El Congreso de la República del Perú se encuentra en el centro de un escándalo que involucra presuntos favores sexuales a cambio de votos legislativos. La Fiscalía ha iniciado una investigación preliminar…
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Escándalo en el Congreso: Red de prostitución y asesinato de Andrea Vidal salpican a César Acuña

El Congreso de la República del Perú enfrenta un nuevo escándalo tras la revelación de una presunta red de prostitución que operaría desde el interior del Legislativo. Un reportaje reciente señala a Jorge Torres Saravia, exjefe de la Oficina Legal y Constitucional, como el presunto cabecilla de esta red. Su cercana relación con César Acuña, líder de Alianza para el Progreso (APP), ha colocado a este partido en el centro de la polémica, afectando también la imagen del Congreso, donde Eduardo Salhuana, miembro destacado de APP, preside la Mesa Directiva.
El asesinato de Andrea Vidal Gómez, una abogada de 27 años vinculada a estas denuncias, ha agravado las sospechas. Vidal fue atacada por sicarios que dispararon 39 veces contra el vehículo en el que viajaba. Tras una semana en estado crítico, falleció, convirtiéndose en una pieza clave en las investigaciones. Según el reportaje, Vidal habría sido obligada a participar en las actividades ilícitas y podría haber sido silenciada para evitar que brindara testimonio.

De acuerdo con el Semanario Hildebrandt en sus Trece, el escándalo incluye pruebas contundentes, como chats de WhatsApp entre Torres Saravia y su sucesor en la Oficina Legal, José Rubio Preciado. En estas conversaciones se detallan aspectos del presunto control sobre la red, incluyendo referencias a la explotación de mujeres y eventos privados con funcionarios del Congreso. Además, se han registrado grabaciones y fotografías de estos encuentros en situaciones comprometedoras.
Torres Saravia, identificado como un hombre de confianza de Acuña, renunció a su cargo en marzo, aunque continuó ejerciendo influencia en el Legislativo. Por su parte, César Acuña ha negado cualquier vínculo con los hechos, calificando las acusaciones como un intento de dañar su reputación y la de APP. Sin embargo, su liderazgo enfrenta un creciente rechazo popular. En su rol como gobernador de La Libertad, ha sido increpado por ciudadanos descontentos con su gestión frente a la delincuencia. Durante una reciente visita al aeropuerto Carlos Martínez de Trujillo, fue abucheado al grito de: “Nos matan todos los días y nunca haces nada”.
La situación también ha generado fisuras en las alianzas políticas de APP dentro del Congreso. Partidos como Fuerza Popular, Avanza País, Perú Libre y Somos Perú han optado por distanciarse, evitando una defensa abierta de Acuña ante la creciente evidencia en su contra. Este aislamiento llega en un momento crítico, con los próximos procesos electorales a la vuelta de la esquina.

Incluso, un cercado a la alianza congresal que gobierno como el alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, ha exigido una investigación exhaustiva sobre el asesinato de Vidal. “Esto no puede quedar impune. Es inaceptable que una joven vinculada al Congreso termine asesinada por sicarios. Esto huele a encubrimiento y corrupción en los más altos niveles”, declaró.
Por otro lado, Luis Valdez, secretario general de APP, ha negado categóricamente cualquier relación del partido con los hechos denunciados, aunque admitió conocer a Torres Saravia. Estas declaraciones han sido recibidas con escepticismo por la ciudadanía debido a la conocida cercanía entre Torres y la dirigencia del partido.
La Mesa Directiva del Congreso también ha sido criticada por ignorar denuncias previas al asesinato de Vidal. Diversos colectivos y organismos de derechos humanos han exigido acciones inmediatas para esclarecer los hechos y sancionar a los responsables.
Por su parte, el Ministerio Público ha anunciado el inicio de una investigación exhaustiva. Sin embargo, la opinión pública exige resultados concretos y no solo promesas. Este nuevo escándalo profundiza el descrédito del Congreso, debilitando aún más su ya frágil legitimidad ante la ciudadanía.
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Municipalidad de Lima pide reforzar control ante movilizaciones y abre debate sobre derechos ciudadanos

Lima, 11 de junio de 2026.- La Municipalidad Metropolitana de Lima exhortó al Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio Público a reforzar las medidas de seguridad y control del orden interno ante las movilizaciones anunciadas en el Centro Histórico de la capital. El pedido fue formulado mediante un comunicado oficial emitido en el marco de la ampliación del Estado de Emergencia en Lima Metropolitana.
La comuna sostuvo que es necesario adoptar acciones para proteger a la población, así como los monumentos, plazas, edificios históricos y demás bienes patrimoniales ubicados en el Centro Histórico de Lima. Asimismo, recordó que en dicha zona existen restricciones para la realización de marchas, manifestaciones y concentraciones públicas.
El municipio informó además que mantiene patrullajes permanentes, monitoreo mediante cámaras de videovigilancia y drones, además de una coordinación constante con las fuerzas del orden para prevenir posibles actos de violencia o daños a la infraestructura pública.
No obstante, el pronunciamiento ha generado cuestionamientos entre diversos sectores ciudadanos y especialistas en derechos fundamentales, quienes advierten que medidas de esta naturaleza podrían interpretarse como una limitación al ejercicio de derechos constitucionales como la libertad de reunión, expresión y protesta pacífica.
Para los analistas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la preservación del orden público y el respeto a las libertades democráticas. En un contexto de alta tensión política y social, el debate sobre los alcances de las restricciones a las movilizaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública peruana.
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Keiko Fujimori mantiene una estrecha ventaja en la recta final del escrutinio de la segunda vuelta presidencial

