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Fuerza Popular y aliados del Congreso limitaron la clausura de centros comerciales en riesgo poniendo en peligro a los peruanos

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En octubre de 2023, el Congreso peruano aprobó la Ley N° 31914, una normativa que meses después revelaría su impacto negativo en la seguridad pública. Impulsada por Fuerza Popular y respaldada por una coalición multipartidaria que incluyó a Perú Libre, Renovación Popular, Alianza para el Progreso y Avanza País, esta ley restringió severamente la capacidad de los gobiernos locales para clausurar centros comerciales, incluso ante riesgos evidentes.

La tragedia del Real Plaza Trujillo, ocurrida el 21 de febrero de 2025, dejó al descubierto las consecuencias de priorizar intereses comerciales sobre la seguridad ciudadana. Ocho personas fallecieron y más de 70 resultaron heridas tras el colapso de una estructura en el centro comercial. Este desastre pudo haberse evitado si no fuera por la legislación que ató las manos de las autoridades locales. En diciembre de 2023, el exalcalde de Trujillo, Arturo Fernández, había intentado clausurar el establecimiento tras detectar riesgos estructurales, pero la nueva ley lo impidió.

El 28 de octubre de 2023, el Gobierno de Dina Boluarte promulgó la Ley N° 31914, que limita el cierre de establecimientos comerciales en riesgo

La Ley N° 31914, promovida inicialmente por Fuerza Popular, estableció que las municipalidades debían levantar cualquier clausura en un plazo máximo de 48 horas si el centro comercial presentaba documentación, independientemente de la gravedad de las deficiencias detectadas. Esta disposición prácticamente anuló la capacidad de supervisión de los gobiernos locales, dejando en evidencia un marco legal que privilegió los intereses económicos sobre la vida de las personas.

El congresista Alejandro Cavero, uno de los principales defensores de la ley, argumentó en su momento que esta buscaba proteger la inversión privada de los «alcaldes populistas». Sin embargo, tras la tragedia, intentó distanciarse de las consecuencias de la normativa que él mismo promovió, alegando que su objetivo era proteger a los empresarios de clausuras arbitrarias. No obstante, la realidad demostró que la ley limitó la capacidad de las autoridades para actuar ante riesgos inminentes.

La aprobación de la ley fue el resultado de un intenso lobby liderado por Fuerza Popular. El 10 de mayo de 2023, la bancada fujimorista presentó el proyecto N° 4952, que modificaba la Ley 28976 para regular las clausuras de establecimientos. Tras un debate en el Pleno del Congreso, presidido entonces por Alejandro Soto de Alianza para el Progreso, la iniciativa fue aprobada con 85 votos a favor y solo 19 en contra. Finalmente, el 28 de octubre de 2023, el Gobierno de Dina Boluarte promulgó la Ley N° 31914.

El congresista Alejandro Cavero, uno de los principales defensores de la ley, argumentó en su momento que esta buscaba proteger la inversión privada de los «alcaldes populistas».

Aunque la normativa establecía que los centros comerciales podían ser clausurados en caso de riesgo inminente para la vida, la salud o la seguridad, también permitía que estos reabrieran en 48 horas si presentaban documentación que «subsanara» las observaciones. Este mecanismo, en la práctica, dejó sin efecto la capacidad de las municipalidades para garantizar la seguridad pública.

La tragedia del Real Plaza Trujillo no solo expuso las fallas estructurales del centro comercial, sino también las consecuencias de una legislación que priorizó intereses económicos sobre la protección de vidas humanas. La sangre de las víctimas mancha no solo el concreto colapsado, sino también las páginas de una ley que debió proteger a los ciudadanos.

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¿Quién gobierna realmente Venezuela? Petróleo, poder y la creciente sombra de Washington sobre Caracas

Redactor

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Caracas, 2 de agosto de 2026.- La caída de Nicolás Maduro abrió una nueva etapa para Venezuela y, al mismo tiempo, un debate sobre el grado de influencia que Estados Unidos ejerce en la transición. Mientras Washington presenta el proceso como una salida democrática, reportes de TIME y Reuters apuntan a una coordinación estrecha entre el gobierno de Delcy Rodríguez y altos funcionarios estadounidenses, encabezados por Marco Rubio.

