Desde la base regional cusqueña de Juntos por el Perú (JP), el congresista y exministro Roberto Sánchez fue proclamado como precandidato presidencial para las elecciones generales de 2026. El anuncio se realizó…
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Roberto Sánchez aparece en últimas encuestas y rompe el bloque de candidatos con menos de 2%

El candidato presidencial Roberto Sánchez Palomino, de Juntos por el Perú, empezó a figurar en las últimas encuestas nacionales tras varias semanas sin presencia estadística. Su irrupción coincide con el despliegue de la llamada “Ruta Castillista”, con la que busca reconectar con el electorado rural que apoyó al expresidente Pedro Castillo.
Según mediciones recientes difundidas por encuestadoras referenciadas por medios conservadores y afines a sectores ultraliberales, Sánchez habría superado el 2 % de intención de voto, dejando atrás al grupo de 24 candidatos que permanecen por debajo de dicho umbral. Aunque su ascenso es leve, aparece como uno de los pocos postulantes del campo popular que empieza a ganar visibilidad en un escenario altamente fragmentado.
El repunte se atribuye a su creciente presencia territorial y a la estrategia de captación del voto castillista, que mantiene influencia en regiones andinas. Sin embargo, continúa lejos de los primeros lugares, liderados por candidatos de derecha que concentran entre el 10 % y 12 % de preferencia, mientras más del 40 % del electorado sigue indeciso.
El avance en encuestas se vio opacado por un incidente de salud. Durante su viaje nocturno hacia Caravelí (Arequipa), Sánchez sufrió una descompensación que obligó a su evacuación médica hacia Camaná, donde recibe atención especializada. Su equipo suspendió las actividades programadas mientras se monitorea su evolución.
A pesar del contratiempo, su aparición en las encuestas introduce un nuevo matiz en la competencia del sector progresista y popular. Con más de 30 candidaturas en carrera y un electorado disperso, su avance inicial podría anticipar un reordenamiento en las próximas semanas, siempre que su campaña logre sostenerse en medio de la saturación política y su propia recuperación física.
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Sismo de 6.1 remece Ica y deja 13 heridos: autoridades descartan tsunami y víctimas mortales

Un sismo de magnitud 6.1 sacudió este martes la región Ica y parte de la costa centro-sur del país, causando alarma entre la población y dejando un saldo preliminar de 13 personas heridas, además de importantes daños en infraestructura pública y privada.
Ica, 19 de mayo de 2026.- De acuerdo con el reporte RS 2026-0290 del Instituto Geofísico del Perú (IGP), el movimiento telúrico ocurrió a las 12:57:51 p. m. y tuvo su epicentro a 41 kilómetros al sur de la ciudad de Ica, en el distrito de Ocucaje. El evento se produjo a una profundidad de 81 kilómetros y alcanzó una intensidad de grado VI en la escala de Mercalli en la ciudad de Ica.
El temblor fue percibido con fuerza en diversas regiones del país, incluyendo Lima, Huancavelica y Cañete, donde se registraron evacuaciones preventivas en viviendas, oficinas, colegios y centros comerciales.
El Centro de Operaciones de Emergencia Nacional (COEN) informó que, hasta el momento, no se han reportado víctimas mortales. El jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), general Luis Vásquez Guerrero, confirmó que los 13 heridos presentan lesiones leves o moderadas y reciben atención médica en establecimientos de salud de la región.
Las autoridades locales reportaron daños significativos en distintos puntos de la ciudad. Entre las afectaciones más relevantes figura el colapso parcial del techo de la sede de la Universidad Tecnológica del Perú (UTP) en Ica, así como daños estructurales en un centro comercial de la ciudad. También se informó sobre desprendimientos y afectaciones en la Catedral de Ica, uno de los principales monumentos históricos de la región.
En Huancavelica, el sismo ocasionó deslizamientos de tierra y caída de rocas en zonas de ladera, obligando a ejecutar evacuaciones preventivas en comunidades consideradas vulnerables.
