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Irak: 23 años después de la invasión de EE.UU., la última tropa estadounidense abandona el país

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La intervención que comenzó en 2003 con el derrocamiento de Saddam Hussein atravesó ocupación, insurgencia, retirada, retorno para combatir al Estado Islámico y una nueva salida. Este 30 de septiembre termina la misión militar estadounidense en Irak, pero no todas las consecuencias políticas y de seguridad de aquella guerra.

Irak, 29 de setiembre de 2026.- Veintitrés años después de que Estados Unidos y sus aliados iniciaran la invasión de Irak, Washington completó este miércoles 30 de septiembre de 2026 la retirada de sus últimas fuerzas militares del país. Los últimos efectivos abandonaron una base aérea en Erbil, en la región autónoma del Kurdistán iraquí, en cumplimiento del proceso acordado entre Bagdad y Washington.

La operación militar que comenzó el 20 de marzo de 2003 tenía como objetivo declarado por Washington y sus aliados acabar con la amenaza que atribuían al régimen de Saddam Hussein. Las fuerzas de la coalición entraron en Irak y tomaron Bagdad el 9 de abril. Poco después, Estados Unidos estableció la Autoridad Provisional de la Coalición para administrar el país mientras se organizaba una transición política.

Pero la caída de Hussein no significó el final de la guerra. La desaparición del régimen abrió un prolongado periodo de insurgencia, violencia sectaria y debilitamiento institucional. La propia investigación británica sobre la guerra concluyó posteriormente que los riesgos de conflicto interno, inestabilidad regional y actividad de Al Qaeda en Irak habían sido advertidos antes de la invasión y que no fueron considerados adecuadamente en la planificación posterior.

Las armas que no aparecieron

Uno de los principales argumentos utilizados para justificar la intervención fue la supuesta existencia de armas de destrucción masiva y programas destinados a desarrollarlas. Las investigaciones posteriores cuestionaron seriamente la calidad de la inteligencia utilizada para sustentar esas afirmaciones. El informe de la investigación británica sobre Irak concluyó que la fiabilidad de la información sobre esas armas había sido sobrevalorada y que las evaluaciones resultaron erróneas.

La ausencia de los arsenales que se habían presentado como una amenaza central se convirtió en uno de los mayores problemas políticos de la intervención. La investigación Chilcot también cuestionó la preparación para la etapa posterior al derrocamiento de Hussein y señaló que la planificación de la reconstrucción y la transición política enfrentó dificultades que habían sido advertidas previamente.

Estados Unidos se fue en 2011, pero regresó en 2014

Washington retiró sus fuerzas de combate de Irak a finales de 2011. El acuerdo bilateral establecía que las tropas estadounidenses debían abandonar el territorio iraquí antes del 31 de diciembre de ese año. Sin embargo, la retirada no significó el cierre definitivo de la intervención estadounidense.

El vacío de seguridad y las disputas políticas internas contribuyeron al fortalecimiento de grupos insurgentes. El Estado Islámico de Irak y Siria, conocido como ISIS o ISIL, aprovechó la inestabilidad y la guerra en la vecina Siria. En 2014, la organización conquistó amplias zonas de Irak y Siria, obligando a Estados Unidos a regresar militarmente al país como parte de una coalición internacional contra el grupo.

Así comenzó otra etapa de la presencia estadounidense: ya no para derrocar al gobierno iraquí, sino para combatir al Estado Islámico y apoyar a las fuerzas de seguridad locales. Aunque ISIS perdió su control territorial en Irak, Washington mantuvo efectivos, asesores y capacidades de inteligencia como parte de la operación internacional contra la organización.

La última retirada

En 2024, Estados Unidos e Irak acordaron una transición en dos fases. La primera contemplaba el cierre de la misión militar de la coalición contra ISIS dentro de Irak; la segunda permitía mantener determinadas capacidades relacionadas con las operaciones contra el grupo en Siria desde territorio iraquí hasta septiembre de 2026.