El petróleo vuelve a estar en el centro de la disputa. Venezuela, con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, sigue siendo un activo clave para la geopolítica energética. El regreso de empresas estadounidenses al sector y los acuerdos impulsados durante la transición han reforzado la percepción de que Washington busca asegurar una posición privilegiada sobre los recursos venezolanos.

Aunque no hay pruebas públicas concluyentes de un control jurídico directo de EE. UU. sobre el Estado venezolano, sí es evidente que la relación entre Caracas y Washington supera la diplomacia tradicional. La administración estadounidense mantiene una influencia significativa sobre decisiones económicas y financieras del nuevo gobierno.

La otra gran incógnita es política. Delcy Rodríguez ha dicho que habrá elecciones, pero todavía no existe un cronograma definido ni garantías claras para la participación de toda la oposición. La legitimidad del proceso dependerá de que los comicios sean libres, transparentes y reconocidos por la comunidad internacional.

Mientras tanto, la población venezolana sigue enfrentando pobreza, inflación y deterioro de los servicios públicos. En ese contexto, la verdadera prueba de la transición no será el discurso oficial, sino la mejora real en la vida de los ciudadanos.

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El voto de «supervivencia política» de Silvana Robles frente a sus procesos judiciales y cuestionamientos sobre su patrimonio

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Huancayo, 31 de julio 2026.- El voto de la senadora Silvana Robles, elegida por Juntos por el Perú, a favor de la Mesa Directiva encabezada por Fuerza Popular ha dejado de ser una simple controversia partidaria para convertirse en uno de los episodios políticos más discutidos del nuevo Congreso. Más allá de las acusaciones de «traición» lanzadas desde su propio sector, la investigación publicada por Hildebrandt en sus trece ha instalado otra hipótesis en el debate público: que la decisión respondió a un cálculo de supervivencia política frente a los procesos y cuestionamientos que pesan sobre la legisladora.

El reportaje del periodista Bruno Amoretti reúne testimonios, documentos y otros elementos sobre presuntos recortes de remuneraciones a trabajadores de su despacho parlamentario, además de información relacionada con el crecimiento de su patrimonio declarado y la adquisición de bienes durante los últimos años. Según la investigación, estos hechos configuran un contexto que habría colocado a Robles en una posición de alta vulnerabilidad política. La senadora, sin embargo, ha rechazado todas las acusaciones, sostiene que las pruebas fueron presentadas de manera parcial y afirma que colaborará con cualquier investigación para esclarecer los hechos.

Mientras las revelaciones generaban una fuerte reacción en la opinión pública, ocurrió otro hecho que llamó la atención. Los principales dirigentes de Fuerza Popular, el bloque político beneficiado con el voto de Robles, salieron públicamente en su defensa. Fernando Rospigliosi cuestionó que recién ahora se recuerden denuncias que, según dijo, ya eran conocidas antes de su elección. Cecilia Chacón defendió el voto secreto y criticó las presiones ejercidas contra la legisladora por no mostrar su cédula de votación. Otras voces del fujimorismo también pidieron respetar su decisión.

Ese respaldo político ha alimentado nuevas interrogantes. ¿Por qué dirigentes del partido que obtuvo la presidencia del Senado gracias al voto de Robles se han convertido en sus principales defensores? Hasta el momento no existe evidencia pública que demuestre un acuerdo entre la senadora y Fuerza Popular para influir en investigaciones o garantizar beneficios. Sin embargo, la coincidencia entre un voto decisivo y el respaldo inmediato de la nueva mayoría parlamentaria ha pasado a formar parte del debate político y periodístico.

En ese contexto, el concepto de «supervivencia política» cobra fuerza como una hipótesis de análisis. No se trata de afirmar que existió un pacto de impunidad, sino de preguntarse si una parlamentaria sometida a investigaciones y cuestionamientos pudo considerar que un acercamiento a la nueva mayoría fortalecía su posición política en un momento especialmente delicado, a través de la Comisión de Ética del Congreso y el Poder Judicial del Ejecutivo. Esa es la línea de interpretación que ha abierto la investigación periodística y que hoy concentra buena parte de la discusión pública.

Por su parte, Silvana Robles insiste en que nunca recortó remuneraciones a sus trabajadores, niega haber cometido irregularidades, sostiene que algunas personas mencionadas en el reportaje ni siquiera formaron parte de su despacho parlamentario y asegura que las conversaciones difundidas fueron sacadas de contexto. También expresó su disposición a colaborar con las autoridades para esclarecer los hechos.