Pese a la magnitud del evento, la Dirección de Hidrografía y Navegación (DHN) de la Marina de Guerra del Perú descartó la posibilidad de tsunami en el litoral peruano mediante el Boletín de Sismo Tsunami N.° 14-2026-1. El presidente ejecutivo del IGP, Hernando Tavera, explicó que la profundidad intermedia del sismo y su ubicación continental impidieron la generación de un maremoto.
Tras el movimiento sísmico, el INDECI activó de inmediato el Centro de Operaciones de Emergencia Nacional, mientras que el Gobierno Regional de Ica desplegó brigadas de Defensa Civil para evaluar daños y coordinar acciones de respuesta en las zonas afectadas.
Asimismo, las autoridades indicaron que se mantiene vigilancia permanente ante posibles réplicas, un fenómeno habitual luego de sismos de considerable magnitud. El IGP exhortó a la ciudadanía a mantener la calma, verificar las condiciones de seguridad de sus viviendas y seguir únicamente información difundida por canales oficiales.
Este sismo se convierte en el de mayor magnitud registrado en el Perú en lo que va de 2026, superando al movimiento telúrico de magnitud 5.9 ocurrido el pasado 1 de abril en la región San Martín.
El evento ocurre además a pocos días del Simulacro Nacional Multipeligro 2026, programado para el próximo 29 de mayo, una jornada que ahora adquiere especial relevancia en el contexto de preparación y respuesta ante desastres naturales.
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Bolivia en crisis: protestas multisectoriales exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz

Bolivia atraviesa su peor crisis política desde el inicio del gobierno de Rodrigo Paz, con bloqueos de carreteras, enfrentamientos violentos y una coalición de sindicatos, campesinos, mineros y maestros que ha convergido en una sola demanda: la renuncia del presidente.
A seis meses de asumir el cargo, el presidente Paz se encuentra asediado por protestas y bloqueos que mantienen cercada a la capital política del país. Tras dos semanas de cortes de rutas liderados por la Central Obrera Boliviana (COB), sindicatos campesinos y sectores mineros, el ingreso de alimentos y combustible a La Paz continúa paralizado.
Desde inicios de mayo de 2026, obreros, campesinos, maestros de escuela, indígenas y transportistas se han levantado contra el Gobierno, exigiendo aumentos salariales, estabilización de la economía, la no privatización de empresas estatales e incluso la renuncia del presidente.
Los actores y sus demandas
La protesta es de naturaleza multisectorial. La Central Obrera Boliviana (COB) encabeza las movilizaciones. Su máximo dirigente, el minero Mario Argollo, señaló que la preocupación de su sector ya no es el incremento salarial del 20%, sino las reformas y nuevas leyes anunciadas por el Ejecutivo que, según el sindicalista, servirán para privatizar las empresas estatales y servicios básicos.
Estas organizaciones han reducido sus exigencias a un solo punto: la renuncia del presidente Rodrigo Paz. La COB ratificó la continuidad del paro movilizado indefinido, instruido en un Cabildo Nacional, y convocó a federaciones, centrales obreras departamentales (COD) y regionales (COR) a participar en jornadas de marchas y bloqueos.
A las protestas también se sumaron los maestros en Santa Cruz, que realizaron huelgas y se encadenaron en oficinas públicas para exigir mejoras salariales y participación en una nueva ley educativa.
En cuanto a los campesinos, el dirigente Alejandro Yura declaró a la agencia EFE que su sector ya no busca el diálogo con el Gobierno, sino la renuncia del mandatario, algo por lo que, según afirmó, pelearán hasta las últimas consecuencias.
El impacto humanitario y económico
Los manifestantes han cerrado casi todos los accesos a La Paz e impiden el paso de cargamentos de alimentos e insumos médicos. Según el Gobierno, como consecuencia de los bloqueos, hasta el momento han muerto tres personas, incluida una ciudadana de Belice, que no pudieron recibir atención médica oportuna. La Cámara Nacional de Industrias advirtió que las protestas y bloqueos generan pérdidas económicas de entre 50 y 60 millones de dólares al día.
