Con 62 votos a favor, 46 en contra y cinco abtenciones, el Pleno aprobó un tercer viaje de Boluarte, esta vez al estado de San Francisco a fin de que participe en…
Economía
La verdadera doctrina de Estados Unidos de Norteamérica

La historia es clara: cada vez que un pueblo de América Latina intentó recuperar sus recursos y decidir su destino, Estados Unidos apareció con la excusa perfecta para invadir, derrocar gobiernos o imponer dictaduras. Detrás de los discursos sobre democracia y libertad, siempre hubo petróleo, minerales, tierras fértiles y control geopolítico. El imperio se vistió de salvador, pero lo que dejó fue hambre, represión y sangre. Sin embargo, los pueblos nunca permanecieron de brazos cruzados: resistieron con dignidad, organización y memoria.
En Guatemala, en 1954, la CIA derrocó a Jacobo Árbenz porque se atrevió a tocar los intereses de la United Fruit Company, la todopoderosa bananera estadounidense. El pretexto fue el comunismo; la realidad, defender monopolios extranjeros. El resultado: más de tres décadas de guerra interna, masacres y más de 200 mil muertos, en su mayoría indígenas. Aun así, la resistencia guatemalteca nunca se rindió: las comunidades mayas, pese a la represión, mantuvieron vivas sus lenguas, su cultura y su organización comunal, y hoy siguen reclamando justicia y memoria frente al genocidio.
En Chile, en 1973, Nixon y Kissinger movieron los hilos para quebrar la democracia y apoyar el golpe contra Salvador Allende, quien había nacionalizado el cobre para los chilenos. La mentira fue otra vez la “amenaza roja”; la verdad, el temor a perder el control del mineral que alimentaba las industrias norteamericanas. El saldo: un Palacio de La Moneda bombardeado, miles de desaparecidos y una dictadura sangrienta. No obstante, desde el mismo 11 de septiembre, estudiantes, trabajadores y artistas chilenos levantaron la voz contra el régimen. Décadas después, Chile recuperó la democracia y hoy su pueblo sigue peleando por una nueva Constitución que rompa con el legado de Pinochet.
La misma receta se aplicó en Panamá en 1989, cuando se justificó la invasión con el argumento del narcotráfico para capturar a Noriega. Lo que estaba en juego no era la droga, sino el Canal de Panamá, arteria vital del comercio mundial. Miles de civiles panameños murieron en bombardeos que Washington nunca reconoció. Pero Panamá resistió: los movimientos sociales denunciaron la masacre y, años después, la soberanía sobre el Canal volvió a manos panameñas, fruto de la presión popular y la lucha diplomática.
En República Dominicana, en 1965, desembarcaron más de 40 mil marines con la excusa de “proteger a ciudadanos estadounidenses” y frenar un supuesto giro comunista, dejando cientos de muertos. Pero la resistencia no se apagó: miles de dominicanos, armados con lo poco que tenían, defendieron su capital durante días frente a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, dejando un símbolo imborrable de dignidad.
En Cuba, la fallida invasión de Bahía de Cochinos en 1961 demostró la firmeza de un pueblo que derrotó en apenas 72 horas a mercenarios entrenados por la CIA, consolidando una revolución que, pese al bloqueo, se mantiene en pie más de sesenta años.
En Centroamérica, durante los años 80, la CIA financió guerras sucias y escuadrones de la muerte en Nicaragua, El Salvador y Honduras, pero las comunidades campesinas, obreras y estudiantiles resistieron con organización popular; y en Nicaragua, incluso, triunfó una revolución que sigue siendo referente regional.
El guion se repitió en otros continentes. En Irán, en 1953, la CIA tumbó a Mohammad Mossadegh por nacionalizar el petróleo, pero la resistencia iraní sembró las bases de futuras rebeliones contra el control extranjero. En el Congo, en 1961, el asesinato de Patrice Lumumba buscó frenar la independencia africana, pero su figura se convirtió en bandera de lucha panafricana.
En Afganistán, en 2001, se invadió bajo el pretexto del terrorismo, pero el pueblo afgano resistió dos décadas de ocupación hasta forzar la retirada de Estados Unidos en 2021. En Irak, en 2003, la mentira de las armas de destrucción masiva dejó cientos de miles de muertos, pero también una resistencia que nunca permitió la completa pacificación imperial.
En Libia, en 2011, la caída de Gadafi sumió al país en el caos, pero también emergieron movimientos que luchan por recuperar la soberanía petrolera. Y en Palestina, pese al bloqueo y las bombas sobre Gaza, la resistencia de su pueblo sigue siendo un símbolo mundial de dignidad frente a la ocupación, financiada por miles de millones de dólares de Washington.
Cada continente guarda una herida abierta marcada por la misma mano: la del imperio que no tolera que los pueblos sean dueños de sus recursos y de su destino. Pero también cada pueblo guarda su historia de lucha, de dignidad y de resistencia. En América Latina y el Caribe, como en Medio Oriente o África, las consecuencias se cuentan en dictaduras, masacres, pobreza y desplazamientos; pero la memoria de los caídos y la fuerza de las comunidades mantienen viva la certeza de que la soberanía no se concede, se conquista y se defiende.
Economía
Argentina: caída del ingreso real reabre polémica por consumo de carne de burro en medio de la crisis alimentaria

