Actualidad
La triangulación de la vergüenza

Este lunes, el Gobierno de Dina Boluarte promulgó la ley que excluye de responsabilidad penal a los partidos políticos.
Esta Ley es una verdadera afrenta a la lucha contra la corrupción y la impunidad en el Perú. Es indignante ver cómo una iniciativa nefasta promovida inicialmente por Waldemar Cerrón de Perú Libre, con el pretexto ridículo de evitar la «criminalización» de los partidos, termina siendo aprobada y promulgada por la presidenta Dina Boluarte.
Esta norma no es más que un intento desesperado de Fuerza Popular, Perú Libre y otros partidos investigados por delitos graves como lavado de activos o financiamiento ilegal de campañas, de evadir la acción de la justicia y mantener intactas sus estructuras criminales. Es inaceptable que se modifique la ley para blindar a organizaciones políticas potencialmente corruptas, socavando los principios básicos del Estado de derecho.
La triangulación cínica entre el fujicerronismo corrupto y una presidenta que se hace llamar «democrática» ha dado como resultado esta ley inmoral que solo beneficia a las mafias enquistadas en los partidos tradicionales. Es clara la intención de proteger la intangibilidad de sus bienes y capitales mal habidos cuando sus militantes están siendo investigados. Esta norma abre las puertas a la impunidad y es un duro revés en la lucha contra la corrupción estructural que corroe al país.
Los peruanos de bien no podemos quedarnos callados ante este pacto desvergonzado, inmoral e indignante que busca encubrir los negociados de la partidocracia corrupta.
Economía
Perú en la encrucijada: El Escudo de las Américas de Marco Rubio divide al país entre cooperación y sumisión ante EEUU

Lima, 9 de septiembre de 2026. La llegada del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, al Perú coloca al gobierno de Keiko Fujimori ante una de sus primeras controversias de política exterior: la incorporación del país al denominado “Escudo de las Américas”, una iniciativa impulsada por la administración de Donald Trump para coordinar a gobiernos del continente contra el narcotráfico y el crimen organizado transnacional.
Rubio anunció el martes 8 de septiembre que Perú se incorporaba a esta arquitectura regional, antes de reunirse con Fujimori. La presidenta ya había comunicado desde agosto su interés en que el país formara parte de la iniciativa. El jueves 10, ambos tienen previsto reunirse en Palacio de Gobierno para abordar seguridad, lucha contra el crimen organizado, defensa, comercio, inversiones y cooperación frente al fenómeno El Niño.
El anuncio ha generado dos lecturas contrapuestas. Para el Ejecutivo, representa una oportunidad para ampliar la cooperación internacional frente al crimen organizado, el narcotráfico y otras amenazas transnacionales. Para sectores de izquierda y organizaciones críticas de la política exterior de Washington, supone un nuevo nivel de alineamiento con Estados Unidos y abre interrogantes sobre soberanía, autonomía estratégica y posibles compromisos militares.
El «Escudo de las Américas» busca articular a los gobiernos del continente en la lucha contra el narcotráfico, el tráfico de armas y la delincuencia transnacional. Sin embargo, su implementación en Perú se ha realizado sin debate parlamentario ni tratado formal, lo que ha generado desconfianza. La excongresista Margot Palacios lo calificó como una «entrega de territorio» y un retorno a la condición de «patio trasero», advirtiendo que el país podría quedar subordinado a los intereses geopolíticos de EE.UU.
Pero hay una pregunta que va más allá de la disputa ideológica: ¿qué significa jurídicamente que Perú haya ingresado al “Escudo de las Américas” y qué obligaciones concretas asumió el Estado?
Una incorporación anunciada, pero todavía bajo interrogantes jurídicos
La principal controversia ya no es si Perú entrará o no al mecanismo. Rubio confirmó públicamente su incorporación y el Gobierno peruano ha asumido esa decisión como parte de su política exterior.
Lo que permanece sin suficiente explicación pública son los alcances jurídicos, políticos y operativos de esa incorporación.
La preocupación llegó al Congreso. El Senado aprobó por unanimidad, con 52 votos, que el canciller Carlos Espá explique ante el Pleno la naturaleza jurídica de la incorporación, los compromisos asumidos, su compatibilidad con la soberanía nacional y las competencias constitucionales del Parlamento. La presentación fue programada para el 16 de septiembre.
