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Abancay se moviliza contra la demolición del Hospital Regional y presencia de Dina Boluarte

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La ciudad de Abancay, capital de la región Apurímac, amaneció en medio de tensiones y protestas masivas en rechazo a la presencia de la presidenta Dina Boluarte, quien llegó a la ciudad para la colocación de la primera piedra de un nuevo centro penitenciario. Sin embargo, la atención de los pobladores se centró en la falta de avances en la construcción del Hospital Regional Guillermo Díaz de la Vega, una obra que lleva años en el limbo y que ha generado indignación en la población.

La presidenta Dina Boluarte, llegó a la ciudad de Abancay para la colocación de la primera piedra de un nuevo centro penitenciario. Foto www.gob.pe

Centenares de abanquinos salieron a las calles para expresar su descontento con un paro de 24 horas y una marcha que paralizó la ciudad por horas. Los manifestantes exigieron respuestas concretas sobre el futuro del hospital regional, cuya demolición ha sido planteada por el gobierno regional sin que se haya garantizado la construcción de un nuevo nosocomio que asegure la continuidad de los servicios de salud.

El Hospital Regional Guillermo Díaz de la Vega, que atiende a miles de pacientes de Apurímac y regiones aledañas, se encuentra en un estado crítico de deterioro. Los pobladores exigen que la construcción del nuevo hospital de nivel III-I se realice en un terreno distinto al actual, evitando la demolición del existente hasta que haya una infraestructura alternativa operativa.

“No estamos en contra del progreso, pero no podemos permitir que se deje a miles de personas sin atención médica. Exigimos transparencia y un plan claro”, declaró un dirigente local durante la protesta. La falta de garantías para la continuidad de los servicios de salud ha generado desconfianza en la población, que acusa al gobierno regional y nacional de no priorizar sus necesidades.

Los manifestación se oponen a la demolición del Hospital Regional Guillermo Díaz de la Vega

Mientras las calles de Abancay se llenaban de manifestantes, la presidenta Dina Boluarte participó en el acto de colocación de la primera piedra del nuevo centro penitenciario en el sector de Illanya, una obra que demandará una inversión de 116 millones de soles y que estará lista entre noviembre y diciembre de 2026.

El nuevo penal, que albergará a 785 internos (702 hombres y 83 mujeres), busca aliviar el hacinamiento en la actual cárcel de Abancay, que tiene una capacidad para 80 personas, pero alberga a más de 400. Durante su discurso, Boluarte destacó el compromiso de su gobierno con el desarrollo de Apurímac, una región que, según dijo, ha sido históricamente olvidada.

Sin embargo, la mandataria fue interrumpida por una mujer que, a viva voz, le recordó que la construcción del penal fue impulsada por la sociedad civil. “¡Esta obra es gracias a la sociedad civil!”, exclamó la mujer, en un momento incómodo para la presidenta, quien la invitó a subir al estrado para agradecer a la población.

El nuevo penal albergaría a 785 internos que busca aliviar el hacinamiento en la actual cárcel de Abancay

La visita de Boluarte se dio en un contexto de alta tensión. Ante las protestas anunciadas, la ciudad fue militarizada, lo que generó críticas por parte de los manifestantes, quienes consideraron la medida como un intento de intimidación.

Además, un helicóptero del Ejército Peruano causó daños en el techo de una vivienda durante un vuelo rasante para aterrizar en el campo deportivo del Colegio Miguel Grau, lo que aumentó el malestar entre los pobladores.

Las protestas en Abancay reflejan un profundo descontento con la gestión gubernamental, no solo por la demora en la construcción del hospital regional, sino también por la falta de diálogo y transparencia en la toma de decisiones que afectan a la población. Mientras el gobierno celebra la construcción de un nuevo penal, los abanquinos exigen que se prioricen obras que impacten directamente en su calidad de vida, como el tan esperado hospital.