La pérdida de poder adquisitivo y la aceleración inflacionaria durante el gobierno de Javier Milei están impactando de lleno en el acceso a alimentos. En los primeros meses de ajuste económico, el salario real sufrió una caída significativa y la pobreza superó niveles cercanos al 50%, según estimaciones de centros de estudio, lo que obligó a millones de hogares a recortar gastos en comida.
Uno de los cambios más visibles se dio en el consumo de carne. Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, registró una baja a niveles cercanos a 45–50 kilos por persona al año, lejos de los más de 70 kilos de décadas anteriores. En paralelo, aumentó el consumo de pollo y otras proteínas más económicas.
En ese contexto, surgieron reportes puntuales —principalmente en el sur del país— sobre la circulación de carne de burro. Aunque no existen estadísticas oficiales que confirmen su expansión, organizaciones rurales y medios locales señalaron casos en provincias como Chubut, donde la sequía y la crisis ganadera empujaron a buscar alternativas no tradicionales.

El tema es especialmente controvertido porque en Argentina la carne de burro no forma parte del consumo habitual ni del circuito formal de comercialización interna, y su producción suele destinarse a exportación. Especialistas advierten que, más que un fenómeno extendido, se trata de una práctica marginal amplificada por el contexto económico.
Analistas coinciden en que la polémica refleja un problema más profundo: el deterioro del acceso a una dieta adecuada. La combinación de inflación, caída del ingreso real y ajuste económico bajo la administración de Javier Milei está empujando a los hogares a sustituir alimentos tradicionales, instalando debates que, como el de la carne de burro, funcionan más como símbolo del malestar social que como tendencia masiva.
Actualidad
La derecha peruana con alto rechazo y poca aceptación electoral en el 2026

La derecha peruana llega a las elecciones generales de 2026 encabezando las encuestas, pero sin lograr consolidar un respaldo sólido en el electorado. Candidatos como Keiko Fujimori y Rafael López Aliaga se mantienen en los primeros lugares, aunque con porcentajes bajos que rara vez superan el 15%, en un escenario marcado por la fragmentación y la incertidumbre.
Este liderazgo convive con un problema estructural: el alto rechazo ciudadano. Ambas figuras arrastran niveles importantes de desaprobación que limitan su crecimiento más allá de sus bases más fieles. En un contexto de desconfianza generalizada hacia la clase política, la competencia electoral se define cada vez más por el descarte que por la adhesión.
Más abajo en la contienda, al menos cinco partidos de derecha no logran despegar ni consolidar candidaturas competitivas. Agrupaciones como Alianza para el Progreso, Avanza País, Renovación Popular, Podemos Perú, Ahora Nación y Somos Perú se mantienen rezagadas en las encuestas, con niveles de intención de voto marginales que reflejan su debilidad en esta campaña.
A esta situación se suma la falta de cohesión dentro del propio bloque. Lejos de presentarse como una fuerza unificada, la derecha aparece fragmentada entre el fujimorismo, el conservadurismo y otras expresiones menores, lo que reduce su capacidad de capitalizar el voto en una sola candidatura fuerte.
Pese a todo, la derecha mantiene una ventaja relativa frente a otros sectores, favorecida por la dispersión del resto del espectro político. Sin embargo, el escenario apunta a una segunda vuelta abierta, donde su principal desafío no será solo llegar, sino convertir su liderazgo inicial en una mayoría efectiva en un electorado marcado por el escepticismo.
Actualidad
Argentina en lucha: Senado aprueba reforma laboral ultraliberal de Milei con jornadas de 12 horas y pagos en especie