Ese proceso llegó a su punto final este miércoles. El Pentágono confirmó que las fuerzas estadounidenses completaron su salida de Irak, mientras Washington y Bagdad pasan a una relación de seguridad basada principalmente en cooperación bilateral, entrenamiento e intercambio de inteligencia. La retirada marca así el final de la misión militar estadounidense en territorio iraquí, aunque Estados Unidos mantiene capacidades y operaciones relacionadas con la lucha contra ISIS en la región.

Una nueva ecuación para Irak

La salida estadounidense devuelve al Estado iraquí una responsabilidad mayor sobre su propia seguridad, pero también abre interrogantes sobre el equilibrio de fuerzas dentro del país. Reuters informó que sectores iraquíes celebraron la retirada mientras otros expresaron preocupación por un posible vacío de seguridad y por la capacidad de grupos vinculados a Irán o remanentes del Estado Islámico para aprovechar la nueva situación.

El cambio también tiene una dimensión regional. Durante más de dos décadas, la presencia militar estadounidense fue uno de los principales factores que condicionaron la política de seguridad iraquí y el equilibrio entre Washington, Teherán y las distintas fuerzas políticas y armadas del país. Con la salida de las últimas tropas, Irak entra en una etapa en la que su gobierno deberá sostener el control territorial y enfrentar las amenazas internas con menor presencia militar extranjera directa.

El final de una guerra que no termina en 2003

La cronología explica por qué la retirada de 2026 no puede analizarse como un acontecimiento aislado. La secuencia comenzó con la invasión de 2003, continuó con la administración de la ocupación, la insurgencia y la violencia sectaria, pasó por la retirada de 2011 y desembocó en el regreso de las tropas estadounidenses en 2014 para combatir al Estado Islámico.

El 30 de septiembre de 2026 termina formalmente esa última misión militar estadounidense en Irak. Pero las consecuencias de la intervención iniciada en 2003 —la transformación del sistema político iraquí, el debilitamiento y posterior reconstrucción de sus instituciones de seguridad, la expansión de la influencia iraní y el surgimiento del Estado Islámico— continúan formando parte del escenario regional. Por ello, el acontecimiento de esta semana representa menos un punto final de la historia iraquí que el cierre de un prolongado capítulo de presencia militar estadounidense.

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Francia: protestas estudiantiles se extienden por el país y aumentan las denuncias de violencia policial

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Francia, 09 de octubre de 2026.- Miles de estudiantes de secundaria y universitarios exigen mejores condiciones educativas, más docentes y una inversión sostenida en la enseñanza pública. Los bloqueos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad han elevado la tensión, mientras el Gobierno anuncia medidas que los manifestantes consideran insuficientes.

Las protestas estudiantiles en Francia se han extendido desde mediados de septiembre de 2026 y han puesto bajo presión al Gobierno de Emmanuel Macron. Lo que comenzó como una movilización contra las deficiencias de un liceo de la periferia de París se convirtió en un movimiento nacional que cuestiona las condiciones de la educación pública, la desigualdad entre centros educativos y la respuesta policial frente a las manifestaciones.

Escasez de docentes y deterioro de los centros educativos

El movimiento comenzó en el liceo Saint-Exupéry, en Créteil, en la región parisina, donde las reclamaciones por la falta de personal y las deficiencias de infraestructura movilizaron a estudiantes y docentes. Posteriormente, las protestas se extendieron a otros establecimientos, con bloqueos, interrupciones de clases y concentraciones en distintas ciudades. Según Le Monde, el 1 de octubre más de 1.000 centros educativos se habían sumado a las movilizaciones.

Los estudiantes denuncian aulas saturadas, vacantes docentes sin cubrir, instalaciones deterioradas, baños inutilizables y problemas de ventilación. También cuestionan la sobrecarga de horarios y la falta de recursos para atender las necesidades académicas y de bienestar de los alumnos. Las deficiencias, sostienen los manifestantes, afectan especialmente a los centros de zonas desfavorecidas, donde las desigualdades sociales se reflejan en las condiciones de aprendizaje.