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Margot Palacios rechazó a los cuatro candidatos a la presidencia del Congreso por representar el continuismo golpista y corrupto

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La congresista Margot Palacios Huamán, actualmente no agrupada y candidata al Senado por Juntos por el Perú, rechazó de manera tajante respaldar a cualquiera de los cuatro postulantes a la presidencia del Congreso durante la sesión extraordinaria del 18 y 19 de febrero de 2026, tras la censura al entonces titular José Jerí Oré.

En una transmisión en vivo difundida en su cuenta de Facebook, Palacios criticó duramente que las candidaturas de José María Balcázar Zelada (vinculado a Perú Libre), María del Carmen Alva (Acción Popular), Edgard Reymundo y Segundo Acuña representaban un continuismo golpista y corrupto. Según la legisladora, ninguna de estas opciones impulsaba una transformación estructural profunda del modelo económico que, a su juicio, perpetúa la desigualdad, el abandono del interior del país y los pactos de cúpulas partidarias.

La parlamentaria acusó a la “derecha” de imponer una falsa elección entre corrupción e impunidad, y subrayó que los candidatos priorizaban blindajes y repartijas en lugar de cambios reales, dignidad y transparencia para el “Perú profundo”. “No hemos llegado hasta aquí para legitimar más de lo mismo”, afirmó Palacios, anunciando explícitamente que no votaría por ninguno de los cuatro postulantes.

En consecuencia, Margot Palacios no respaldó a José María Balcázar Zelada, quien finalmente se impuso en segunda vuelta frente a María del Carmen Alva y asumió la presidencia del Congreso —y, por sucesión constitucional, la Presidencia interina de la República— hasta las elecciones generales del 12 de abril de 2026.

La postura de rechazo total a los cuatro candidatos de parte de la congresista evidencia su coherencia y lealtad de la Congresista a las demandas más sentidas del interior del país en medio de la crisis política.

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Presidente Balcázar descarta indulto a Pedro Castillo: «No está en agenda»

Redactor

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El presidente interino de Perú, José María Balcázar, descartó de forma tajante la posibilidad de otorgar un indulto al expresidente Pedro Castillo apenas unas horas después de asumir el cargo el 18 de febrero de 2026. En sus primeras declaraciones a la prensa, transmitidas por RPP, Infobae y La República, Balcázar fue categórico al afirmar: «No está en agenda de los indultos, quiero que entiendan eso». Reiteró que Castillo debe continuar enfrentando sus procesos penales en la Corte Suprema por el intento de autogolpe de diciembre de 2022, subrayando que «no está ningún tipo de indulto por el momento» y que el caso debe seguir su curso judicial sin interferencias.

Esta posición marca un giro drástico respecto a las expectativas que se generaron durante su elección en el Congreso, donde Balcázar —militante de Perú Libre— había señalado públicamente que «el sur lo pide» en referencia al indulto. Esa frase alimentó la esperanza de sectores de izquierda, disidentes del propio Perú Libre y aliados progresistas, quienes habrían respaldado su candidatura con 64 votos al considerar que cumpliría esa promesa implícita. Sin embargo, una vez juramentado, el mandatario optó por priorizar la autonomía del Poder Judicial, la evaluación de ministros y la preparación de elecciones transparentes en abril de 2026, dejando de lado cualquier medida de gracia.

La negativa ha empezado a provocar desazón y frustración en las bases castillistas, sobre todo en el sur del país (Puno, Cusco, Apurímac y Arequipa), regiones donde Pedro Castillo conserva un fuerte apoyo por su origen rural y sus promesas de inclusión. Simpatizantes que inicialmente celebraron el retorno de Perú Libre al poder ahora expresan decepción en redes sociales y llamados a movilizaciones con consignas como «todos a las calles a liberar a nuestro presidente». Aunque aún no se han registrado protestas masivas, el cambio de postura es percibido por muchos como una posible traición al pacto que habría facilitado su ascenso al poder.

