Este caso plantea serias dudas sobre la integridad y los posibles conflictos de interés del Defensor del Pueblo. La incautación de un vehículo valorizado en más de 800 mil soles, perteneciente a…
Nacional
Defensoría del Pueblo: Junta Directiva acusa a Josué Gutiérrez de incumplir derechos laborales

En un comunicado conjunto, la Junta Directiva de los trabajadores de la Defensoría del Pueblo ha puesto en el ojo de la tormenta a la institución y al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), denunciando graves incumplimientos que afectan los derechos laborales de su personal. La declaración, emitida el 1 de mayo, expone una serie de irregularidades que contradicen el supuesto compromiso con los trabajadores.
Entre las acusaciones más serias está el incumplimiento de un compromiso para adjudicar las plazas 728 a los trabajadores de la Defensoría, una promesa que, según el comunicado, no se ha materializado. Asimismo, se señala al MEF por errores en el Presupuesto Analítico de Personal (PAP), que registra contratos a plazo indeterminado como temporales, afectando a direcciones clave como las de conflictos sociales y derechos humanos. Esta falta de diligencia, atribuida a la Oficina de Gestión y Desarrollo Humano, ha generado indignación entre los trabajadores.
Otro punto crítico es el desacato a sentencias judiciales que ordenan la incorporación de trabajadores al régimen 728 y el pago de intereses de la CTS, evidenciando un desprecio por las resoluciones legales. Pero la controversia no termina ahí: la mudanza técnica de un piso a otro en la sede central, sin un Certificado de Inspección Técnica de Seguridad en Edificaciones ni un Comité de Seguridad y Salud en el Trabajo, pone en riesgo la vida e integridad del personal y visitantes, según el comunicado. La infraestructura, aseguran, no está preparada para la cantidad de empleados que han ingresado desde el inicio de la actual gestión.
“Es una gestión que declara compromiso con los trabajadores, pero los hechos demuestran lo contrario”, reza el comunicado, que también llama a los trabajadores a unirse y prepararse para nuevas jornadas de lucha, incluso acudiendo a instancias internacionales si es necesario. Este panorama opaca la labor defensorial de la institución, que debería velar por los derechos de los más vulnerables, mientras enfrenta críticas por no garantizar los de su propio personal.
Actualidad
Debate presidencial Perú 2026: Keiko Fujimori y Roberto Sánchez protagonizan un intenso choque político rumbo a la segunda vuelta

Lima, 31 de mayo de 2026.- El último debate presidencial previo a la segunda vuelta electoral del 7 de junio estuvo marcado por fuertes confrontaciones entre Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú, quienes protagonizaron un intercambio de acusaciones, cuestionamientos y propuestas en un escenario de alta polarización política.
El encuentro, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), se desarrolló en un contexto de disputa electoral ajustada y con una elevada expectativa ciudadana. Más allá de la presentación de planes de gobierno, ambos candidatos enfocaron buena parte de sus intervenciones en consolidar una narrativa política para captar el voto indeciso en la recta final de la campaña.
Desde los primeros minutos, Roberto Sánchez adoptó una estrategia de confrontación directa contra el fujimorismo, cuestionando el papel político de Fuerza Popular y vinculando a su adversaria con la crisis institucional y el deterioro de la democracia en los últimos años. El candidato de Juntos por el Perú buscó posicionarse como una alternativa frente a los sectores tradicionales del poder político.
Por su parte, Keiko Fujimori respondió planteando la elección como una decisión entre dos modelos opuestos de país y centró parte de su discurso en temas de seguridad, estabilidad y crecimiento económico. Asimismo, intentó vincular a Sánchez con sectores políticos que considera radicales y con experiencias recientes cuestionadas por diversos sectores del país.
Los momentos de mayor tensión se produjeron cuando ambos candidatos dejaron el terreno programático para intercambiar cuestionamientos sobre responsabilidades políticas, alianzas y antecedentes de sus respectivos espacios. Los ataques directos elevaron el tono del debate y desplazaron temporalmente la discusión sobre propuestas concretas.