Las movilizaciones alcanzan universidades y centros históricos

París se ha convertido en uno de los principales focos de las protestas, junto con otras ciudades como Toulouse y Montpellier. La movilización también ha alcanzado el ámbito universitario, donde los estudiantes cuestionan las dificultades de acceso, la financiación y las condiciones de vida durante sus estudios. Los bloqueos de campus y las interrupciones de actividades académicas evidencian que el conflicto supera las demandas de los alumnos de secundaria.

La incorporación de instituciones de larga tradición ha ampliado el alcance simbólico del movimiento. Entre ellas figura la École nationale des Chartes, institución parisina especializada en historia y archivística, cuyos estudiantes participaron en acciones de bloqueo en apoyo a las reivindicaciones estudiantiles y contra la violencia policial. Su incorporación resulta significativa por el perfil académico de la institución, aunque la afirmación de que se trata de un hecho inédito en toda su historia requiere una verificación documental independiente.

Multitudinarias marchas y enfrentamientos con la Policía

La movilización alcanzó uno de sus puntos más altos el 6 de octubre. De acuerdo con Associated Press, más de 266.000 personas participaron en las manifestaciones celebradas en todo el país, mientras que las autoridades informaron de cerca de 500 detenciones durante esa jornada. Las cifras muestran la magnitud del conflicto, aunque deben distinguirse los balances oficiales de las estimaciones de los organizadores.

Dos días después, el 8 de octubre, el Ministerio del Interior contabilizó 71.500 participantes en las protestas nacionales, incluidos 24.500 en París. La jornada estuvo marcada por nuevos enfrentamientos, uso de gases lacrimógenos y detenciones. También se reportaron incidentes en distintas localidades, entre ellos daños en instalaciones educativas y agresiones contra personal escolar, hechos que las autoridades condenaron.

Denuncias por uso de la fuerza contra menores

La actuación policial se ha convertido en otro de los principales motivos de indignación. Reuters informó el 10 de octubre de investigaciones por lesiones graves sufridas por manifestantes, incluidos menores de edad, durante intervenciones de las fuerzas de seguridad. Entre los casos reportados figura el de un adolescente de 14 años que sufrió fracturas y lesiones dentales después de recibir el impacto de un proyectil de gas lacrimógeno.

Según el mismo medio, la inspección general de la Policía Nacional francesa examina 24 casos relacionados con lesiones provocadas durante las operaciones de control de las protestas. Las autoridades han reportado heridos entre manifestantes y agentes, mientras organizaciones de derechos humanos cuestionan el uso de determinadas armas antidisturbios. Estas denuncias han intensificado las exigencias de investigación y rendición de cuentas, sin que ello elimine la responsabilidad de investigar los actos de violencia cometidos durante las manifestaciones.

El Gobierno promete más profesores, pero persiste el desacuerdo

Ante la expansión de las protestas, el Gobierno anunció el despliegue de aproximadamente 3.000 docentes suplentes y otras medidas para responder a los problemas de los centros educativos. El primer ministro, Sébastien Lecornu, se comprometió a buscar soluciones financiadas y el Ministerio de Educación anunció acciones relacionadas con las condiciones escolares y el acceso a la universidad.

Sin embargo, los representantes estudiantiles y sectores sindicales consideran que las medidas anunciadas no resuelven las causas estructurales del conflicto. Las demandas incluyen mayor inversión pública, reducción de la saturación de las aulas, reparación de edificios y cambios en los mecanismos de acceso a la educación superior, incluido Parcoursup, el sistema de admisión universitaria francés. La discusión también se desarrolla en medio de las restricciones presupuestarias que enfrenta el Estado.

Una crisis educativa con implicaciones políticas

Las manifestaciones han recibido respaldo de familias, sindicatos y otros sectores sociales. Aunque las reivindicaciones educativas siguen siendo el eje central, la respuesta policial y las críticas a las políticas gubernamentales han ampliado el debate hacia las desigualdades sociales y el papel del Estado en la garantía de los servicios públicos.

