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Agricultura

El norte de Perú se seca: la desesperada lucha por el agua en Piura, Lambayeque y Tumbes

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El norte del Perú enfrenta una de sus crisis hídricas más severas en años. En departamentos como Piura, Lambayeque y Tumbes, los ciudadanos se ven obligados a cavar huecos frente a sus casas en busca de agua, mientras autoridades y expertos llaman a la urgencia de «rezar para que llueva«.

Esta problemática ha dejado sin agua a miles de personas y amenaza la producción agrícola en una zona que depende del recurso hídrico para el cultivo de arroz, caña de azúcar, algodón y otros cultivos; que, además impacto en la ganadería.

La crisis hídrica del norte peruano afecta principalmente al cultivo del arroz

La situación es tan crítica que las reservas de agua de los principales reservorios de la región se han reducido a mínimos históricos, afectando tanto el consumo humano como la agricultura y ganadería.

Pobladores cavan huecos y una reserva a punto de agotarse

La situación en Piura ha llegado a tal punto que los residentes de zonas como el asentamiento humano Micaela Bastidas en el distrito de Veintiséis de Octubre han tomado medidas desesperadas. “Estamos cavando huecos porque ya no sale ni una gota de agua”, comenta Elena Zapata, una adulta mayor que depende de sus vecinos para conseguir agua, ya que no tiene fuerzas para cargar baldes. “Ahorita no hay nada. Estamos sufriendo completamente”, agregó, describiendo un escenario desgarrador donde las personas no saben cómo podrán acceder al recurso.

Motobombas y electrobombas abandonados y en desuso en el canal Daniel Escobar

En Piura, la planta de tratamiento de Curumuy, que abastece de agua potable a toda la provincia, ha dejado de operar debido a los bajos niveles en el canal Daniel Escobar. La falta de lluvias y la reducción de agua en los ríos han agravado la situación.

Vecinos del A.H. Talarita, en el distrito de Castilla hacen largas colas con baldes y diversos recipientes en el Parque del Niño Héroe, para recolectar agua de la tubería que se utiliza para regar las áreas verdes del parque. Esta situación es resultado de la crisis hídrica que atraviesa la región, que ha generado una grave escasez de agua en la zona. Con visible molestia y malestar, los vecinos llegan con sus recipientes en busca de agua, una escena que se repite en diversos puntos de la ciudad. Esta medida es una respuesta a la falta de suministro, ya que el agua no llega a sus casas y las cisternas de la EPS Grau no tienen programado abastecer esta zona. Por otro lado, en el asentamiento humano Pachitea, vecinos de calles como Roma, Marañón, Lambayeque y Cajamarca expresaron su descontento ante la demora y falta de organización en la distribución de agua a través de cisternas. Ellos piden que esta sea equitativa.

Vecinos del distrito de Castilla hacen largas colas con baldes y tinas de agua

Las autoridades, como Marco Vargas Trelles, gerente de la Empresa Prestadora de Servicios (EPS) Grau S.A., han advertido que solo queda agua para un mes. Sin embargo, el alcalde de Piura, Gabriel Madrid, critica la falta de un plan hídrico eficaz en el gobierno regional, acusando a las gestiones anteriores de priorizar intereses políticos sobre soluciones técnicas. Para los más de 1.5 millones de habitantes de Piura, esta situación podría convertirse en una crisis de proporciones incalculables.

Alcalde de Piura, Gabriel Madrid Orue, responsabiliza al gobierno regional de Piura de la crisis hídrica

Sequía en el Tinajones y el impacto en la agricultura

La crisis también golpea a Lambayeque, donde el reservorio de Tinajones, vital para el suministro de agua en la región, se encuentra en niveles críticos. Con tan solo 29 millones de metros cúbicos de agua, las autoridades han decidido destinar el recurso exclusivamente al consumo humano, dejando sin agua a extensas áreas agrícolas.

