración Fujimori fijó la meta de reducir la dependencia de productos refinados importados del 75% al 50% hacia 2031, pero sin anunciar un programa masivo de inversión estatal en exploración.
La propuesta de importar diésel desde Manaos hasta Pucallpa ofrece una alternativa logística viable para la selva, aunque no resuelve el problema de fondo. Cambiar la dependencia de Petroperú por la dependencia del Grupo Atem brasileño no es soberanía energética: es sustituir un proveedor externo por otro. El artículo 60 de la Constitución permite al Estado realizar actividad empresarial por ley expresa, y de hecho lo hace a través de Petroperú y Perupetro. La barrera no es legal, sino política: no existe voluntad para priorizar la inversión estatal en exploración y producción como política de seguridad nacional.
El incremento del diésel a más de 24 soles por galón en agosto de 2026 demuestra que el mercado no garantiza abastecimiento a precios justos cuando el Estado abdica de su rol estratégico. Mientras Perú no reconstruya su capacidad de exploración, producción e industrialización de hidrocarburos, seguirá a expensas de la volatilidad internacional y del poder de fijación de precios de las empresas importadoras. La soberanía energética no se delega en el mercado: se construye con inversión estatal estratégica y políticas de Estado de largo plazo.