El desafío para las autoridades consiste en atender las demandas verificables de la comunidad educativa y esclarecer las denuncias sobre el uso de la fuerza, sin confundir las movilizaciones pacíficas con los actos de violencia registrados en algunos lugares. Los estudiantes, por su parte, mantienen la presión para obtener compromisos concretos y medidas que vayan más allá de los anuncios inmediatos. La evolución de las próximas jornadas permitirá evaluar si el diálogo reduce la tensión o si el conflicto continúa extendiéndose.

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Quito: estudiantes y organizaciones sociales marchan contra Noboa y exigen respuestas por la crisis de los servicios públicos

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La movilización partió de la Universidad Central del Ecuador y avanzó hacia el centro histórico. Los manifestantes corearon “¡Fuera Noboa, fuera!” y denunciaron problemas en salud, educación, empleo y seguridad. El paso hacia el Palacio de Carondelet fue bloqueado.

Quito, 09 de octubre de 2026.- Estudiantes universitarios y organizaciones sociales se movilizaron este sábado 10 de octubre en la capital ecuatoriana para expresar su rechazo al Gobierno del presidente Daniel Noboa. La protesta, convocada por el Frente Autónomo de Resistencia Organizada (FARO) y colectivos estudiantiles, trasladó a las calles el descontento por la situación de los servicios públicos y las condiciones económicas y sociales del país.

La jornada comenzó en los exteriores de la Universidad Central del Ecuador y continuó por vías como las avenidas América y 10 de Agosto. Los manifestantes tenían previsto llegar al Palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, ubicado en el centro histórico de Quito. Sin embargo, el acceso fue impedido a la altura del Banco Central y parte de la columna se replegó hacia el norte, en dirección a la Asamblea Nacional. La movilización fue reportada por medios ecuatorianos como una protesta de estudiantes y colectivos sociales contra el Gobierno.

Reclamos por salud, educación y empleo

Entre las principales consignas destacó el grito de “¡Fuera Noboa, fuera!”, dirigido al mandatario. Los participantes portaron banderas, carteles y tambores mientras cuestionaban la gestión gubernamental en áreas consideradas prioritarias, entre ellas el abastecimiento de medicamentos e insumos en los establecimientos de salud, la educación pública, la falta de empleo y la inseguridad.

Los reclamos no se limitaron a una demanda política contra el presidente. La movilización también expresó malestar por problemas que afectan la vida cotidiana de la población, en un escenario de cuestionamientos al manejo de los recursos públicos y a la capacidad del Ejecutivo para responder a las necesidades sociales.

La protesta de este sábado se produjo dos días después de otra jornada de movilización encabezada por sindicatos y organizaciones sociales. El jueves 8 de octubre, trabajadores, docentes y otros colectivos salieron a las calles de Quito y de otras ciudades ecuatorianas para exigir mejoras en salud, educación, empleo y seguridad. La continuidad de las manifestaciones muestra que las demandas sociales se mantienen activas y reúnen a sectores con agendas distintas, pero con cuestionamientos coincidentes al Gobierno.

El centro histórico, punto de tensión

El recorrido hacia la Plaza Grande encontró restricciones cuando los manifestantes intentaron aproximarse a Carondelet. Según los reportes publicados durante la jornada, las autoridades impidieron el paso en el sector del Banco Central, por lo que los participantes modificaron su desplazamiento. La situación generó interrupciones y restricciones temporales del tránsito en algunos tramos.

Aunque algunas informaciones mencionaron momentos de tensión durante la jornada, los reportes consultados no permiten establecer con suficiente precisión el alcance de posibles enfrentamientos ni confirmar un balance oficial de personas heridas o detenidas. Por ello, cualquier cifra sobre estos hechos requiere una verificación adicional.