El operativo del 16 de mayo
Desde la madrugada del sábado 16 de mayo, más de 3.500 policías y militares intentaron dispersar las manifestaciones. Al menos 57 personas fueron detenidas en ese operativo. Las fuerzas estatales intentaron dispersar con gases lacrimógenos a los manifestantes; sin embargo, la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC) reportó que en la madrugada del domingo aún persistían 22 puntos de bloqueo, la mayoría concentrados en el departamento de La Paz.
La posición del Gobierno y la respuesta internacional
El Ejecutivo rechaza categóricamente las demandas de renuncia. El vocero presidencial José Luis Gálvez afirmó que las demandas reivindicativas han sido atendidas en gran medida conforme a la realidad, pero que hay fuerzas oscuras que buscan desestabilizar la democracia. El Gobierno de Paz denunció además un supuesto plan diseñado por el expresidente Evo Morales para romper el orden constitucional, financiado presuntamente por el narcotráfico. Morales rechazó esas declaraciones y respaldó públicamente a los manifestantes.
En el plano internacional, Argentina, Chile, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay y Perú emitieron una declaración conjunta sobre la situación humanitaria en Bolivia, rechazando toda acción orientada a desestabilizar el orden democrático y exhortando a los actores políticos y sociales a privilegiar el diálogo y la paz social. El gobierno boliviano agradeció además el apoyo del presidente argentino Javier Milei por el envío de dos aviones Hércules para tareas humanitarias.
Contexto: el fin de dos décadas del MAS
Rodrigo Paz puso fin a casi 20 años de gobiernos de izquierda en Bolivia, mostrando una línea muy distinta a la del expresidente Evo Morales. Como primera medida, puso fin al subsidio a los combustibles, lo que hizo subir el precio de la gasolina y el diésel. Pero el gobierno importó gasolina de baja calidad que desató protestas de los transportistas por daños a sus vehículos, lo que forzó la renuncia del ministro de Hidrocarburos. La falta de dólares sigue castigando a la economía y las reformas prometidas por Paz están demoradas.
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EL SECTOR ARROCERO PERUANO DECLARA GUERRA AL ABANDONO ESTATAL

Más de 150,000 productores convocan paro nacional para el 25 de mayo de 2026 ante el colapso de precios y la avalancha de importaciones que amenazan la subsistencia del campo nacional
El sector arrocero del Perú enfrenta su crisis más profunda en años recientes. Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), la producción nacional de arroz alcanzó en 2024 las 3,56 millones de toneladas, un incremento de 5,5% respecto al año anterior, cultivadas en aproximadamente 426,000 hectáreas distribuidas entre la Costa (53%) y la Selva (47%), representando el 13% del área agrícola nacional. La campaña 2024/2025 cerró incluso con 3,7 millones de toneladas de arroz cáscara, con una superficie cosechada superior a 430,000 hectáreas, consolidando al arroz como uno de los pilares de la producción agrícola nacional. Sin embargo, esa abundancia productiva contrasta dramáticamente con la quiebra silenciosa del productor: los precios que reciben los agricultores se han desplomado hasta apenas S/0,50 a S/0,60 por kilo de arroz, golpeando a más de 150,000 productores pese al alza sostenida de los costos de fertilizantes y petróleo. Ante este panorama, la Confederación Nacional del Arroz y múltiples juntas de regantes de las principales regiones productoras han convocado un paro nacional para el lunes 25 de mayo de 2026, con amenaza de hacerse indefinido si el Ejecutivo no responde con medidas concretas.
El arroz no es un cultivo menor en la economía peruana. El grano representa el 10,6% del Valor Bruto de la Producción Agrícola (VBPA), generando más de S/2,000 millones anuales, ubicándose en el tercer lugar tras el arándano (11,7%) y la papa (10,9%). El consumo anual per cápita alcanza los 65 kilogramos, la cifra más alta de América Latina y la segunda a nivel mundial, solo por detrás de países asiáticos. Perú siembra arroz en 18 regiones, con especial concentración en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Arequipa, Cajamarca, Amazonas, San Martín, Loreto, Ucayali, Huánuco y Madre de Dios, y ostenta el mayor rendimiento de la región con más de 10 toneladas por hectárea promedio —llegando incluso a 17 T/ha en el Valle de Camaná—, mientras que Ecuador, Colombia, Bolivia o Uruguay apenas alcanzan entre 5 y 6 T/ha. No obstante esa ventaja técnica, la paradoja peruana es cruda: ser el más productivo del continente y al mismo tiempo el más desprotegido.