Buenos Aires, 16 de febrero de 2026.- El Senado argentino concedió media sanción a la Ley de Modernización Laboral, impulsada por el presidente Javier Milei, en una votación ajustada de 42 a favor y 30 en contra tras una maratónica sesión de más de 14 horas. Esta reforma, que modifica más de 50 artículos de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) vigente desde 1974, permite extender la jornada laboral diaria hasta 12 horas mediante un banco de horas compensatorio, habilita el pago de salarios en especie (como alimentos o alojamiento), reduce el cálculo de indemnizaciones por despido y limita el derecho a huelga en sectores esenciales. El proyecto ahora pasa a la Cámara de Diputados, donde el oficialismo busca su aprobación definitiva antes del inicio de sesiones ordinarias el 1 de marzo.
Entre los cambios más cuestionados destacan la posibilidad de abonar remuneraciones en moneda extranjera o bienes en lugar de efectivo exclusivo, el fraccionamiento de vacaciones en cualquier época del año (sin obligación de concentrarlas en verano), la reducción del pago en licencias por enfermedad no laboral (hasta 50-75% en algunos casos) y la priorización de convenios colectivos por empresa sobre los sectoriales. El Gobierno defiende estas medidas como esenciales para atraer inversiones, bajar la litigiosidad laboral y fomentar empleo formal en un contexto de alta informalidad. Sin embargo, sindicatos y oposición las califican de regresivas, precarizadoras y un retroceso en derechos conquistados por generaciones de trabajadores argentinos.
La aprobación se produjo en medio de intensas protestas convocadas por la Confederación General del Trabajo (CGT) y otras centrales obreras. Miles de manifestantes se concentraron frente al Congreso desde el 11 de febrero, con pancartas y consignas contra lo que denominan «esclavitud moderna». La movilización escaló a enfrentamientos violentos: grupos arrojaron piedras y bombas molotov, mientras la policía respondió con gases lacrimógenos, balas de goma y cañones de agua. El saldo oficial reportó al menos 71 detenidos y varios heridos (incluyendo 12-15 agentes), según fuentes de Seguridad y reportes periodísticos de Infobae, El País y France 24.
Ante este panorama de alta conflictividad social, la CGT convocó de urgencia a su Consejo Directivo (reunión virtual el lunes 16 de febrero) para evaluar la convocatoria a un paro general nacional de 24 horas, posiblemente coincidiendo con el tratamiento del proyecto en Diputados. Líderes sindicales como Cristian Jerónimo afirmaron que «están dadas todas las condiciones» para una medida de fuerza masiva, con llamados a nuevas movilizaciones y posibles acciones judiciales por inconstitucionalidad. La central obrera advierte que la reforma beneficia a grandes empresas a costa de los trabajadores y prepara un plan de lucha para frenar su avance.
Desde Lima, esta crisis laboral en Argentina genera preocupación regional: reformas de este tipo podrían inspirar agendas similares en otros países sudamericanos, donde la protección de derechos laborales enfrenta presiones económicas. Organizaciones peruanas de defensa del trabajo observan con alerta cómo el argumento de «modernización» podría diluir conquistas históricas en materia de jornada, salarios dignos y libertad sindical, en un contexto de creciente desigualdad en la región.
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