Una protesta en medio del feriado nacional

La movilización se desarrolló durante el feriado por la Independencia de Guayaquil, que se conmemora el 9 de octubre. La fecha coincidió con una semana de actividad sindical y estudiantil en la que distintas organizaciones expresaron su rechazo a políticas del Ejecutivo y reclamaron respuestas concretas a sus demandas.

La convocatoria de FARO y los colectivos universitarios incorporó una expresión de rechazo directo a la continuidad de Noboa en el poder. Sin embargo, la magnitud de la asistencia debe describirse con cautela: mientras algunas versiones hablaron de una participación numerosa, otros medios reportaron la presencia de cientos de estudiantes. No se dispone de un conteo independiente que permita establecer una cifra definitiva.

La marcha de Quito vuelve a colocar bajo presión al Gobierno ecuatoriano, que enfrenta cuestionamientos simultáneos en materia de servicios públicos, empleo y seguridad. La respuesta oficial a los reclamos, así como la eventual apertura de canales de diálogo con estudiantes y organizaciones sociales, será clave para determinar si las protestas se mantienen como jornadas puntuales o se articulan en una movilización de mayor alcance.

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Fujimorismo exhibe su rostro confrontacional en el Senado durante debate por facultades legislativas

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Un altercado entre el ministro del Interior, César Astudillo, el senador Iber Maraví y otros legisladores obligó a suspender temporalmente la sesión del 10 de octubre. El incidente reavivó las críticas contra el Gobierno de Keiko Fujimori, cuestionado por su presión política para obtener facultades legislativas.

Lima, 10 de octubre de 2026.- La disputa por las facultades legislativas solicitadas por el Gobierno de Keiko Fujimori escaló este sábado 10 de octubre a un enfrentamiento verbal en la Comisión de Constitución del Senado. El incidente involucró al ministro del Interior, César Astudillo; al senador Iber Maraví, de Juntos por el Perú; y a otros parlamentarios, y obligó a interrumpir temporalmente la sesión en la que se evaluaba la propuesta del Ejecutivo.

El episodio reforzó los cuestionamientos de sectores opositores sobre el comportamiento de representantes del oficialismo y sus aliados. Maraví calificó de prepotente la actuación que atribuyó al ministro y denunció un presunto intento de agresión física por parte del senador José Giampietri, de Renovación Popular. Estas últimas afirmaciones corresponden a la versión del legislador y no deben confundirse con una agresión físicamente acreditada.

El cruce comenzó con un cuestionamiento a la reforma policial

La confrontación se desencadenó durante la intervención de la senadora Ruth Luque, de Ahora Nación, quien cuestionó al titular del Interior por su posición frente a la necesidad de una reforma profunda de la Policía Nacional. La legisladora sostuvo que el ministro parecía tener miedo de reconocer esa necesidad, en el contexto de las medidas de seguridad que el Gobierno pretende implementar.

Astudillo reaccionó ante esas expresiones y reclamó que se retiraran, lo que provocó la intervención de Maraví. El senador pidió al presidente de la comisión, Carlos Mesía, que garantizara el uso de la palabra de Luque y llamara al orden al ministro. La discusión subió de tono y se extendió a otros participantes, entre ellos el titular de Justicia, Ernesto Álvarez, y el senador Giampietri.

Según el relato de Maraví, el ministro lo increpó de manera descortés y se produjeron gestos y expresiones que consideró intimidatorios. El legislador también denunció que Giampietri se acercó físicamente a él en una actitud que interpretó como una amenaza. El incidente llevó a suspender la sesión durante varios minutos; posteriormente, el debate fue retomado. La controversia quedó marcada por versiones enfrentadas sobre las responsabilidades de los participantes.

Fujimori respalda al ministro tras el incidente

Horas después, la presidenta Keiko Fujimori expresó su respaldo a Astudillo tras el altercado en el Senado. Su pronunciamiento trasladó la controversia al terreno político nacional y profundizó el enfrentamiento entre el Ejecutivo y sus críticos, que cuestionan tanto el tono de sus declaraciones como la forma en que sus representantes afrontan las discrepancias institucionales.