La oposición de derecha, que contribuyó a su elección, reaccionó con alivio ante el descarte del indulto, pero también con críticas al supuesto acuerdo previo. Congresistas como Martha Moyano (Fuerza Popular) advirtieron sobre los riesgos de cualquier beneficio a Castillo o Vladimir Cerrón, mientras Balcázar insiste en que su gobierno transitorio busca evitar más convulsiones políticas. Analistas advierten que, sin gestos concretos hacia el interior del país, este viraje podría erosionar rápidamente su respaldo popular en las regiones que lo impulsaron inicialmente.

En el contexto de la prolongada crisis política peruana —con ocho presidentes en poco más de una década—, la declaración de Balcázar representa un intento por estabilizar el país y garantizar una transición ordenada hasta julio de 2026. No obstante, el creciente descontento en sectores populares podría traducirse en mayor presión desde las bases en las próximas semanas, poniendo a prueba la capacidad del mandatario para equilibrar expectativas de justicia social con el respeto al debido proceso.

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José María Balcázar asume como presidente interino de Perú tras maratónica elección en el Congreso

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Lima, 19 de febrero de 2026.- En una sesión extraordinaria que se extendió hasta la madrugada, el Congreso de la República eligió este miércoles al congresista José María Balcázar Zelada como nuevo presidente del Legislativo, lo que lo convierte automáticamente en presidente interino de la República. El jurista de 83 años, militante de Perú Libre, superó en segunda vuelta a María del Carmen Alva (Acción Popular) con 64 votos contra 46, marcando un sorpresivo regreso de la izquierda al poder ejecutivo en medio de la crisis política que azota al país desde hace más de una década.

La jornada maratónica comenzó tras la destitución exprés del anterior presidente interino, José Jerí, censurado el martes por presuntos escándalos de corrupción, incluyendo reuniones irregulares con empresarios chinos. Con el artículo 115 de la Constitución activado por la vacancia en la línea de sucesión —tras las destituciones de Dina Boluarte en 2025 y el legado de inestabilidad desde Pedro Castillo—, cuatro candidatos compitieron: Balcázar (Perú Libre), Alva (Acción Popular), Héctor Acuña (Honor y Democracia) y Édgar Reymundo (Bloque Democrático Popular). En la primera vuelta, Balcázar obtuvo 46 votos, Alva 43 (o 44 según algunas fuentes), y los otros dos quedaron eliminados con 13 y 7 sufragios, respectivamente, obligando a una segunda ronda decisiva.

La victoria de Balcázar se debió a una coalición táctica de última hora: el bloque consolidado de izquierda (Perú Libre y aliados), sumado a votos clave de Alianza para el Progreso (APP), Podemos Perú y sectores disidentes de derecha que rechazaban el estilo confrontacional de Alva. La ex presidenta del Congreso pagó caro sus polémicas pasadas, acusaciones de negociaciones cuestionables y la fragmentación del espectro conservador, que no logró unificar apoyos suficientes en un Parlamento hiperdividido. Al proclamarse el resultado, Balcázar juramentó de inmediato y se trasladó a Palacio de Gobierno, donde prometió estabilidad, respeto a la institucionalidad y una transición ordenada hacia las elecciones generales del 12 de abril.

Con este nombramiento, Balcázar —exmagistrado del Tribunal Constitucional y representante por Lambayeque— se convierte en el noveno jefe de Estado en poco más de diez años y en el presidente de mayor edad en la historia del Perú. Su mandato será efímero: solo hasta el 28 de julio de 2026, cuando entregue la banda presidencial al ganador de los comicios. Desde la clandestinidad, el líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón (prófugo desde 2023), ya ejerció influencia pública exigiendo cambios en la Policía Nacional, lo que anticipa tensiones en este breve gobierno de transición.

La elección expone una vez más la fragilidad institucional peruana, con un Congreso fragmentado donde los pactos voto a voto priman sobre las ideologías. Mientras el país se prepara para unas elecciones con récord de candidatos presidenciales, Balcázar llega como figura de consenso precario, pero con el desafío de garantizar comicios limpios y pacíficos en un contexto de desconfianza ciudadana y protestas latentes.

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