Más allá de la disputa entre oficialismo y oposición, el caso refleja cómo una sola decisión parlamentaria puede modificar el equilibrio de poder y, al mismo tiempo, abrir interrogantes sobre los intereses que se mueven detrás de la política. La investigación de Hildebrandt en sus trece no concluye que existiera un acuerdo ilícito, pero sí plantea una hipótesis que hoy forma parte del debate nacional: si el voto de Silvana Robles fue producto de una convicción política o de una estrategia de supervivencia frente a los procesos y cuestionamientos que enfrenta. Esa es una pregunta cuya respuesta dependerá de las investigaciones y de las evidencias que puedan surgir en adelante.

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Sanciones de Trump contra Cuba: Un asedio que ahoga al pueblo en medio de una crisis humanitaria

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En un contexto de tensiones geopolíticas exacerbadas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado su política de «máxima presión» contra Cuba mediante una orden ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026, que impone aranceles adicionales a cualquier nación que suministre petróleo a la isla. Esta medida, declarada como una «emergencia nacional» por supuestos lazos de Cuba con países hostiles y grupos terroristas, busca cortar el flujo energético vital para la economía cubana, agravando un embargo que data de 1962. Sin embargo, analistas y críticos internacionales coinciden en que estas acciones no solo fallan en promover cambios políticos, sino que castigan directamente a la población civil, revelando un enfoque inhumano que prioriza la confrontación ideológica sobre el bienestar humano.

La justificación oficial de la administración Trump se centra en presionar al régimen cubano para que cese su apoyo a aliados como Rusia, China e Irán, pero en la práctica, estas sanciones energéticas han desencadenado un colapso inminente. Cuba, que ya enfrentaba una escasez crónica tras el corte de suministros venezolanos, ahora solo cuenta con reservas de petróleo para 15 a 20 días, según datos de expertos. Esto ha llevado a apagones masivos de hasta 20 horas diarias, paralizando el transporte público, la agricultura y el turismo –sectores clave que representan el sustento de millones. Críticos argumentan que Trump ignora deliberadamente el impacto desproporcionado en civiles, evocando tácticas de asedio que violan principios humanitarios básicos, como el acceso a energía esencial para la supervivencia.

Las consecuencias económicas para los cubanos son devastadoras: familias pierden alimentos por falta de refrigeración, hospitales operan con generadores precarios, y el desempleo se dispara en industrias como el turismo, donde hoteles cierran y aerolíneas internacionales suspenden vuelos por ausencia de combustible de aviación. Residentes en La Habana y otras provincias comparan esta crisis con el «Período Especial» de los 90, pero afirman que ahora es peor debido a la globalización de las sanciones, que disuaden incluso a aliados como México o Rusia de enviar ayuda. Esta situación no solo acelera la pobreza extrema y la migración irregular, sino que expone la hipocresía de una política que, bajo el pretexto de defender la democracia, genera hambre y desesperación en una población vulnerable, afectando desproporcionadamente a niños, ancianos y enfermos.

Desde América Latina, incluyendo Perú, las críticas a Trump no se han hecho esperar: gobiernos progresistas y organizaciones como la ONU condenan estas medidas como «genocidas» y unilaterales, argumentando que violan el derecho internacional y agravan desigualdades regionales. En Perú, donde la solidaridad con Cuba ha sido histórica a través de lazos culturales y políticos, analistas locales ven en esto un retroceso a la Guerra Fría que ignora el contexto pospandémico y las crisis migratorias compartidas. Rusia, por su parte, califica la situación de «crítica» y culpa directamente a Washington por un bloqueo que impide el desarrollo sostenible, mientras que en redes sociales, como en X, se reportan incidentes como el rechazo de Jamaica a un buque cubano por temor a represalias, ilustrando el alcance extraterritorial inhumano de estas políticas.

En última instancia, las decisiones de Trump no solo fallan en debilitar al gobierno cubano, sino que fortalecen narrativas de victimización y radicalizan posturas en la región. Para una web de noticias peruana, es imperativo cuestionar si esta estrategia de asfixia económica vale el costo humano, urgiendo a la comunidad internacional a priorizar el diálogo sobre el castigo colectivo. Mientras Cuba se acerca a un posible colapso humanitario, queda claro que políticas como estas no promueven la libertad, sino que perpetúan ciclos de sufrimiento innecesario, demandando una revisión urgente desde una perspectiva ética y global.

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