La senadora Ruth Luque, una de las impulsoras de la iniciativa, planteó una pregunta central: si la incorporación ya constituye un hecho, ¿cuál es exactamente el instrumento jurídico que la sustenta y a qué se comprometió el Estado peruano? También se ha solicitado precisar si hubo evaluación del Consejo de Ministros y opiniones del Ministerio de Defensa, Ministerio del Interior y Policía Nacional.
Por ello, presentar el asunto simplemente como una adhesión realizada “sin debate parlamentario” resulta incompleto. Sí existe ahora un proceso de fiscalización parlamentaria, aunque el debate se produce después de que el Ejecutivo anunciara la incorporación.
La calle también responde
La controversia llegó este miércoles a las calles de Lima. Un grupo de manifestantes, compuesto por unas decenas de personas, se concentró en la Plaza San Martín para protestar contra la visita de Rubio y el ingreso peruano al “Escudo de las Américas”. Los participantes exhibieron pancartas con consignas como “¡Fuera Marco Rubio del Perú!” y “¡No al Escudo de las Américas!”.
La movilización había sido convocada previamente por el Partido Comunista del Perú–Patria Roja, que llamó a trabajadores, estudiantes e intelectuales a rechazar la visita del funcionario estadounidense.
En un pronunciamiento fechado el 9 de septiembre, Patria Roja rechazó la incorporación y sostuvo que la lucha contra el crimen organizado debe desarrollarse mediante una estrategia soberana y mecanismos de cooperación entre Estados en condiciones de igualdad. La organización también vinculó la discusión de seguridad con la disputa internacional por los minerales estratégicos y rechazó convertir al Perú en parte de una política de bloques frente a China u otros países.
Sin embargo, la evidencia disponible hasta el momento no muestra una movilización social masiva contra la visita. El rechazo callejero registrado este miércoles aparece, por ahora, como una expresión minoritaria, aunque políticamente significativa por el contenido de sus demandas.
El dato que cambia la historia: Perú ya era aliado principal de EE.UU.
Existe además un antecedente que no debería quedar fuera del análisis. El 14 de enero de 2026, Donald Trump designó oficialmente a Perú como Major Non-NATO Ally (MNNA), es decir, Aliado Principal Extra-OTAN. La determinación estadounidense señala que la medida busca ampliar la cooperación en seguridad entre ambos países y facilitar ámbitos como investigación y desarrollo, tecnología satelital, arrendamiento de material de defensa y cooperación antiterrorista.
Por tanto, el “Escudo de las Américas” no constituye el comienzo de la relación estratégica de seguridad entre Lima y Washington. Es un paso adicional dentro de un proceso iniciado antes del gobierno de Keiko Fujimori.
El propio Ministerio de Relaciones Exteriores peruano ya había señalado en julio que entre las prioridades de la nueva administración estaba reforzar la coordinación con países vecinos en materia de seguridad y continuar con la incorporación del Perú al “Escudo de las Américas”.
La cuestión de fondo pasa entonces de “¿Perú se está acercando a Estados Unidos?” a una pregunta más precisa: ¿hasta dónde llegará ese acercamiento y bajo qué condiciones?
Rubio, China y el puerto de Chancay
La visita tampoco puede analizarse exclusivamente desde la lucha contra el narcotráfico. En su gira por Colombia, Ecuador y Perú, Rubio ha colocado la relación con China entre las preocupaciones estratégicas de Washington. En el caso peruano, sus declaraciones hicieron referencia directa a inversiones chinas y a sectores considerados estratégicos.
Uno de los puntos sensibles es el puerto de Chancay, operado por COSCO Shipping, empresa estatal china. Rubio cuestionó públicamente el modelo de inversiones respaldadas por Beijing y sostuvo que determinados proyectos chinos pueden generar problemas de transparencia y seguridad.
La respuesta china no tardó. Su embajada en Lima defendió las inversiones de su país y afirmó que estas respetan la legislación peruana.
Así, detrás del discurso de cooperación contra el crimen organizado aparece una disputa mayor: la competencia entre Washington y Beijing por influencia económica, tecnológica, comercial y estratégica en América Latina. Y Perú ocupa una posición especialmente sensible por su relación simultánea con ambas potencias.
¿Seguridad contra el crimen o nueva arquitectura geopolítica?