Este recorte afecta de forma particular a los agricultores de arroz, uno de los principales cultivos de la región. La Junta de Usuarios del Valle Chancay ya ha tomado la decisión de no sembrar más de mil hectáreas de arroz, en lugares como Chongoyape y La Ramada, debido a la falta de agua para el riego.

Humberto Nieto Idrogo, jefe de Operaciones del Proyecto Especial Olmos Tinajones (PEOT), mencionó que la sequía obligará a realizar cortes prolongados de suministro, afectando a 15 sectores agrícolas en las zonas de Pampa Grande, Ferreñafe, Lambayeque y Pomalca.

Estos cortes de agua no solo ponen en riesgo la economía local, sino también la seguridad alimentaria de miles de familias que dependen de la producción agrícola para subsistir.

Tumbes y la amenaza de quedarse sin agua en cuestión de semanas

Aunque Tumbes no cuenta con grandes proyectos de infraestructura hídrica, la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los ríos de la región, que abastecen tanto a la población como a los agricultores. La región, que siempre ha tenido dificultades con el suministro de agua, se encuentra ahora al borde de una crisis inminente. Los pobladores temen que en las próximas semanas la situación se vuelva insostenible.

«Tenemos que rezar para que llueva«: el llamado paradójico de un funcionario

Marco Vargas Trelles, gerente de EPS Grau, ha resumido el sentir de muchos piuranos al pedir públicamente a la población «rezar para que llueva«. Sin embargo, esta declaración refleja la falta de infraestructura adecuada para afrontar una sequía de esta magnitud.

Vargas lamenta que, pese a las recurrentes crisis de agua en la región, no se hayan implementado proyectos que garanticen un suministro estable tanto para la población como para la agricultura. “Pasamos de tener abundancia de agua a la escasez extrema, y no se ha hecho nada”, declaró, subrayando la necesidad urgente de construir más pozos y recuperar la capacidad de almacenamiento de los reservorios.

Actuación del Gobierno Nacional y Regional

A nivel gubernamental, las respuestas han sido limitadas y las acusaciones de falta de planificación. El Gobierno Nacional dirigido por Dina Boluarte, a través del titular del Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI) han mantenido silencio absoluto y omisión de funciones respecto a este tema.

El alcalde de Piura, Gabriel Madrid, ha señalado al presidente del Proyecto Especial Chira Piura, Víctor Garrido Lecca, de desinformar sobre la situación en el reservorio de Poechos. Además, apuntó que el gobierno regional, liderado por Luis Neyra León, no ha presentado un plan hídrico para hacer frente a la crisis. Las críticas se extienden hacia administraciones anteriores, que, según Madrid, han asignado recursos de forma equivocada, dejando a la región sin infraestructura de almacenamiento y distribución de agua en tiempos de sequía.

Un futuro incierto para los habitantes del norte peruano por la crisis hídrica

Mientras el norte de Perú se enfrenta a la peor crisis hídrica en años, la incertidumbre sigue creciendo entre la población. Los expertos alertan que, de no mejorar la situación, podría haber un éxodo de familias que dependerán de la ayuda estatal para sobrevivir en medio de un contexto donde el agua se ha convertido en un recurso cada vez más escaso. En tanto, los agricultores ven con temor la posibilidad de perder sus cultivos, lo que no solo representa una pérdida económica, sino también una amenaza para la seguridad alimentaria de toda la región.

La crisis hídrica en Piura, Lambayeque y Tumbes pone de manifiesto la necesidad de políticas a largo plazo y una planificación adecuada que permita a la población enfrentarse a futuras crisis hídricas, reflexionando sobre la necesidad de conservar los pocos recursos hídricos aptos para consumo humano y uso agrícola, especialmente en el sur de Perú, donde la actividad minera viene contaminando con la complicidad y omisión de gobierno corruptos.