Lima, 11 de junio de 2026.- La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez en la etapa final del cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial, cuando restan por contabilizarse los últimos miles de votos y continúa la revisión de actas observadas por parte de los organismos electorales.
De acuerdo con los reportes oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos sigue siendo reducida, aunque suficiente para mantener a Fujimori al frente del conteo. La estrecha distancia refleja una elección altamente polarizada y una de las más disputadas desde el retorno de la democracia.
El avance de los votos procedentes del extranjero y de algunas circunscripciones pendientes de procesamiento contribuyó a consolidar la ventaja de la lideresa de Fuerza Popular durante las últimas jornadas. Analistas electorales señalan que estos segmentos del electorado han resultado determinantes para modificar la tendencia observada en los primeros días posteriores a la votación.
El escenario actual es seguido con atención tanto por los mercados como por diversos sectores políticos y empresariales, debido a las profundas diferencias programáticas entre las dos candidaturas. Mientras Fuerza Popular plantea la continuidad del modelo económico vigente y una agenda orientada a fortalecer la inversión privada, Juntos por el Perú propone reformas estructurales en materia política, económica y constitucional.
La posibilidad de que un sector identificado con la derecha y la ultraderecha política retorne al Gobierno ha generado reacciones encontradas en el país. Sus partidarios consideran que el resultado representaría una apuesta por la estabilidad económica y el fortalecimiento institucional, mientras que sus críticos advierten sobre el riesgo de una mayor confrontación política y el retorno de prácticas asociadas al fujimorismo.
Pese a la ventaja de Fujimori, voceros de ambas organizaciones políticas han pedido prudencia hasta la conclusión oficial del proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones continúa evaluando recursos y observaciones presentadas por los personeros, por lo que el resultado definitivo aún deberá ser proclamado conforme a los procedimientos establecidos por ley.
Con el escrutinio acercándose a su fase decisiva, el Perú permanece expectante ante la definición de quién ocupará la Presidencia de la República para el período 2026-2031. La reducida diferencia entre ambos candidatos confirma la profunda división política del electorado y anticipa un escenario de importantes desafíos para el próximo gobierno, cualquiera sea el resultado final.
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Los que perderían con los resultados de segunda vuelta en el Perú

Una eventual victoria ajustada de Roberto Sánchez no solo significaría un cambio de gobierno; abriría una disputa más amplia sobre la redistribución del poder político, económico y territorial en el Perú. Las elecciones no solo eligen presidentes: también modifican relaciones de influencia, acceso al Estado y capacidad para definir prioridades nacionales. Sin embargo, una victoria estrecha también plantea una pregunta incómoda: ¿realmente habría una transformación del modelo o solo un reacomodo de actores?
En el plano político y económico, algunos sectores podrían perder centralidad relativa. Liderazgos como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o César Acuña y organizaciones como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o sectores vinculados a espacios conservadores podrían ver reducida parte de su capacidad de negociación política. Lo mismo podría ocurrir con actores tradicionalmente cercanos a los espacios de decisión estatal, entre ellos determinados gremios empresariales como la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía o sectores financieros acostumbrados a un marco político y económico altamente predecible. No se trataría necesariamente de una pérdida de patrimonio o desaparición política, sino de una eventual reducción de influencia directa.
También podrían perder peso algunos sectores tecnocráticos y redes profesionales que han permanecido de manera recurrente en distintos gobiernos. En el debate político peruano, parte de estos grupos han sido llamados por sus críticos “caviares”: funcionarios, asesores, consultores, especialistas y operadores con presencia continua en ministerios, organismos públicos, cooperación internacional y espacios de diseño de políticas. Sus detractores sostienen que terminaron administrando una continuidad técnica del modelo económico y político; sus defensores responden que representan experiencia institucional y estabilidad estatal.
Pero quizá la pregunta más importante no sea quién podría perder, sino qué esperan quienes hicieron posible el crecimiento político de Roberto Sánchez. Su respaldo más fuerte provino del sur andino, el centro del país, la Amazonía y parte del norte peruano, territorios donde históricamente se acumularon demandas económicas, sociales y políticas que van más allá de una simple alternancia presidencial.
En sectores importantes de estas regiones existen expectativas que trascienden mejoras administrativas: la liberación o reivindicación política de Pedro Castillo, una nueva Constitución, educación y salud públicas gratuitas y de calidad, mayor presencia estatal, recuperación o mayor control nacional sobre recursos naturales estratégicos, redistribución de la riqueza generada en los territorios y una descentralización real del poder político y financiero concentrado históricamente en Lima. Para muchos de estos ciudadanos, el problema no es únicamente la pobreza; es también la percepción de exclusión de las decisiones nacionales.
Sin embargo, aparece una contradicción inevitable. Una victoria estrecha, un Congreso fragmentado y la presencia de ex ministros, ex funcionarios y perfiles técnicos provenientes de administraciones anteriores dentro de un eventual equipo de gobierno podrían reducir significativamente el margen para impulsar cambios estructurales. La historia política peruana muestra que los grupos económicos, financieros y tecnocráticos rara vez desaparecen; suelen adaptarse, negociar y sobrevivir a distintos gobiernos.
La paradoja es que los sectores con mayor poder acumulado probablemente encontrarán mecanismos para reacomodarse al nuevo escenario. Quienes podrían arriesgar más son aquellos ciudadanos que depositaron en esta elección una expectativa de transformación profunda. Porque si las estructuras centrales permanecen casi intactas, la mayor pérdida no sería de privilegios ni de poder económico: sería la pérdida de una nueva oportunidad histórica de cambio.
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