Otro aspecto destacado fue el intento de ambos aspirantes por conectar con el electorado desde una dimensión más personal. Sánchez reforzó un discurso centrado en el esfuerzo individual y la representación popular, mientras Fujimori buscó consolidar una imagen de experiencia y capacidad de gestión frente a la crisis política y social que atraviesa el país.
Con el cierre del debate, la campaña presidencial ingresa a su etapa decisiva bajo un escenario de fuerte polarización. Analistas y observadores políticos consideran que las reacciones posteriores en redes sociales, medios de comunicación y entre los votantes indecisos podrían resultar determinantes para definir el resultado de las elecciones del próximo 7 de junio.
Actualidad
Poder Judicial ordena reincorporar a Delia Espinoza como Fiscal Suprema Titular

Lima, 29 de mayo 2026.- La Tercera Sala Constitucional de la Corte Superior de Justicia de Lima declaró fundada en parte la demanda de amparo presentada por Delia Milagros Espinoza Valenzuela contra el Congreso de la República y ordenó su reincorporación como fiscal suprema titular del Ministerio Público. La decisión fue emitida el 28 de mayo de 2026 dentro del Expediente N.º 02530-2025-0-1801-SP-DC-03.
Como parte del fallo, el colegiado declaró inaplicables para la demandante los efectos de las Resoluciones Legislativas del Congreso N.º 008-2025-2026-CR y N.º 007-2025-2026-CR, ambas publicadas el 5 de diciembre de 2025. La medida judicial restituye a Espinoza su condición de fiscal suprema titular dentro del Ministerio Público.
No obstante, la resolución precisa que esta restitución no implica su retorno al cargo de Fiscal de la Nación, función que ejerció entre noviembre de 2024 y septiembre de 2025 antes de ser apartada. Asimismo, los magistrados señalaron que la reincorporación procederá siempre que no exista una resolución administrativa, judicial o de otra naturaleza que disponga lo contrario.
Pese al pronunciamiento judicial, la decisión aún no puede ejecutarse de manera inmediata. Esto se debe a que se trata de un fallo de primera instancia, por lo que el Congreso aún tiene la posibilidad de presentar una apelación para que el caso sea revisado en una instancia superior.
Delia Espinoza fue destituida el 23 de enero de 2026, luego de que el pleno de la Junta Nacional de Justicia (JNJ) resolviera por unanimidad apartarla del Ministerio Público por incurrir en faltas consideradas «muy graves», relacionadas con el incumplimiento de una resolución que ordenaba la reposición de Patricia Benavides como titular del Ministerio Público. Actualmente, Espinoza se desempeña como decana del Colegio de Abogados de Lima, cargo obtenido tras imponerse en elecciones de segunda vuelta.
Actualidad
Perú 2026: crónica de un balotaje sobre cenizas

Lima, mayo de 2026.- El Perú llega a la segunda vuelta del próximo 7 de junio en medio de una de las etapas de mayor desgaste institucional y fractura social de las últimas décadas. La oficialización del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que confirma a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) como finalistas de la contienda presidencial para el periodo 2026-2031, no ha hecho más que formalizar la crisis de representación que atraviesa el país.
La primera vuelta dejó un mapa político fragmentado y un electorado exhausto. En una elección marcada por la dispersión de más de 40 organizaciones políticas, Fujimori avanzó con apenas el 17.19% de los votos válidos, mientras Sánchez obtuvo el 12.04%. Juntos no alcanzan siquiera a representar a un tercio del padrón nacional. El resto se diluyó entre el ausentismo, los votos blancos y los sufragios viciados, en una señal inequívoca del profundo desencanto ciudadano con el sistema político.
Las cifras sociales refuerzan ese clima de deterioro. La pobreza monetaria permanece por encima del 29%, la anemia infantil afecta al 43% de los niños menores de cinco años y la informalidad laboral alcanza al 73% de la población económicamente activa. Sobre esa precariedad estructural se edifican ahora dos proyectos de país profundamente contrapuestos.