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Paro arrocero en Perú: productores bloquean 13 vías y el Gobierno no tiene respuesta

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Perú, 26 de mayo de 2026.- Miles de agricultores arroceros mantienen paralizado el país en el segundo día de un paro nacional indefinido que afecta nueve regiones. La causa es concreta: el precio del arroz en chacra se desplomó de S/ 1,500 a S/ 600 por tonelada en menos de un año, empujando a miles de familias agricultoras al borde de la quiebra.

La protesta fue convocada por la Confederación Nacional de Arroceros del Perú (Conarroz), liderada por Wilder Vásquez, con el respaldo de la plataforma Conveagro y gremios de bananeros, cañicultores y cafetaleros. En el terreno, los rostros visibles son Rogelio Silva, de la Federación de Agricultores Piura-Tumbes, y Macario Silva Vílchez, de la Junta del Sector Hidráulico del Medio y Bajo Piura, quienes advirtieron que no levantarán los bloqueos sin compromisos escritos del Ejecutivo.

Las demandas del sector son cinco: declaratoria de emergencia agropecuaria, suspensión temporal de importaciones de arroz durante la cosecha nacional, compra estatal de 180,000 toneladas del cereal peruano, créditos agrarios accesibles ante el alza de fertilizantes y combustibles, y combate efectivo al contrabando de arroz por la frontera de Tumbes. Todos estos puntos, según los gremios, fueron acordados en mesas de diálogo previas que el Midagri nunca cumplió.

La respuesta del Gobierno llegó tarde y sin sustancia. El ministro de Desarrollo Agrario, César Quispe, reconoció que la crisis es estructural y que las medidas del Ejecutivo solo podrán «paliar en algo» la situación. Como gesto concreto, el Midagri reportó la compra de 410 toneladas de arroz nacional — una cifra irrisoria frente al excedente de 350,000 toneladas acumulado en las cosechas de 2025 y 2026.

Ante la presión de dos días consecutivos de bloqueos, la Presidencia del Consejo de Ministros convocó para el miércoles 27 de mayo una reunión de alto nivel con gobernadores regionales y dirigentes arroceros. Sin embargo, la agenda del Consejo de Ministros de ese día no incluyó decretos de urgencia ni medidas vinculantes — solo un informe sectorial del Midagri, lo que revela la distancia entre el discurso oficial y la disposición real a resolver el conflicto.

El escenario más probable es que la reunión del 27 derive en un acta de compromisos parciales — compras estatales ampliadas, cronograma de créditos, mesa técnica permanente — que los gremios evaluarán como condición mínima para levantar los bloqueos de forma temporal. Los productores, sin embargo, son explícitos: no se trasladarán a Lima a negociar y exigen que cualquier mesa de diálogo funcione en Piura, en el corazón de la zona productora.

El problema de fondo no tiene solución en una reunión de emergencia. La sobreproducción, la competencia del arroz importado y el encarecimiento de insumos configuran una crisis estructural que ningún gobierno ha querido enfrentar con políticas de largo plazo. Sea quien sea el ganador de la segunda vuelta del domingo, heredará un campo en ebullición y una deuda pendiente con cientos de miles de agricultores que sostienen la seguridad alimentaria del país.

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EL SECTOR ARROCERO PERUANO DECLARA GUERRA AL ABANDONO ESTATAL

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Más de 150,000 productores convocan paro nacional para el 25 de mayo de 2026 ante el colapso de precios y la avalancha de importaciones que amenazan la subsistencia del campo nacional

El sector arrocero del Perú enfrenta su crisis más profunda en años recientes. Según datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), la producción nacional de arroz alcanzó en 2024 las 3,56 millones de toneladas, un incremento de 5,5% respecto al año anterior, cultivadas en aproximadamente 426,000 hectáreas distribuidas entre la Costa (53%) y la Selva (47%), representando el 13% del área agrícola nacional. La campaña 2024/2025 cerró incluso con 3,7 millones de toneladas de arroz cáscara, con una superficie cosechada superior a 430,000 hectáreas, consolidando al arroz como uno de los pilares de la producción agrícola nacional. Sin embargo, esa abundancia productiva contrasta dramáticamente con la quiebra silenciosa del productor: los precios que reciben los agricultores se han desplomado hasta apenas S/0,50 a S/0,60 por kilo de arroz, golpeando a más de 150,000 productores pese al alza sostenida de los costos de fertilizantes y petróleo. Ante este panorama, la Confederación Nacional del Arroz y múltiples juntas de regantes de las principales regiones productoras han convocado un paro nacional para el lunes 25 de mayo de 2026, con amenaza de hacerse indefinido si el Ejecutivo no responde con medidas concretas.