El Gobierno estadounidense presenta el “Escudo de las Américas” como una herramienta para enfrentar amenazas transnacionales. La iniciativa fue lanzada por Trump en marzo de 2026 y reúne a gobiernos latinoamericanos interesados en coordinar acciones contra organizaciones criminales y redes vinculadas al narcotráfico.
Pero la iniciativa también tiene una dimensión geopolítica. La actual administración estadounidense busca reforzar su influencia en el hemisferio occidental y contener la creciente presencia de actores externos, especialmente China. La gira de Rubio por Colombia, Ecuador y Perú se desarrolla precisamente en ese contexto. Reuters ha descrito el recorrido como parte del esfuerzo de Washington por profundizar la cooperación antidrogas y reforzar su influencia regional.
El contraste regional también es revelador. En Colombia, la cooperación con Estados Unidos ya contempla asistencia en inteligencia, entrenamiento y equipamiento, mientras Ecuador mantiene una relación de seguridad todavía más intensa con Washington.
Eso convierte al caso peruano en un asunto que merece seguimiento: ¿el Escudo será para Lima principalmente un mecanismo de intercambio de información y cooperación policial, o terminará ampliándose hacia ámbitos militares, inteligencia, equipamiento y operaciones conjuntas? Esa respuesta todavía no está completamente expuesta.
Los actores y sus intereses
El Gobierno de Keiko Fujimori busca presentar el acercamiento como una respuesta a una preocupación concreta de la población: la expansión del crimen organizado, las extorsiones, el narcotráfico y otras formas de delincuencia transnacional.
Estados Unidos, por su parte, obtiene un socio estratégico en un país que ya posee la condición de Aliado Principal Extra-OTAN y que además ocupa una posición relevante en el Pacífico sudamericano.
La oposición de izquierda cuestiona que la seguridad pueda convertirse en una puerta de entrada para compromisos geopolíticos más amplios. Senadores de Ahora Nación y Juntos por el Perú han solicitado conocer los alcances jurídicos y operativos de la incorporación y sus eventuales efectos sobre la soberanía.
China representa el tercer actor de esta ecuación. Beijing tiene importantes intereses económicos en Perú y observa con atención el nuevo acercamiento entre Lima y Washington.
En consecuencia, el debate ya no es solamente Perú contra Estados Unidos. El verdadero escenario es triangular: Lima intenta fortalecer su seguridad mientras se encuentra en medio de la competencia estratégica entre Washington y Beijing.
Lo que todavía falta saber
La investigación sobre el “Escudo de las Américas” debería concentrarse ahora en documentos y decisiones concretas:
- ¿Cuál es el instrumento jurídico que formaliza la incorporación del Perú?
- ¿Qué compromisos específicos asumió el Ejecutivo?
- ¿Existe intercambio de inteligencia y bajo qué reglas de protección de información?
- ¿Se contempla participación de las Fuerzas Armadas peruanas en operaciones conjuntas?
- ¿Puede ingresar personal militar estadounidense al territorio peruano bajo este mecanismo o se requiere autorización independiente?
- ¿Qué papel tendrán el Congreso, el Ministerio de Defensa, el Ministerio del Interior y la Policía Nacional?
- ¿Existen compromisos relacionados con infraestructura estratégica, minerales críticos, tecnología o inversiones?
- ¿La cooperación está limitada a la lucha contra el crimen o incorpora explícitamente objetivos geopolíticos frente a China, Irán u otros actores?
Estas preguntas adquieren mayor importancia porque el Congreso ya ha solicitado respuestas oficiales al canciller.
Cooperación o subordinación: la pregunta sigue abierta
La evidencia disponible permite afirmar que Perú está profundizando su asociación estratégica con Estados Unidos. También permite afirmar que el Gobierno de Fujimori considera esa relación un instrumento para enfrentar problemas de seguridad y fortalecer la posición internacional del país.
Lo que todavía no permite afirmar, sin mayores pruebas, es que la incorporación al “Escudo de las Américas” implique por sí misma una pérdida de soberanía o una subordinación militar del Perú.
Ese es precisamente el punto que debe investigarse.
La discusión no debería reducirse a consignas de “entreguismo” o “alianza estratégica”. La verdadera prueba será documental: qué firmó Perú, qué obligaciones aceptó, quién las negoció, qué controles institucionales existen y cuáles son los límites de la cooperación con Washington.
