El congresista del partido Perú Libre Segundo Toribio Montalvo Cubas presentó un proyecto de ley que declara en emergencia el Ministerio Público y busca implementar "medidas de carácter extraordinario para su reorganización…
Nacional
Kelly Portalatino reaparece en evento público de Perú Libre tras su aparente “renuncia irrevocable”

La congresista Kelly Portalatino sorprendió a propios y extraños al participar este lunes en la presentación de la Memoria Anual del Grupo Parlamentario Perú Libre, un evento realizado en el Congreso de la República. Esta aparición ocurre tan solo diez días después de que anunciara su renuncia irrevocable a la bancada cerronista y al partido Perú Libre, el pasado 11 de julio, alegando «motivos estrictamente personales». La imagen de Portalatino junto a figuras clave como Flavio Cruz Mamani, Elizabeth Taipe y María Agüero, en un acto marcado por el juramento y la entrega de reconocimientos a trabajadores y militantes, ha generado especulaciones sobre su estatus dentro de la agrupación política.
La presencia de Portalatino en el evento, que destacó los logros legislativos de Perú Libre durante el periodo 2024-2025, sugiere un posible intento de reconciliación o negociación con la bancada. Fuentes internas, según publicaciones en X, han mencionado que su salida podría estar relacionada con tensiones internas, como la candidatura de Waldemar Cerrón a la vicepresidencia del Congreso, un cargo que algunos analistas vinculan a las motivaciones de su renuncia. Sin embargo, no hay evidencia oficial que confirme que su participación en el evento implique un reintegro formal a la bancada, a pesar de una carta casi lírica de un dirigente nacional, pero agravado por las críticas de ex perulibristas como Margot Palacios, Jaime Quito y Alex Flores.
El contexto político añade más intriga, ya que la elección de la nueva Mesa Directiva del Congreso está programada para el próximo 26 de julio de 2025. Algunos observadores sugieren que la aparición de Portalatino podría ser parte de una estrategia para posicionarse o negociar un rol en dicha instancia, especialmente tras especulaciones de un «berrinche» para acceder a la Mesa Directiva. No obstante, hasta el momento, no se ha confirmado su aceptación como miembro de este organismo, y su participación en el evento podría interpretarse como un gesto simbólico más que como una decisión definitiva.
La congresista, visible en la ceremonia con una banda y medalla, estuvo acompañada por otros parlamentarios destacados del cerronismo, quienes lideraron comisiones clave. Esto refuerza la idea de que, pese a su renuncia, mantiene vínculos con miembros de Perú Libre. Sin embargo, la falta de un comunicado oficial sobre su situación actual deja abierta la posibilidad de que su asistencia responda a conversaciones internas no reveladas públicamente.
A medida que se acerca la fecha de la elección de la Mesa Directiva, la situación de Portalatino sigue causando gracia más que interés, por su reciente renuncia irrevocable a la organización política. Su participación en el evento de hoy, a las 10:55 p.m., refleja la complejidad de las dinámicas internas en Perú Libre y plantea preguntas sobre si su renuncia irrevocable podría revertirse y si fue solamente para asumir un nuevo rol dentro del Congreso.
Actualidad
Debate presidencial Perú 2026: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez protagonizan un intenso choque político rumbo a la segunda vuelta

Lima, 31 de mayo de 2026.- El último debate presidencial previo a la segunda vuelta electoral del 7 de junio estuvo marcado por fuertes confrontaciones entre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú, quienes protagonizaron un intercambio de acusaciones, cuestionamientos y propuestas en un escenario de alta polarización política.
El encuentro, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), se desarrolló en un contexto de disputa electoral ajustada y con una elevada expectativa ciudadana. Más allá de la presentación de planes de gobierno, ambos candidatos enfocaron buena parte de sus intervenciones en consolidar una narrativa política para captar el voto indeciso en la recta final de la campaña.
Desde los primeros minutos, Roberto Sánchez adoptó una estrategia de confrontación directa contra el fujimorismo, cuestionando el papel político de Fuerza Popular y vinculando a su adversaria con la crisis institucional y el deterioro de la democracia en los últimos años. El candidato de Juntos por el Perú buscó posicionarse como una alternativa frente a los sectores tradicionales del poder político.
