Internacional
Bolivia: Exigen la renuncia del presidente Luis Arce con bloqueo de vías

La crisis política en Bolivia ha escalado a un nuevo nivel este lunes 16 de septiembre, cuando un sector de campesinos del departamento de La Paz, liderado por la Federación Departamental Única de Trabajadores Campesinos de La Paz “Túpac Katari”, inició un bloqueo indefinido de carreteras en demanda de la renuncia del presidente Luis Arce y del vicepresidente David Choquehuanca. El conflicto ha sumado tensión a un panorama ya complicado por la crisis económica que afecta al país, exacerbando la división interna en el Movimiento al Socialismo (MAS).
Los bloqueos comenzaron desde primeras horas de la mañana en varias rutas que conectan a La Paz con el interior del país y la carretera internacional hacia Perú. Los manifestantes, muchos de ellos pertenecientes al grupo indígena de los «ponchos rojos», instalaron barricadas con piedras y montículos de tierra, exigiendo la salida del presidente Arce por la falta de dólares, combustible y la creciente percepción de división en las organizaciones sociales. David Mamani, líder de los movilizados, ha sido claro en que la medida es indefinida hasta que el Gobierno actual dimita, pidiendo además la pronta convocatoria a nuevas elecciones con un enfoque en un modelo económico que enfrente la crisis.

Este conflicto tiene sus raíces en las tensiones internas del MAS, el partido gobernante. Evo Morales, exmandatario y líder de la agrupación, ha sido señalado por Arce de orquestar estas protestas con el objetivo de acortar su mandato. Morales, por su parte, ha negado que las manifestaciones tengan relación con su candidatura para las elecciones de 2025, argumentando que responden al descontento popular frente a un gobierno que, según él, ha fallado en abordar la corrupción y la crisis económica.
Las fricciones entre Arce y Morales no son nuevas, y se remontan a finales de 2021, cuando el MAS sufrió un cisma que aún persiste. Mientras sectores leales a Morales han llamado a un congreso partidario para consolidar su liderazgo, el Gobierno y los seguidores de Arce se oponen a una nueva candidatura del exmandatario, alegando que la Constitución no permite su reelección. Esta división interna podría poner en riesgo la participación del MAS en los próximos comicios.
En medio de este conflicto, la Defensoría del Pueblo ha emitido un llamado a la calma, pidiendo a las autoridades y a los sectores movilizados que eviten acciones que agraven la situación y desencadenen violencia.

Con bloqueos que paralizan rutas claves y un clima político cada vez más tenso, Bolivia enfrenta un escenario de incertidumbre en el que las luchas internas del MAS y el malestar social podrían redefinir el panorama político del país en los próximos meses.
Indígenas bolivianos afines al expresidente Evo Morales bloquearon este lunes la vía hacia el lago Titicaca, en el inicio de una semana de protestas contra el mandatario Luis Arce. Los indígenas cortaron con piedras y tierra la ruta en cinco tramos hacia el lago Titicaca que comparten Bolivia y Perú, según el más reciente informe de la Administradora Boliviana de Carreteras. David Mamani, líder de los indígenas bloqueadores, explicó a periodistas que la protesta busca «que renuncie este presidente Luis Arce Catacora, (por) incapaz, inoperante, incompetente, corrupto, malversador de nuestro recursos económicos».
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Triunfo de los agricultores europeos

El pleno del Parlamento Europeo votó el 21 de enero de 2026 remitir el pacto al Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) para evaluar su compatibilidad con los tratados europeos, especialmente en estándares ambientales, sanitarios y de protección agraria. La votación fue ajustadísima: 334 a favor, 324 en contra y 11 abstenciones.
Firmado apenas días antes (el 17 de enero en Paraguay tras más de 25 años de negociaciones), el acuerdo abre la puerta a mayores importaciones de carne, azúcar, soja y pollo de Mercosur, producidos con normas más laxas que las europeas, lo que genera temores de competencia desleal y perjuicio al campo local.
Miles de agricultores protestaron masivamente frente al Parlamento en Estrasburgo el día previo, con tractores bloqueando accesos y concentraciones de más de 5.000 personas. Al conocerse el resultado, estallaron celebraciones: bocinazos, abrazos, banderas ondeando y gritos de «¡La lucha no fue en vano!» en vídeos virales que recorren las redes.
Organizaciones como Copa-Cogeca, FNSEA y COAG calificaron el voto como una «victoria histórica» lograda por la movilización sostenida. Aunque la Comisión Europea lamentó la decisión y podría intentar una aplicación provisional, el Parlamento y varios países se oponen. La revisión del TJUE podría durar 18-24 meses, dando un respiro clave al sector. ¡El campo europeo festeja hoy una conquista ganada con esfuerzo!
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Masivas protestas en EE.UU. contra el ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro por Trump