El próximo hito será la presentación del canciller Carlos Espá ante el Senado, el 16 de septiembre. Allí el Gobierno tendrá que explicar aquello que hasta ahora permanece parcialmente opaco: qué significa, en términos jurídicos y operativos, que Perú ya forme parte del “Escudo de las Américas”.
Mientras tanto, la visita de Rubio deja una conclusión preliminar: el debate sobre seguridad está empezando a mezclarse con otro mucho más profundo, el de la posición del Perú frente a la disputa de poder entre Estados Unidos y China en América Latina.
Actualidad
Facultades legislativas para Keiko Fujimori: oposición plantea observaciones serias a la solicitud de delegación de facultades

El pedido del Ejecutivo por 120 días y unas 66 materias aún no llega al Pleno. Varias comisiones de Diputados han rechazado o cuestionado la propuesta y plantean limitarla a asuntos urgentes.
Lima, 9 de setiembre de 2026.- La solicitud de delegación de facultades legislativas presentada por el gobierno de Keiko Fujimori enfrenta observaciones serias en la Cámara de Diputados. El Ejecutivo busca recibir autorización para legislar durante 120 días calendario sobre alrededor de 66 materias, pero el pedido todavía no ha sido sometido a votación en el Pleno y encuentra resistencia en varias comisiones parlamentarias.
El trámite se encuentra en una etapa decisiva. Las comisiones especializadas deben emitir sus opiniones y la Comisión de Constitución deberá elaborar el predictamen que determine qué materias podrían llegar finalmente al Pleno. Si la Cámara de Diputados aprueba el proyecto, este deberá continuar su recorrido en el Senado.
Oposición cuestiona amplitud del pedido
Las principales objeciones están relacionadas con la amplitud y falta de precisión de determinadas materias. Durante las sesiones de las comisiones, diputados de oposición han cuestionado que el Ejecutivo pretenda concentrar en una sola delegación asuntos que abarcan seguridad ciudadana, control migratorio, reforma penitenciaria, economía, minería, producción, transporte, vivienda, trabajo, modernización del Estado y transformación digital, entre otros.
El cuestionamiento no implica necesariamente un rechazo a todas las facultades. Una posición que viene ganando espacio consiste en aprobar únicamente aquellas medidas consideradas urgentes, especialmente las vinculadas con seguridad ciudadana sin afectar las libertades personales y colectivas, y la respuesta frente al fenómeno El Niño. Mientras tanto, los ciudadanos que apoyaron opciones diferentes que las propuestas de Keiko Fujimori mantienen atentos al desarrollo de las negociaciones, posturas y observaciones.
La discusión, por tanto, empieza a trasladarse desde la pregunta de si el Congreso otorgará facultades al Ejecutivo hacia otra más concreta: qué facultades estaría dispuesto a delegar y bajo qué límites.
Varias comisiones plantean observaciones de fondo
El escenario resulta especialmente complicado para el oficialismo porque algunas de las objeciones se han producido incluso en comisiones presididas por integrantes de Fuerza Popular.
En la Comisión de Energía y Minas, el informe adverso al pedido del Ejecutivo fue aprobado por una clara mayoría. Los parlamentarios cuestionaron la delegación en materias vinculadas con minería, hidrocarburos, electricidad y otros asuntos sectoriales que consideran de especial trascendencia.
En Producción, el informe favorable tampoco consiguió los votos necesarios. La propuesta fue rechazada por 10 votos contra 8, con una abstención.
Una situación similar se produjo en la Comisión de Infraestructura, Vivienda y Transportes, donde el informe fue rechazado por 11 votos contra 6, mientras que la Comisión de Ciencia, Innovación Tecnológica y Sociedad Digital también rechazó el informe favorable.
La Comisión de Trabajo se sumó igualmente a las posiciones críticas frente a la delegación solicitada por el Ejecutivo. Este es uno de los temas de cuestionamiento más serio, agravado por la desconfianza que inspira el gobierno de corte capitalista neoliberal, que ahora pretende alinear al país a favor de EEUU olvidando otro socio internacional igualmente importante como China.
El patrón resulta políticamente relevante: Fuerza Popular no cuenta con una mayoría automática en todas las comisiones para aprobar sin modificaciones el paquete planteado por el Gobierno.
Constitución, el principal escenario de negociación
El 9 de septiembre, el premier Luis Galarreta acudió a la Comisión de Constitución acompañado de ministros para sustentar la solicitud.