Dos visiones para un país en crisis
El debate presidencial del 31 de mayo, programado en el Centro de Convenciones de Lima, confrontará dos diagnósticos distintos sobre el colapso peruano y dos rutas opuestas para intentar revertirlo.
Keiko Fujimori ha centrado su campaña en la idea del “Capitalismo Popular”, una propuesta que busca enfrentar la informalidad mediante incentivos tributarios, simplificación administrativa para las micro y pequeñas empresas y mecanismos de formalización acelerada para sectores como la minería artesanal. Frente al deterioro económico en las periferias urbanas, plantea además programas de compras estatales descentralizadas para abastecer ollas comunes y comedores populares. En materia de seguridad, apuesta por una estrategia de “mano dura” que incluye el despliegue de las Fuerzas Armadas en apoyo a la Policía Nacional para enfrentar la expansión de la extorsión y el sicariato.
Roberto Sánchez, en cambio, interpreta el deterioro social como evidencia del agotamiento definitivo del modelo económico instaurado en las últimas décadas. Su principal propuesta económica es un incremento inmediato del sueldo mínimo a S/ 1,500, acompañado por la creación del programa “Pensión 60”, orientado a brindar cobertura previsional universal a millones de trabajadores informales excluidos del sistema. Para financiar estas medidas, plantea una reforma tributaria progresiva y la renegociación de contratos extractivos. Asimismo, promete elevar gradualmente el presupuesto educativo hasta el 10% del PBI y garantizar el ingreso libre a las universidades públicas.
Un gobierno bajo asedio
Quien asuma la presidencia el próximo 28 de julio heredará un escenario de extrema fragilidad. El retorno a la bicameralidad ha configurado un Congreso altamente fragmentado, compuesto por bancadas sin cohesión y alianzas inestables, lo que anticipa un Ejecutivo permanentemente expuesto a bloqueos legislativos, crisis ministeriales y nuevos intentos de vacancia.
En ese contexto, los sectores más radicales de ambos extremos ideológicos ya comienzan a perfilar el escenario post-electoral.
En la derecha, grupos ultraconservadores y corrientes alineadas con discursos de seguridad extrema —que quedaron políticamente huérfanos tras la derrota de Rafael López Aliaga en primera vuelta— observan con creciente desconfianza las concesiones moderadas de Fujimori para reducir su antivoto. Si la criminalidad no retrocede rápidamente, estos sectores podrían impulsar una agenda de endurecimiento autoritario basada en restricciones de derechos y militarización del orden interno, inspirada en modelos de control territorial similares al de Nayib Bukele en El Salvador.
En la izquierda radical, dirigentes del corredor minero del sur y organizaciones indígenas amazónicas consideran insuficientes las propuestas reformistas de Roberto Sánchez. Diversos frentes regionales advierten que, si no se impulsa una Asamblea Constituyente ni se revisan los megaproyectos extractivos cuestionados por conflictos socioambientales, desconocerán la legitimidad del futuro gobierno. Para estos sectores, las elecciones no representan el cierre de la crisis, sino el inicio de una nueva etapa de movilización permanente, bloqueos y presión territorial.
La desobediencia silenciosa
Sin embargo, el mayor desafío para la democracia peruana podría no provenir de los extremos visibles, sino del progresivo repliegue ciudadano frente al Estado. Mientras la clase política disputa el poder, millones de peruanos han comenzado a desconectarse de las instituciones formales, convencidos de que ninguna opción garantiza seguridad, empleo ni servicios básicos.
La expansión de las economías ilegales, el avance de mecanismos de justicia comunal ante la ineficacia policial y el creciente rechazo a financiar un aparato estatal percibido como corrupto reflejan una forma de desobediencia silenciosa que erosiona lentamente la legitimidad republicana.
Sea cual sea el resultado del balotaje, el próximo gobierno no recibirá un mandato de transformación sólida, sino la administración de una crisis estructural marcada por la precariedad, el miedo y la desconfianza. En el Perú de 2026, el principal riesgo para la democracia ya no es únicamente la confrontación entre derecha e izquierda, sino la pérdida progresiva de sentido del propio sistema político para la supervivencia cotidiana de sus ciudadanos.
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