Para los sectores opositores, el incidente refleja una preocupante escalada de confrontación en un debate que debería concentrarse en la seguridad ciudadana, la reforma policial y la prevención del fenómeno El Niño. Las acusaciones de prepotencia y actitud matonesca forman parte de esa crítica política; su evaluación requiere distinguir los hechos observables, las declaraciones de cada participante y las responsabilidades que puedan establecerse.

De la “paciencia democrática” al enfrentamiento parlamentario

El episodio del Senado se suma a la controversia iniciada el 29 de septiembre, cuando Fujimori afirmó que el Congreso estaba “poniendo a prueba nuestra paciencia”. La mandataria defendió la urgencia de las medidas contra la delincuencia y sostuvo que su Gobierno actuaría “nos otorguen o no nos otorguen facultades”. También aseguró que “el único golpe que va a haber va a ser el golpe contra la criminalidad organizada”.

El premier Luis Galarreta había señalado que el Ejecutivo mantuvo “paciencia democrática y una actitud republicana hasta el momento” y pidió a las bancadas reconsiderar su posición. Sin embargo, los cuestionamientos de la oposición apuntaron a que ese lenguaje podía interpretarse como presión sobre el Legislativo para acelerar la aprobación de la delegación solicitada.

El Congreso recortó el pedido de 66 a 20 medidas

A finales de agosto, el Gobierno solicitó facultades para legislar durante 120 días sobre 66 medidas distribuidas en materias como seguridad ciudadana, fenómeno El Niño, simplificación administrativa, reforma del Estado, empleo, tributación, desarrollo productivo y vivienda. La amplitud de la propuesta generó resistencias parlamentarias, incluido un predictamen que recomendaba archivar el pedido completo.

Después de una sesión de más de 12 horas, el 6 de octubre la Cámara de Diputados aprobó una versión reducida: 20 medidas, circunscritas a seguridad ciudadana y prevención frente al fenómeno El Niño, con un plazo de 90 días. La votación final fue de 66 votos a favor, 34 en contra y 24 abstenciones. El texto pasó al Senado, donde el Ejecutivo buscaba recuperar parte de las atribuciones excluidas.

La Comisión de Constitución del Senado continuó el análisis el 10 de octubre, pero el altercado entre ministros y legisladores desplazó momentáneamente la discusión de sus aspectos técnicos hacia una confrontación política. Al cierre de la jornada, la comisión anunció que retomaría el debate el miércoles 14 de octubre, por lo que la delegación de facultades todavía no tenía una decisión definitiva del Senado.

La disputa pone a prueba la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo

El Gobierno de Fujimori enfrenta así dos desafíos simultáneos: obtener respaldo parlamentario para sus medidas de seguridad y contener una confrontación política que amenaza con desviar el debate de sus objetivos declarados. La delegación de facultades no constituye una autorización irrestricta para gobernar por decreto: su alcance depende de la aprobación legislativa y de los límites que establezca el Congreso.

Las críticas sobre una supuesta pérdida de la “careta democrática” expresan la interpretación de los sectores que consideran que el Ejecutivo pasó de invocar la paciencia institucional a ejercer presión pública y confrontarse con sus críticos. No obstante, el incidente del Senado, por sí solo, no demuestra una ruptura del orden constitucional; sí evidencia una escalada de tensión que exige explicaciones, respeto por las reglas parlamentarias y responsabilidad de todos los participantes.

El desenlace dependerá de la discusión que continúe en el Senado y de la capacidad de las fuerzas políticas para alcanzar acuerdos sin recurrir a intimidaciones ni descalificaciones. Mientras el Ejecutivo reclama herramientas para enfrentar la criminalidad, la controversia deja una pregunta central: ¿podrá el Gobierno demostrar que su defensa de la seguridad ciudadana es compatible con el respeto a la deliberación democrática?

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