El arroz no es un cultivo menor en la economía peruana. El grano representa el 10,6% del Valor Bruto de la Producción Agrícola (VBPA), generando más de S/2,000 millones anuales, ubicándose en el tercer lugar tras el arándano (11,7%) y la papa (10,9%). El consumo anual per cápita alcanza los 65 kilogramos, la cifra más alta de América Latina y la segunda a nivel mundial, solo por detrás de países asiáticos. Perú siembra arroz en 18 regiones, con especial concentración en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Arequipa, Cajamarca, Amazonas, San Martín, Loreto, Ucayali, Huánuco y Madre de Dios, y ostenta el mayor rendimiento de la región con más de 10 toneladas por hectárea promedio —llegando incluso a 17 T/ha en el Valle de Camaná—, mientras que Ecuador, Colombia, Bolivia o Uruguay apenas alcanzan entre 5 y 6 T/ha. No obstante esa ventaja técnica, la paradoja peruana es cruda: ser el más productivo del continente y al mismo tiempo el más desprotegido.

La raíz de la crisis tiene nombre y origen geográfico preciso: las importaciones masivas de arroz, principalmente desde el Cono Sur. Según el MIDAGRI, Perú importó 146,557 toneladas de arroz en 2025, mostrando un incremento de 5,58% respecto a las 138,806 toneladas del año anterior. Uruguay concentró el 48% del volumen total (70,347 toneladas) y Brasil el 39% (57,157 toneladas), seguidos de Tailandia con el 10%. En 2024, las importaciones peruanas de arroz sumaron US$124,1 millones, creciendo 22,4% respecto al año previo. Entre enero y mayo de 2025, estas importaciones alcanzaron US$63,7 millones, lo que significó un crecimiento del 48,1% respecto al mismo periodo anterior. Ese flujo constante de grano extranjero tiene una puerta institucional facilitada: el Acuerdo de Complementación Económica N°58 (ACE 58), suscrito entre Perú y los Estados Parte del MERCOSUR —Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— que entró en vigencia en enero de 2006 y ha ido reduciendo progresivamente los aranceles bilaterales. Aunque el mecanismo de franja de precios aplica un arancel específico de US$102 por tonelada importada, equivalente a un 15% ad valorem, los gremios arroceros alertan que el arroz importado llegó a venderse a S/105 por saco, muy por debajo de los S/170 del arroz nacional. La diferencia de precio no es una distorsión de mercado: es el resultado de que Brasil, Uruguay y Paraguay subsidian directamente a sus agricultores con créditos baratos, fertilizantes a costo social y apoyo estatal sistemático, mientras el Estado peruano mira desde la tribuna.

El pliego de demandas de los productores no deja margen a interpretaciones. Los gremios exigen intervención inmediata del mercado, control de importaciones y fiscalización estricta de la cadena comercial, señalando que la tonelada de arroz ha pasado de costar aproximadamente S/1,600 a apenas S/650, una caída superior al 50% que elimina cualquier margen de rentabilidad, comprometiendo no solo la campaña actual sino también la siembra 2026-2027. A ello se suma la demanda de declaratoria de emergencia del sector arrocero, compra directa del Estado a productores nacionales para abastecer programas sociales como Qali Warma con arroz peruano en lugar de importado, y precios justos al productor. El presidente de la Asociación Peruana de Productores de Arroz, Hermitanio Rojas, advirtió que la huelga podría ser indefinida, y no solo de los arroceros, porque «todo el sector agrario está mal: los paperos, el maicero, el cañero. Estamos olvidados por este gobierno y los que han pasado, ya que no hay una política agraria». La denuncia de incumplimiento de promesas previas es un leitmotiv recurrente: los arroceros señalaron que tuvieron reuniones en Lima y Jaén donde las autoridades nacionales se comprometieron a realizar compras para abastecer programas sociales, pero que hasta ahora no se ha concretado nada.