Estados Unidos se encuentra sacudido por una ola de protestas en varias ciudades tras la operación militar del 3 de enero de 2026, en la que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en Caracas, trasladándolos a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo. El presidente Donald Trump justificó la acción como una medida de aplicación de la ley con apoyo militar contra un «narco-dictador», y afirmó que EE.UU. asumirá temporalmente el control de Venezuela para una «transición ordenada», con énfasis en recuperar y reconstruir sus vastas reservas petroleras —las mayores del mundo—. Trump ha señalado que los ingresos del petróleo beneficiarían a Venezuela, a empresas estadounidenses y al gobierno de EE.UU., lo que ha generado acusaciones de intervencionismo motivado por intereses energéticos.
Las manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, estallaron inmediatamente tras el anuncio y continuaron durante el fin de semana del 3 al 5 de enero, extendiéndose a ciudades como Nueva York (incluyendo Times Square y frente a la Casa Blanca), Washington D.C., San Francisco, Filadelfia, Chicago, Los Ángeles y Portland. Manifestantes, entre ellos activistas antibélicos de grupos como Code Pink y ANSWER Coalition, portaron pancartas con lemas como “No a la guerra por petróleo”, “Fuera EE.UU. de América Latina” y “No sangre por petróleo”, denunciando la operación como una agresión imperialista e ilegal que viola el derecho internacional. Aunque la mayoría de las protestas han sido no violentas, se reportaron bloqueos y tensiones menores con la policía en algunos puntos.
Este rechazo se entrelaza con el descontento por las políticas internas de Trump, como las deportaciones masivas de inmigrantes —incluyendo venezolanos— y el tiroteo fatal del 7 de enero en Minneapolis, donde un agente de ICE mató a Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense. Estos eventos han unido a comunidades latinas, progresistas y anti-guerra, que critican el uso de la fuerza tanto en el exterior como en el interior. Analistas destacan que la intervención en Venezuela, enmarcada en una campaña contra el narcotráfico y el control de recursos energéticos, ha intensificado las críticas a una agenda percibida como agresiva hacia Latinoamérica.
El costo político para Trump aumenta de cara a las elecciones de medio término de 2026. Encuestas preliminares muestran una división: alrededor del 33% aprueba la acción militar, pero el 65% expresa preocupación por una mayor implicación estadounidense en Venezuela, con fuerte oposición entre demócratas. Gobernadores y alcaldes en estados clave como California, Nueva York y Pensilvania han condenado la operación, y protestas continuas podrían erosionar el apoyo en distritos con alta población latina e inmigrante.
Desde Perú, donde la diáspora venezolana observa con emociones mixtas —entre celebraciones por el fin del régimen de Maduro y preocupación por la intervención—, estas movilizaciones reflejan un rechazo regional al uso de la fuerza para fines económicos. Organizaciones internacionales y aliados como Francia y España han criticado la acción como violatoria del derecho internacional. El futuro dependerá de si la administración Trump modera su enfoque o si las protestas se consolidan como un desafío significativo a su política exterior.
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Movilizaciones globales exigen la liberación de Nicolás Maduro tras su secuestro violento por EE.UU.

Lima, 6 de enero de 2026 – Miles de personas han tomado las calles en Venezuela y diversos países del mundo para exigir la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, capturados el 3 de enero en una operación militar estadounidense en Caracas, calificada por simpatizantes chavistas y gobiernos aliados como un «secuestro violento» y una violación flagrante a la soberanía nacional.
En Venezuela, las movilizaciones han sido intensas y continuas, con concentraciones masivas en Caracas organizadas por el PSUV y líderes como Diosdado Cabello. Manifestantes, incluyendo colectivos y mujeres en apoyo a Cilia Flores, han coreado consignas como «¡Devuélvannos a nuestro presidente!» y «¡Los queremos de vuelta!», denunciando la intervención como un acto imperialista que busca apoderarse de los recursos petroleros del país.
A nivel internacional, las protestas se han extendido a ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte en Brasil; Londres, donde más de mil personas se reunieron frente a Downing Street; Buenos Aires en Argentina; y otras urbes en México, Chile, Honduras y hasta Europa. Gobiernos como China, Rusia, Cuba e Irán han condenado la acción y demandado la liberación, mientras organizaciones antifascistas y sindicales han repudiado lo que llaman una agresión sin precedentes.
Maduro, trasladado a Nueva York, se declaró no culpable el lunes en un tribunal federal por cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas, afirmando ser «un hombre inocente y decente» y calificando su detención como un «secuestro». Insistió en que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela, en un contexto de alta polarización.
Estas manifestaciones contrastan con celebraciones en la diáspora venezolana en Miami, Bogotá y otras ciudades, pero destacan el rechazo masivo de sectores progubernamentales a la operación estadounidense, que ha generado debates en la ONU sobre su legalidad y ha profundizado la crisis política en la región.
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