Durante la sesión, distintos diputados pidieron al Ejecutivo precisar y delimitar las materias sobre las cuales pretende legislar. El debate puso especial atención en aquellas propuestas que exceden los ámbitos considerados de emergencia, como la seguridad ciudadana y la atención de los efectos del fenómeno El Niño.
La Comisión de Constitución se convierte así en un punto clave para determinar el contenido que finalmente podría llegar al Pleno. Se sabe que el líder de Buen Gobierno Jorge Nieto Montesinos sostuvo reuniones poco públicas con sectores conservadores del gobierno de Keiko Fujimori, ante la atenta vigilancia ciudadana. Pronto se sabrá a cambio de qué sus parlamentarios votaron a favor de las facultades solicitadas por el fujimorismo.
Su predictamen tendrá que recoger las opiniones de las comisiones especializadas, pero también establecer los límites jurídicos y materiales de la delegación.
Seguridad sí, cheque en blanco no
La resistencia parlamentaria no significa necesariamente que exista una oposición generalizada a otorgar herramientas extraordinarias al Ejecutivo. Pero existen observaciones de fondo por las generalidades planteadas y la desconfianza fundada en un gobierno hereditario del régimen fujimontesinista de los 90.
La seguridad ciudadana aparece como uno de los ámbitos con mayores posibilidades de alcanzar consenso. También existe mayor receptividad frente a medidas relacionadas con la prevención y respuesta ante el fenómeno El Niño.
El problema surge cuando el Ejecutivo pretende incorporar dentro del mismo paquete reformas económicas, tributarias, laborales, productivas, mineras y de modernización estatal.
Para sectores de la oposición, estos asuntos requieren mayor discusión parlamentaria y no deberían ser incluidos dentro de una delegación amplia y poco delimitada.
Economía todavía puede modificar el escenario
La Comisión de Economía todavía debe definir su posición sobre las materias económicas y tributarias.
El debate adquiere especial importancia porque una eventual opinión favorable o desfavorable puede modificar el equilibrio que se viene construyendo en torno al pedido presidencial.
Por ello, el resultado de las próximas sesiones será determinante para conocer si el Ejecutivo tendrá que negociar una versión sustancialmente reducida de su solicitud.
El Gobierno enfrenta una negociación política
Hasta el 9 de septiembre, no existe una votación definitiva en el Pleno de Diputados. Tampoco existe, por tanto, una decisión del Senado. El proceso continúa en comisiones y la Comisión de Constitución deberá definir el predictamen antes de que el proyecto pueda ser debatido por el Pleno.
El Ejecutivo ha defendido la necesidad de contar con facultades para acelerar medidas frente a la inseguridad y otros problemas urgentes. Sin embargo, las votaciones registradas hasta ahora muestran que el Congreso no parece dispuesto a otorgar automáticamente las 66 materias solicitadas, porque se pretende modificar las normas sobre los recursos naturales, concesiones privadas y extranjeras, derechos laborales, flexibilización para la banca y las finanzas, y no así para acabar con los factores de la inseguridad.
El escenario apunta a una negociación política en la que el Gobierno deberá decidir cuánto está dispuesto a recortar de su propuesta para conseguir los votos necesarios.
ambién pretenderían utilizar las asignaciones presupuestales en el marco de la Ley de Presupuesto 2027 y los cargos públicos en el Ejecutivo para lograr la aprobación de las facultades solicitas, que conforme se pronuncien los líderes y el sentido de los votos de los parlamentarios de OBRAS, Ahora Nación, Buen Gobierno y Juntos por el Perú, los peruanos se enterarán cómo le dieron carta blanca a pesar de las observaciones y cuestionamiento públicos, renunciando a las facultades legislativas del que gozan.
La batalla que viene
La discusión sobre las facultades legislativas será también una primera prueba de la relación entre el nuevo Ejecutivo y el Congreso bicameral. El pueblo peruano, sobre todo los trabajadores, los campesinos, pueblos originarios e indígenas serán testigos de qué lado están los congresistas de «oposición».
Si la oposición consigue mantener la actual correlación de fuerzas, el pedido podría llegar al Pleno con una cantidad considerablemente menor de materias que las planteadas originalmente.
Para el gobierno de Keiko Fujimori, el desafío será conseguir facultades suficientes para implementar sus prioridades sin que la amplitud de la solicitud termine convirtiéndose en el principal obstáculo para su aprobación.