Por su parte, Keiko Fujimori respondió planteando la elección como una decisión entre dos modelos opuestos de país y centró parte de su discurso en temas de seguridad, estabilidad y crecimiento económico. Asimismo, intentó vincular a Sánchez con sectores políticos que considera radicales y con experiencias recientes cuestionadas por diversos sectores del país.
Los momentos de mayor tensión se produjeron cuando ambos candidatos dejaron el terreno programático para intercambiar cuestionamientos sobre responsabilidades políticas, alianzas y antecedentes de sus respectivos espacios. Los ataques directos elevaron el tono del debate y desplazaron temporalmente la discusión sobre propuestas concretas.
Otro aspecto destacado fue el intento de ambos aspirantes por conectar con el electorado desde una dimensión más personal. Sánchez reforzó un discurso centrado en el esfuerzo individual y la representación popular, mientras Fujimori buscó consolidar una imagen de experiencia y capacidad de gestión frente a la crisis política y social que atraviesa el país.
Con el cierre del debate, la campaña presidencial ingresa a su etapa decisiva bajo un escenario de fuerte polarización. Analistas y observadores políticos consideran que las reacciones posteriores en redes sociales, medios de comunicación y entre los votantes indecisos podrían resultar determinantes para definir el resultado de las elecciones del próximo 7 de junio.
Actualidad
Poder Judicial ordena reincorporar a Delia Espinoza como Fiscal Suprema Titular

Lima, 29 de mayo 2026.- La Tercera Sala Constitucional de la Corte Superior de Justicia de Lima declaró fundada en parte la demanda de amparo presentada por Delia Milagros Espinoza Valenzuela contra el Congreso de la República y ordenó su reincorporación como fiscal suprema titular del Ministerio Público. La decisión fue emitida el 28 de mayo de 2026 dentro del Expediente N.º 02530-2025-0-1801-SP-DC-03.
Como parte del fallo, el colegiado declaró inaplicables para la demandante los efectos de las Resoluciones Legislativas del Congreso N.º 008-2025-2026-CR y N.º 007-2025-2026-CR, ambas publicadas el 5 de diciembre de 2025. La medida judicial restituye a Espinoza su condición de fiscal suprema titular dentro del Ministerio Público.
No obstante, la resolución precisa que esta restitución no implica su retorno al cargo de Fiscal de la Nación, función que ejerció entre noviembre de 2024 y septiembre de 2025 antes de ser apartada. Asimismo, los magistrados señalaron que la reincorporación procederá siempre que no exista una resolución administrativa, judicial o de otra naturaleza que disponga lo contrario.
Pese al pronunciamiento judicial, la decisión aún no puede ejecutarse de manera inmediata. Esto se debe a que se trata de un fallo de primera instancia, por lo que el Congreso aún tiene la posibilidad de presentar una apelación para que el caso sea revisado en una instancia superior.
Delia Espinoza fue destituida el 23 de enero de 2026, luego de que el pleno de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) resolviera por unanimidad apartarla del Ministerio Público por incurrir en faltas consideradas «muy graves», relacionadas con el incumplimiento de una resolución que ordenaba la reposición de Patricia Benavides como titular del Ministerio Público. Actualmente, Espinoza se desempeña como decana del Colegio de Abogados de Lima, cargo obtenido tras imponerse en elecciones de segunda vuelta.
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Perú 2026: crónica de un balotaje sobre cenizas

Lima, mayo de 2026.- El Perú llega a la segunda vuelta del próximo 7 de junio en medio de una de las etapas de mayor desgaste institucional y fractura social de las últimas décadas. La oficialización del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que confirma a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) como finalistas de la contienda presidencial para el periodo 2026-2031, no ha hecho más que formalizar la crisis de representación que atraviesa el país.
La primera vuelta dejó un mapa político fragmentado y un electorado exhausto. En una elección marcada por la dispersión de más de 40 organizaciones políticas, Fujimori avanzó con apenas el 17.19% de los votos válidos, mientras Sánchez obtuvo el 12.04%. Juntos no alcanzan siquiera a representar a un tercio del padrón nacional. El resto se diluyó entre el ausentismo, los votos blancos y los sufragios viciados, en una señal inequívoca del profundo desencanto ciudadano con el sistema político.
Las cifras sociales refuerzan ese clima de deterioro. La pobreza monetaria permanece por encima del 29%, la anemia infantil afecta al 43% de los niños menores de cinco años y la informalidad laboral alcanza al 73% de la población económicamente activa. Sobre esa precariedad estructural se edifican ahora dos proyectos de país profundamente contrapuestos.