La raíz de la crisis tiene nombre y origen geográfico preciso: las importaciones masivas de arroz, principalmente desde el Cono Sur. Según el MIDAGRI, Perú importó 146,557 toneladas de arroz en 2025, mostrando un incremento de 5,58% respecto a las 138,806 toneladas del año anterior. Uruguay concentró el 48% del volumen total (70,347 toneladas) y Brasil el 39% (57,157 toneladas), seguidos de Tailandia con el 10%. En 2024, las importaciones peruanas de arroz sumaron US$124,1 millones, creciendo 22,4% respecto al año previo. Entre enero y mayo de 2025, estas importaciones alcanzaron US$63,7 millones, lo que significó un crecimiento del 48,1% respecto al mismo periodo anterior. Ese flujo constante de grano extranjero tiene una puerta institucional facilitada: el Acuerdo de Complementación Económica N°58 (ACE 58), suscrito entre Perú y los Estados Parte del MERCOSUR —Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— que entró en vigencia en enero de 2006 y ha ido reduciendo progresivamente los aranceles bilaterales. Aunque el mecanismo de franja de precios aplica un arancel específico de US$102 por tonelada importada, equivalente a un 15% ad valorem, los gremios arroceros alertan que el arroz importado llegó a venderse a S/105 por saco, muy por debajo de los S/170 del arroz nacional. La diferencia de precio no es una distorsión de mercado: es el resultado de que Brasil, Uruguay y Paraguay subsidian directamente a sus agricultores con créditos baratos, fertilizantes a costo social y apoyo estatal sistemático, mientras el Estado peruano mira desde la tribuna.
El pliego de demandas de los productores no deja margen a interpretaciones. Los gremios exigen intervención inmediata del mercado, control de importaciones y fiscalización estricta de la cadena comercial, señalando que la tonelada de arroz ha pasado de costar aproximadamente S/1,600 a apenas S/650, una caída superior al 50% que elimina cualquier margen de rentabilidad, comprometiendo no solo la campaña actual sino también la siembra 2026-2027. A ello se suma la demanda de declaratoria de emergencia del sector arrocero, compra directa del Estado a productores nacionales para abastecer programas sociales como Qali Warma con arroz peruano en lugar de importado, y precios justos al productor. El presidente de la Asociación Peruana de Productores de Arroz, Hermitanio Rojas, advirtió que la huelga podría ser indefinida, y no solo de los arroceros, porque «todo el sector agrario está mal: los paperos, el maicero, el cañero. Estamos olvidados por este gobierno y los que han pasado, ya que no hay una política agraria». La denuncia de incumplimiento de promesas previas es un leitmotiv recurrente: los arroceros señalaron que tuvieron reuniones en Lima y Jaén donde las autoridades nacionales se comprometieron a realizar compras para abastecer programas sociales, pero que hasta ahora no se ha concretado nada.
La crisis arrocera es el síntoma visible de una enfermedad estructural del agro peruano que el Estado ha postergado por décadas. Mientras Perú carece de políticas efectivas de protección a sus productores, los países competidores cuentan con créditos de bajo interés, fertilizantes y agroquímicos a costo social, e incluso subsidios directos, lo que representa una competencia desigual para el agricultor peruano. Los gremios vienen sosteniendo reuniones con MIDAGRI y SENASA para que, en el marco de las negociaciones del TLC con India, se exceptúe al arroz de las reducciones arancelarias y se proteja a los productores locales de nuevas oleadas de importación barata desde Asia. El paro del 25 de mayo no es un capricho gremial ni una protesta aislada: es la expresión de una cadena productiva que genera empleo en 18 regiones del país, alimenta a toda una nación y, sin embargo, opera al límite de la supervivencia económica. La pregunta que el Gobierno de turno deberá responder no es si puede atender las demandas arroceras, sino si puede permitirse ignorarlas.
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