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Destituyen altos mandos policiales por agresión a presidenta del Perú

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La agresión que sufrió la presidenta Dina Boluarte el sábado, durante su visita a la región de Ayacucho, ha tenido consecuencias inmediatas en el seno de las fuerzas del orden. Al día siguiente, se reemplazó al jefe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI), Roger Arista por Luis García Barrionuevo, y este lunes se ha destituido al comandante general de la Policía Nacional, el general Jorge Angulo por el teniente general Víctor Zanabria. Además, se ha cambiado en su totalidad a la escolta de la mandataria.

El Ejecutivo es consciente de que el incidente es un revés incalculable en su intento por proyectar una imagen de popularidad que les ha sido esquiva desde que asumieron el poder en diciembre de 2022, tras el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo. Más allá de la facilidad con la que se vulneró la seguridad de la máxima autoridad del país, por el jalón de pelo que sufrió, el haberla encarado tienen un peso simbólico por quienes lo consumaron. Se trata de la viuda de un manifestante asesinado y la madre de un adolescente ultimado que se encontraba en los alrededores de las protestas en contra de Boluarte hace un año. Dos víctimas de la represión policial y militar.

En un inicio solo se había podido identificar a Ruth Bárcena Loayza, quien perdió a su esposo, Leonardo David Hancco Chacca, un transportista de 32 años al que una bala le perforó el tórax. Bárcena encaró a Boluarte, que tuvo la idea de repartir caramelos en su primera visita a una región donde murieron diez personas en el marco de las movilizaciones. Sin embargo, hubo una segunda mujer que aprovechó el tumulto para jalarle el cabello por detrás. Se trata de Ilaria Aime Gutiérrez, de 38 años, que también perdió a su hijo de 15 años, Christopher Ramos Aime, herido mortalmente por la espalda.

Ramos se ganaba la vida en el Cementerio General de Ayacucho, limpiando nichos y colocando arreglos florales. Había dejado el colegio para ayudar a su madre y a su hermana mayor, que se preparaba para postular a la universidad. Su vida se interrumpió a mediados de diciembre de 2022 cuando cruzaba una calle. La bala impactó su omóplato derecho, provocándole la muerte. “No hay justicia para los ayacuchanos. Encima le llaman pandillero a mi hijo. Dicen que somos terroristas. Los ayacuchanos somos personas humildes. Él no hizo nada. Ni siquiera estaba en enfrentamiento. Simplemente pido justicia”, clamó Ilaria hace un tiempo.

La agresión a la mandataria Dina Boluarte ha despertado un debate moral en la opinión pública. Están quienes intentan deslegitimar el dolor de Ruth Bárcena por un TikTok; otros se limitan a salir en defensa de la presidenta, arguyendo que la violencia no se combate con violencia; y en la otra orilla se ubican aquellos que sostienen que Boluarte vive en una realidad alterna, que no puede ser posible que reparta sonrisas y caramelos en medio de los deudos y que así como se rechaza la violencia, también debe rechazarse la impunidad.

Según el jefe del Consejo de Ministros, Alberto Otárola, la agresión del último fin de semana es un hecho aislado y aseguró que la mandataria continuará visitando la sierra sur del país, donde están sus opositores más férreos. “La audiencia no ha sido adversa. La recibieron de la mejor manera, como siempre la reciben adonde va. Hemos visto la protesta de 10 o 15 personas que lanzaron frases agresivas. Ella va a seguir viajando por todo el país. Va a ir al sur y va a regresar a Ayacucho. Que no quede ninguna duda, porque es la presidenta Constitucional de la República y porque está haciendo la entrega de obras que beneficiarán a los más desfavorecidos del país”, dijo.

En cuanto al nuevo comandante de la Policía, Víctor Zanabria, ya se han conocido los primeros cuestionamientos. Fue incluido en la investigación fiscal por la irrupción de las fuerzas del orden con tanquetas, bombas lacrimógenas y un helicóptero a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en enero de 2023. El general Óscar Arriola, titular de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Dirincri), fue designado como jefe del Estado Mayor de la institución policial. Varias cabezas han rodado y las aguas están caldeadas tras el jaloneo. Cualquier acuerdo nacional asoma lejano.

Fuente: El País

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Municipalidad de Lima pide reforzar control ante movilizaciones y abre debate sobre derechos ciudadanos

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Lima, 11 de junio de 2026.- La Municipalidad Metropolitana de Lima exhortó al Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio Público a reforzar las medidas de seguridad y control del orden interno ante las movilizaciones anunciadas en el Centro Histórico de la capital. El pedido fue formulado mediante un comunicado oficial emitido en el marco de la ampliación del Estado de Emergencia en Lima Metropolitana.

La comuna sostuvo que es necesario adoptar acciones para proteger a la población, así como los monumentos, plazas, edificios históricos y demás bienes patrimoniales ubicados en el Centro Histórico de Lima. Asimismo, recordó que en dicha zona existen restricciones para la realización de marchas, manifestaciones y concentraciones públicas.

El municipio informó además que mantiene patrullajes permanentes, monitoreo mediante cámaras de videovigilancia y drones, además de una coordinación constante con las fuerzas del orden para prevenir posibles actos de violencia o daños a la infraestructura pública.

No obstante, el pronunciamiento ha generado cuestionamientos entre diversos sectores ciudadanos y especialistas en derechos fundamentales, quienes advierten que medidas de esta naturaleza podrían interpretarse como una limitación al ejercicio de derechos constitucionales como la libertad de reunión, expresión y protesta pacífica.

Para los analistas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la preservación del orden público y el respeto a las libertades democráticas. En un contexto de alta tensión política y social, el debate sobre los alcances de las restricciones a las movilizaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública peruana.