La crisis arrocera es el síntoma visible de una enfermedad estructural del agro peruano que el Estado ha postergado por décadas. Mientras Perú carece de políticas efectivas de protección a sus productores, los países competidores cuentan con créditos de bajo interés, fertilizantes y agroquímicos a costo social, e incluso subsidios directos, lo que representa una competencia desigual para el agricultor peruano. Los gremios vienen sosteniendo reuniones con MIDAGRI y SENASA para que, en el marco de las negociaciones del TLC con India, se exceptúe al arroz de las reducciones arancelarias y se proteja a los productores locales de nuevas oleadas de importación barata desde Asia. El paro del 25 de mayo no es un capricho gremial ni una protesta aislada: es la expresión de una cadena productiva que genera empleo en 18 regiones del país, alimenta a toda una nación y, sin embargo, opera al límite de la supervivencia económica. La pregunta que el Gobierno de turno deberá responder no es si puede atender las demandas arroceras, sino si puede permitirse ignorarlas.

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Trabajadores agrarios de agroexportadora Hass Perú S.A. denuncian intento de desarticular su sindicato y abusos laborales

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Chao, Virú (La Libertad), febrero 2026.- Trabajadores de Hass Perú S.A., empresa agroexportadora de palta Hass y arándanos en el valle de Chao, denuncian prácticas antisindicales sistemáticas tras la constitución legal de su sindicato. El Sindicato de Trabajadores de la Empresa Hass Perú S.A. (SINTRAHASSP) fue inscrito oficialmente en diciembre de 2025 mediante la Resolución Subgerencial N° 000204-2025 del Gobierno Regional de La Libertad, cumpliendo todos los requisitos legales y gozando de protección constitucional.

A pesar de ello, los afiliados acusan a la empresa de intentos de desestabilización sindical, incluyendo no respeto a la libre afiliación, falta de reconocimiento pleno al sindicato y represalias directas. La Federación de Trabajadores del Sector Agroindustrial de La Libertad (FETSA RLL) señala despidos selectivos de dirigentes y afiliados, considerados nulos por discriminación antisindical según la normativa vigente y convenios de la OIT.

Entre las irregularidades laborales más graves denunciadas destacan condiciones precarias: jornadas intensas en lodo y bajo sol sin equipo de protección personal adecuado (guantes, botas o herramientas), lo que ha provocado accidentes, incluyendo pérdida de dedos en un caso reportado. Además, se reportan abandonos nocturnos en zonas rurales tras la jornada (esperas de más de una hora en oscuridad), presiones excesivas por productividad y exigencias de horas extras fuera de lo legal, con «premios» que buscan normalizar la explotación.

Los sueldos base permanecen estancados pese al crecimiento exportador de la empresa (aumento del 68% entre 2019 y 2024), sin reconocimiento proporcional de labores adicionales ni beneficios acordes. En enero de 2026, los trabajadores realizaron una huelga y paralización de labores para exigir diálogo y mejoras, lo que llevó a la Intendencia Regional de La Libertad de SUNAFIL a emitir una orden de inspección inmediata para verificar los hechos.

El conflicto pone en evidencia la asimetría en el sector agroexportador de La Libertad: boom de divisas versus precariedad laboral persistente. FETSA RLL y SINTRAHASSP llaman a fortalecer la sindicalización y exigen al Estado mayor diligencia en fiscalización. La empresa no ha emitido pronunciamiento público respondiendo a las acusaciones hasta el momento, en claro desafío a las demandas laborales, donde el Estado aparentemente también no puede hacer nada.

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