Ante la petición de la pensión vitalicia de Alberto Fujimori y la negación de la misma a Pedro Castillo, contrastándolo con las leyes constitucionales peruanas. Según el artículo 121 de la Constitución…
Internacional
Hijo del histórico líder del MIR de Chile visita a Margot Palacios y se reúnen con Pedro Castillo en el penal Barbadillo

Este lunes 2 de junio, Marco Enríquez-Ominami, hijo del histórico dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile, Miguel Enríquez, visitó el despacho de la congresista peruana Margot Palacios Huamán en el Congreso de la República. La reunión, de notable carga simbólica y política, se desarrolló en un contexto de agudización de las tensiones sociales y políticas en América Latina, y puso en agenda temas clave para las fuerzas populares de la región.
Durante el encuentro, se abordaron diversos asuntos de coyuntura nacional e internacional, centrados en el actual panorama latinoamericano, caracterizado por la disputa de proyectos políticos y la persistencia de desafíos comunes como la desigualdad, la crisis ambiental y la defensa de la soberanía de los pueblos. Esta cita reafirmó la importancia de revitalizar las alianzas regionales de izquierda, consolidar espacios de integración y promover una agenda que priorice los derechos sociales y la justicia popular.

La visita de Enríquez-Ominami, de marcada dimensión simbólica, reavivó el debate sobre los legados de los movimientos revolucionarios de los años 60 y 70, como el MIR chileno, que lucharon contra las dictaduras y el modelo económico excluyente, en defensa de los sectores históricamente marginados. El hijo de Miguel Enríquez, referente del pensamiento y la acción revolucionaria latinoamericana, destacó la necesidad de articular nuevas formas de lucha que respondan a las exigencias del siglo XXI, sin perder de vista las raíces históricas de los movimientos populares.
Encuentro con Pedro Castillo en Barbadillo
Más tarde, ese mismo lunes, Enríquez-Ominami, acompañado de congresistas del bloque de izquierda, visitó al expresidente Pedro Castillo Terrones en el penal de Barbadillo. Castillo, maestro rural y dirigente surgido de las entrañas del Perú profundo, fue destituido y encarcelado en diciembre de 2022, convirtiéndose en una figura emblemática de la resistencia popular frente a las élites políticas tradicionales.
El encuentro no fue posible por temas de seguridad, pero hubiera representado un gesto de solidaridad política y humana, así como una afirmación del compromiso de las fuerzas progresistas de la región con la causa de los pueblos. En la conversación con Castillo él pensaba abordar los retos de la izquierda latinoamericana ante el avance de sectores conservadores, la criminalización de los líderes populares y la urgencia de construir proyectos políticos que pongan en el centro las demandas de las mayorías excluidas.

Pedro Castillo continúa siendo un símbolo para amplios sectores populares, no solo en Perú sino en toda América Latina, donde su figura es vista como parte de la lucha contra el neoliberalismo, la corrupción sistémica y el centralismo limeño. Por lo que, las reuniones de Enríquez-Ominami refuerzan el carácter internacionalista de la solidaridad entre los pueblos y la vigencia del pensamiento emancipador en el continente.
El encuentro entre Marco Enríquez-Ominami y Margot Palacios, seguido de la visita de la congresista al expresidente Pedro Castillo, trasciende lo protocolar. Simboliza la continuidad histórica de las luchas populares en América Latina, y renueva el compromiso por una integración soberana, solidaria y con justicia social. En un escenario de profundización de las crisis estructurales del modelo capitalista, estos espacios de diálogo y articulación se perfilan como esenciales para avanzar hacia una verdadera transformación regional.
Lejos de ser un acto aislado, esta jornada representa un paso más en la construcción de una agenda común de los pueblos, que apunte a la unidad en la diversidad, al rescate de la memoria histórica y a la afirmación de un proyecto de futuro basado en la dignidad, la justicia y la soberanía.
Actualidad
Masivas protestas en EE.UU. contra el ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro por Trump

Estados Unidos se encuentra sacudido por una ola de protestas en varias ciudades tras la operación militar del 3 de enero de 2026, en la que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en Caracas, trasladándolos a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo. El presidente Donald Trump justificó la acción como una medida de aplicación de la ley con apoyo militar contra un «narco-dictador», y afirmó que EE.UU. asumirá temporalmente el control de Venezuela para una «transición ordenada», con énfasis en recuperar y reconstruir sus vastas reservas petroleras —las mayores del mundo—. Trump ha señalado que los ingresos del petróleo beneficiarían a Venezuela, a empresas estadounidenses y al gobierno de EE.UU., lo que ha generado acusaciones de intervencionismo motivado por intereses energéticos.
Las manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, estallaron inmediatamente tras el anuncio y continuaron durante el fin de semana del 3 al 5 de enero, extendiéndose a ciudades como Nueva York (incluyendo Times Square y frente a la Casa Blanca), Washington D.C., San Francisco, Filadelfia, Chicago, Los Ángeles y Portland. Manifestantes, entre ellos activistas antibélicos de grupos como Code Pink y ANSWER Coalition, portaron pancartas con lemas como “No a la guerra por petróleo”, “Fuera EE.UU. de América Latina” y “No sangre por petróleo”, denunciando la operación como una agresión imperialista e ilegal que viola el derecho internacional. Aunque la mayoría de las protestas han sido no violentas, se reportaron bloqueos y tensiones menores con la policía en algunos puntos.
Este rechazo se entrelaza con el descontento por las políticas internas de Trump, como las deportaciones masivas de inmigrantes —incluyendo venezolanos— y el tiroteo fatal del 7 de enero en Minneapolis, donde un agente de ICE mató a Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense. Estos eventos han unido a comunidades latinas, progresistas y anti-guerra, que critican el uso de la fuerza tanto en el exterior como en el interior. Analistas destacan que la intervención en Venezuela, enmarcada en una campaña contra el narcotráfico y el control de recursos energéticos, ha intensificado las críticas a una agenda percibida como agresiva hacia Latinoamérica.
El costo político para Trump aumenta de cara a las elecciones de medio término de 2026. Encuestas preliminares muestran una división: alrededor del 33% aprueba la acción militar, pero el 65% expresa preocupación por una mayor implicación estadounidense en Venezuela, con fuerte oposición entre demócratas. Gobernadores y alcaldes en estados clave como California, Nueva York y Pensilvania han condenado la operación, y protestas continuas podrían erosionar el apoyo en distritos con alta población latina e inmigrante.
Desde Perú, donde la diáspora venezolana observa con emociones mixtas —entre celebraciones por el fin del régimen de Maduro y preocupación por la intervención—, estas movilizaciones reflejan un rechazo regional al uso de la fuerza para fines económicos. Organizaciones internacionales y aliados como Francia y España han criticado la acción como violatoria del derecho internacional. El futuro dependerá de si la administración Trump modera su enfoque o si las protestas se consolidan como un desafío significativo a su política exterior.
Actualidad
Movilizaciones globales exigen la liberación de Nicolás Maduro tras su secuestro violento por EE.UU.