Por ahora, no hay facultades aprobadas. Hay una negociación abierta y un Congreso que está poniendo límites al pedido del Ejecutivo.
Agricultura
Precio del azúcar se dispara 45% y ya golpea a consumidores y comerciantes en Perú

El azúcar rubia nacional a granel pasó de S/2,10 a S/3,05 por kilo en los mercados mayoristas entre el 5 de agosto y el 4 de setiembre. Comerciantes reportan que el saco de 50 kilos llega hasta S/190.
La Libertad, 9 de setiembre de 2026.- El precio del azúcar viene registrando un fuerte incremento en el mercado peruano y la subida ya comienza a trasladarse a los consumidores. De acuerdo con los precios reportados por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri), el mayor aumento corresponde al azúcar rubia nacional a granel, cuyo precio mayorista se incrementó 45% en menos de un mes.
Entre el 5 de agosto y el 4 de setiembre, el kilo pasó de S/2,10 a S/3,05, una diferencia de S/0,95 por kilo. En el caso de la venta por saco, comerciantes reportaron que el precio de 50 kilos pasó de aproximadamente S/114 a S/170, mientras que en algunos canales comerciales se ofrece incluso hasta en S/190.
El alza ya llegó a los mercados minoristas
El incremento registrado en los centros mayoristas también empieza a sentirse en los puntos de venta. En Lima, el precio minorista del azúcar rubia pasó de S/3,04 a S/3,55 por kilo, lo que representa un aumento de alrededor de 17%.
La azúcar blanca nacional también registró una subida, aunque menor. En los mercados mayoristas pasó de S/2,47 a S/2,97 por kilo, un incremento de 20%; mientras que en los mercados minoristas de Lima aumentó de S/3,74 a S/4,11.
Para las familias, el impacto puede parecer pequeño cuando se observa solamente el precio de un kilo. Sin embargo, la situación adquiere otra dimensión cuando el azúcar forma parte de las compras habituales de los hogares y cuando el aumento se suma a las variaciones de otros alimentos.
¿Por qué está subiendo el precio?
La explicación todavía no es única. Productores azucareros consultados por RPP descartaron, por el momento, que el Fenómeno El Niño esté afectando directamente los cultivos de caña en el norte del país. Según sus declaraciones, las plantaciones se encuentran en condiciones para la cosecha.
Uno de los factores señalados está relacionado con el mercado internacional. Luis Cruz Cuadros, gerente general de Conveagro, explicó que el azúcar es un commodity y que las variaciones de las cotizaciones internacionales pueden repercutir en el mercado peruano.
El índice de precios de los alimentos de la FAO registró en agosto un incremento de 1,9% respecto de julio y, dentro de ese indicador, el azúcar fue el producto que más aumentó, con una subida de 11,9% durante el mes. No obstante, este comportamiento internacional no significa que el precio peruano tenga que aumentar automáticamente ni en la misma proporción.
Productores cuestionan el precio que reciben por la caña
El incremento también abrió otro frente de preocupación: la diferencia entre el precio que paga el consumidor y el ingreso que reciben los productores por la materia prima.
Dirigentes agrícolas señalaron que productores de Lambayeque acudieron al Midagri para expresar su preocupación por esta situación. Alberto Salinas Barba, presidente de la Asociación de Productores de Caña, indicó que algunos compradores ofrecen actualmente entre S/50 y S/60 por tonelada de caña y sostuvo que una tonelada permite obtener aproximadamente 120 kilos de azúcar, además de derivados como melaza y bagazo.
El cuestionamiento apunta, por tanto, no solamente al precio final del azúcar, sino también a cómo se distribuye el valor generado dentro de la cadena productiva.
Un mercado que requiere seguimiento
El aumento del azúcar plantea un doble desafío: evitar que una subida coyuntural termine profundizándose y determinar con mayor precisión qué factores están detrás de la variación de precios en cada eslabón de la cadena.
El Midagri mantiene información sobre la evolución de los precios mayoristas y el mercado azucarero, mientras que el comportamiento internacional constituye otro indicador relevante para seguir la tendencia.
Por ahora, los datos muestran un hecho concreto: el azúcar rubia nacional ya cuesta significativamente más en los mercados mayoristas y una parte de ese incremento comienza a llegar al consumidor. La evolución durante las próximas semanas permitirá determinar si se trata de un repunte temporal o del inicio de una tendencia más prolongada.
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