Dos visiones para un país en crisis
El debate presidencial del 31 de mayo, programado en el Centro de Convenciones de Lima, confrontará dos diagnósticos distintos sobre el colapso peruano y dos rutas opuestas para intentar revertirlo.
Keiko Fujimori ha centrado su campaña en la idea del “Capitalismo Popular”, una propuesta que busca enfrentar la informalidad mediante incentivos tributarios, simplificación administrativa para las micro y pequeñas empresas y mecanismos de formalización acelerada para sectores como la minería artesanal. Frente al deterioro económico en las periferias urbanas, plantea además programas de compras estatales descentralizadas para abastecer ollas comunes y comedores populares. En materia de seguridad, apuesta por una estrategia de “mano dura” que incluye el despliegue de las Fuerzas Armadas en apoyo a la Policía Nacional para enfrentar la expansión de la extorsión y el sicariato.
Roberto Sánchez, en cambio, interpreta el deterioro social como evidencia del agotamiento definitivo del modelo económico instaurado en las últimas décadas. Su principal propuesta económica es un incremento inmediato del sueldo mínimo a S/ 1,500, acompañado por la creación del programa “Pensión 60”, orientado a brindar cobertura previsional universal a millones de trabajadores informales excluidos del sistema. Para financiar estas medidas, plantea una reforma tributaria progresiva y la renegociación de contratos extractivos. Asimismo, promete elevar gradualmente el presupuesto educativo hasta el 10% del PBI y garantizar el ingreso libre a las universidades públicas.
Un gobierno bajo asedio
Quien asuma la presidencia el próximo 28 de julio heredará un escenario de extrema fragilidad. El retorno a la bicameralidad ha configurado un Congreso altamente fragmentado, compuesto por bancadas sin cohesión y alianzas inestables, lo que anticipa un Ejecutivo permanentemente expuesto a bloqueos legislativos, crisis ministeriales y nuevos intentos de vacancia.
En ese contexto, los sectores más radicales de ambos extremos ideológicos ya comienzan a perfilar el escenario post-electoral.
En la derecha, grupos ultraconservadores y corrientes alineadas con discursos de seguridad extrema —que quedaron políticamente huérfanos tras la derrota de Rafael López Aliaga en primera vuelta— observan con creciente desconfianza las concesiones moderadas de Fujimori para reducir su antivoto. Si la criminalidad no retrocede rápidamente, estos sectores podrían impulsar una agenda de endurecimiento autoritario basada en restricciones de derechos y militarización del orden interno, inspirada en modelos de control territorial similares al de Nayib Bukele en El Salvador.
En la izquierda radical, dirigentes del corredor minero del sur y organizaciones indígenas amazónicas consideran insuficientes las propuestas reformistas de Roberto Sánchez. Diversos frentes regionales advierten que, si no se impulsa una Asamblea Constituyente ni se revisan los megaproyectos extractivos cuestionados por conflictos socioambientales, desconocerán la legitimidad del futuro gobierno. Para estos sectores, las elecciones no representan el cierre de la crisis, sino el inicio de una nueva etapa de movilización permanente, bloqueos y presión territorial.
La desobediencia silenciosa
Sin embargo, el mayor desafío para la democracia peruana podría no provenir de los extremos visibles, sino del progresivo repliegue ciudadano frente al Estado. Mientras la clase política disputa el poder, millones de peruanos han comenzado a desconectarse de las instituciones formales, convencidos de que ninguna opción garantiza seguridad, empleo ni servicios básicos.
La expansión de las economías ilegales, el avance de mecanismos de justicia comunal ante la ineficacia policial y el creciente rechazo a financiar un aparato estatal percibido como corrupto reflejan una forma de desobediencia silenciosa que erosiona lentamente la legitimidad republicana.
Sea cual sea el resultado del balotaje, el próximo gobierno no recibirá un mandato de transformación sólida, sino la administración de una crisis estructural marcada por la precariedad, el miedo y la desconfianza. En el Perú de 2026, el principal riesgo para la democracia ya no es únicamente la confrontación entre derecha e izquierda, sino la pérdida progresiva de sentido del propio sistema político para la supervivencia cotidiana de sus ciudadanos.
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