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Keiko Fujimori mantiene una estrecha ventaja en la recta final del escrutinio de la segunda vuelta presidencial

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Lima, 11 de junio de 2026.- La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez en la etapa final del cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial, cuando restan por contabilizarse los últimos miles de votos y continúa la revisión de actas observadas por parte de los organismos electorales.

De acuerdo con los reportes oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos sigue siendo reducida, aunque suficiente para mantener a Fujimori al frente del conteo. La estrecha distancia refleja una elección altamente polarizada y una de las más disputadas desde el retorno de la democracia.

El avance de los votos procedentes del extranjero y de algunas circunscripciones pendientes de procesamiento contribuyó a consolidar la ventaja de la lideresa de Fuerza Popular durante las últimas jornadas. Analistas electorales señalan que estos segmentos del electorado han resultado determinantes para modificar la tendencia observada en los primeros días posteriores a la votación.

El escenario actual es seguido con atención tanto por los mercados como por diversos sectores políticos y empresariales, debido a las profundas diferencias programáticas entre las dos candidaturas. Mientras Fuerza Popular plantea la continuidad del modelo económico vigente y una agenda orientada a fortalecer la inversión privada, Juntos por el Perú propone reformas estructurales en materia política, económica y constitucional.

La posibilidad de que un sector identificado con la derecha y la ultraderecha política retorne al Gobierno ha generado reacciones encontradas en el país. Sus partidarios consideran que el resultado representaría una apuesta por la estabilidad económica y el fortalecimiento institucional, mientras que sus críticos advierten sobre el riesgo de una mayor confrontación política y el retorno de prácticas asociadas al fujimorismo.

Pese a la ventaja de Fujimori, voceros de ambas organizaciones políticas han pedido prudencia hasta la conclusión oficial del proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones continúa evaluando recursos y observaciones presentadas por los personeros, por lo que el resultado definitivo aún deberá ser proclamado conforme a los procedimientos establecidos por ley.

Con el escrutinio acercándose a su fase decisiva, el Perú permanece expectante ante la definición de quién ocupará la Presidencia de la República para el período 2026-2031. La reducida diferencia entre ambos candidatos confirma la profunda división política del electorado y anticipa un escenario de importantes desafíos para el próximo gobierno, cualquiera sea el resultado final.

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Los que perderían con los resultados de segunda vuelta en el Perú

Redactor

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Una eventual victoria ajustada de Roberto Sánchez no solo significaría un cambio de gobierno; abriría una disputa más amplia sobre la redistribución del poder político, económico y territorial en el Perú. Las elecciones no solo eligen presidentes: también modifican relaciones de influencia, acceso al Estado y capacidad para definir prioridades nacionales. Sin embargo, una victoria estrecha también plantea una pregunta incómoda: ¿realmente habría una transformación del modelo o solo un reacomodo de actores?

En el plano político y económico, algunos sectores podrían perder centralidad relativa. Liderazgos como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o César Acuña y organizaciones como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o sectores vinculados a espacios conservadores podrían ver reducida parte de su capacidad de negociación política. Lo mismo podría ocurrir con actores tradicionalmente cercanos a los espacios de decisión estatal, entre ellos determinados gremios empresariales como la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía o sectores financieros acostumbrados a un marco político y económico altamente predecible. No se trataría necesariamente de una pérdida de patrimonio o desaparición política, sino de una eventual reducción de influencia directa.

También podrían perder peso algunos sectores tecnocráticos y redes profesionales que han permanecido de manera recurrente en distintos gobiernos. En el debate político peruano, parte de estos grupos han sido llamados por sus críticos “caviares”: funcionarios, asesores, consultores, especialistas y operadores con presencia continua en ministerios, organismos públicos, cooperación internacional y espacios de diseño de políticas. Sus detractores sostienen que terminaron administrando una continuidad técnica del modelo económico y político; sus defensores responden que representan experiencia institucional y estabilidad estatal.

Pero quizá la pregunta más importante no sea quién podría perder, sino qué esperan quienes hicieron posible el crecimiento político de Roberto Sánchez. Su respaldo más fuerte provino del sur andino, el centro del país, la Amazonía y parte del norte peruano, territorios donde históricamente se acumularon demandas económicas, sociales y políticas que van más allá de una simple alternancia presidencial.

En sectores importantes de estas regiones existen expectativas que trascienden mejoras administrativas: la liberación o reivindicación política de Pedro Castillo, una nueva Constitución, educación y salud públicas gratuitas y de calidad, mayor presencia estatal, recuperación o mayor control nacional sobre recursos naturales estratégicos, redistribución de la riqueza generada en los territorios y una descentralización real del poder político y financiero concentrado históricamente en Lima. Para muchos de estos ciudadanos, el problema no es únicamente la pobreza; es también la percepción de exclusión de las decisiones nacionales.

Sin embargo, aparece una contradicción inevitable. Una victoria estrecha, un Congreso fragmentado y la presencia de ex ministros, ex funcionarios y perfiles técnicos provenientes de administraciones anteriores dentro de un eventual equipo de gobierno podrían reducir significativamente el margen para impulsar cambios estructurales. La historia política peruana muestra que los grupos económicos, financieros y tecnocráticos rara vez desaparecen; suelen adaptarse, negociar y sobrevivir a distintos gobiernos.

La paradoja es que los sectores con mayor poder acumulado probablemente encontrarán mecanismos para reacomodarse al nuevo escenario. Quienes podrían arriesgar más son aquellos ciudadanos que depositaron en esta elección una expectativa de transformación profunda. Porque si las estructuras centrales permanecen casi intactas, la mayor pérdida no sería de privilegios ni de poder económico: sería la pérdida de una nueva oportunidad histórica de cambio.

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