Lima, 6 de enero de 2026 – Miles de personas han tomado las calles en Venezuela y diversos países del mundo para exigir la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, capturados el 3 de enero en una operación militar estadounidense en Caracas, calificada por simpatizantes chavistas y gobiernos aliados como un «secuestro violento» y una violación flagrante a la soberanía nacional.
En Venezuela, las movilizaciones han sido intensas y continuas, con concentraciones masivas en Caracas organizadas por el PSUV y líderes como Diosdado Cabello. Manifestantes, incluyendo colectivos y mujeres en apoyo a Cilia Flores, han coreado consignas como «¡Devuélvannos a nuestro presidente!» y «¡Los queremos de vuelta!», denunciando la intervención como un acto imperialista que busca apoderarse de los recursos petroleros del país.
A nivel internacional, las protestas se han extendido a ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte en Brasil; Londres, donde más de mil personas se reunieron frente a Downing Street; Buenos Aires en Argentina; y otras urbes en México, Chile, Honduras y hasta Europa. Gobiernos como China, Rusia, Cuba e Irán han condenado la acción y demandado la liberación, mientras organizaciones antifascistas y sindicales han repudiado lo que llaman una agresión sin precedentes.
Maduro, trasladado a Nueva York, se declaró no culpable el lunes en un tribunal federal por cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas, afirmando ser «un hombre inocente y decente» y calificando su detención como un «secuestro». Insistió en que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela, en un contexto de alta polarización.
Estas manifestaciones contrastan con celebraciones en la diáspora venezolana en Miami, Bogotá y otras ciudades, pero destacan el rechazo masivo de sectores progubernamentales a la operación estadounidense, que ha generado debates en la ONU sobre su legalidad y ha profundizado la crisis política en la región.
Actualidad
Trump ataca a Venezuela por petróleo y secuestra a Maduro generando reacciones en contra en Perú y el mundo

Lima, 3 de enero de 2026.- La operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ha quedado expuesta como un acto impulsado por el control de las vastas reservas petroleras venezolanas. El presidente Donald Trump declaró abiertamente que EE.UU. asumirá temporalmente el gobierno de Venezuela y enviará a sus grandes compañías petroleras a invertir miles de millones para «reparar la infraestructura rota y hacer fluir el petróleo», confirmando las denuncias de una intervención colonialista disfrazada de operación judicial por cargos de narcoterrorismo.
En Perú, candidatos presidenciales de izquierda como Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Vladimir Cerrón (Perú Libre) y Ronald Atencio (Venceremos) han condenado enérgicamente la agresión. Sánchez rechazó la «agresión militar e invasión a la soberanía del pueblo venezolano». Cerrón expresó «plena solidaridad» ante el «cobarde ataque bélico» y advirtió contra la complicidad en una «guerra imperialista». Atencio la calificó de «agresión genocida yanqui», enfatizando que no se puede permitir la violación a la autodeterminación de los pueblos.
Especial relevancia tienen las voces de Juntos por el Perú: su líder y candidato presidencial Roberto Sánchez, y la congresista Margot Palacios, figura femenina clave del partido. Palacios denunció una «salvaje agresión imperialista» destinada al saqueo del petróleo, alertando que «Trump viene por los recursos naturales de nuestros pueblos; si hoy no defendemos la soberanía de Venezuela, seremos los próximos», en una crítica directa al apetito extractivista estadounidense revelado por las propias palabras de Trump.
Estas condenas peruanas se suman a un rechazo internacional creciente, con gobiernos y líderes progresistas denunciando la violación al derecho internacional y el precedente peligroso de intervencionismo por recursos. Mientras la derecha peruana celebra la caída de Maduro, las posturas antiimperialistas de la izquierda cobran fuerza ante la evidencia de que la operación prioriza el dominio petrolero sobre cualquier pretensión de justicia.
Aunque el régimen chavista ha generado una profunda crisis humanitaria, la intervención estadounidense no busca democracia sino control económico, como lo admitió Trump al priorizar la explotación del oro negro venezolano. Las voces de Sánchez, Palacios, Cerrón, Atencio y otros líderes de izquierda peruana representan una defensa principista de la soberanía latinoamericana frente a este nuevo capítulo de colonialismo moderno.
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