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Keiko Fujimori ante la ONU: califica al crimen organizado de “terrorismo”, plantea apoyo militar frente a amenazas internas y ratifica alianza regional con Trump

La presidenta llevó a la Asamblea General de Naciones Unidas su nueva doctrina contra el crimen organizado: denominar terroristas a las redes criminales, ampliar el papel de las Fuerzas Armadas y profundizar la cooperación de seguridad con Estados Unidos.
Nueva York, 22 de setiembre de 2026.- La presidenta Keiko Fujimori convirtió su primera intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas en una exposición de su nueva estrategia de seguridad para el Perú. Este 22 de septiembre, ante la 81.ª Asamblea General, sostuvo que las organizaciones dedicadas al narcotráfico, la extorsión, la trata de personas, la minería ilegal y otras actividades ilícitas deben ser consideradas “grupos terroristas”.
No se trató únicamente de una descripción de la criminalidad existente. Fujimori planteó ante la comunidad internacional una nueva forma de interpretar la amenaza: sostuvo que el Perú enfrenta “otro tipo de guerra”, protagonizada por organizaciones que no tienen frentes de combate ni fronteras claramente delimitadas y que operan dentro de las propias poblaciones.
Del crimen organizado al “terrorismo”
La utilización del concepto de terrorismo para referirse a organizaciones criminales transnacionales constituye uno de los puntos de mayor alcance político de su discurso. Fujimori sostuvo que estas estructuras deben ser enfrentadas como enemigos del Estado democrático.
El planteamiento coloca en el centro una cuestión que trasciende el lenguaje político: qué consecuencias jurídicas tendría que determinadas organizaciones criminales sean formalmente consideradas terroristas y bajo qué legislación serían combatidas. La presidenta pidió precisamente un marco normativo que permita desarrollar esta estrategia.
Narcotráfico, minería ilegal, contrabando, trata, extorsión y asesinato fueron incluidos por Fujimori dentro de una amenaza común. Sin embargo, que una organización cometa delitos graves no determina por sí solo, jurídicamente, que pueda ser considerada una organización terrorista. Esa eventual calificación requeriría definiciones legales y criterios de aplicación concretos.
El siguiente paso: militares contra la amenaza interna
La segunda pieza de la propuesta es el papel de las Fuerzas Armadas. Fujimori pidió un marco normativo que permita que los militares apoyen a la Policía Nacional en la lucha contra estas organizaciones.
El planteamiento abre una discusión particularmente sensible en un país con la experiencia del conflicto armado interno: dónde termina la función policial y dónde comienza la intervención militar; qué reglas de uso de la fuerza se aplicarían; quién asumiría el control operativo y bajo qué circunstancias una organización criminal podría ser tratada como una amenaza de carácter militar.
La presidenta no planteó simplemente reforzar a la Policía. Su discurso vinculó la respuesta militar con la caracterización de determinadas organizaciones como “grupos terroristas”. Por ello, el debate que ahora corresponde al Ejecutivo y al Congreso no será únicamente presupuestal o operativo, sino también jurídico y constitucional.
La memoria de los años 90 vuelve al discurso de seguridad
Fujimori conectó esta nueva estrategia con la lucha contra Sendero Luminoso. Ante la ONU defendió a militares y policías que combatieron el terrorismo durante los años 90 y cuestionó que, 34 años después, algunos continúen enfrentando procesos judiciales.
La presidenta afirmó que en esos casos se habrían producido vulneraciones del debido proceso. Sin embargo, esa afirmación política no sustituye las decisiones de los tribunales ni permite asumir que todos los procesos contra integrantes de las fuerzas del orden presentan las mismas circunstancias.
La referencia tampoco fue casual dentro del discurso. Fujimori estableció una línea política entre aquella experiencia y la amenaza criminal que identifica actualmente: el Estado derrotó al terrorismo y ahora, según su planteamiento, debe utilizar nuevas herramientas para enfrentar a organizaciones que considera una amenaza equivalente en términos de seguridad nacional.
El “Escudo de las Américas” y el giro hacia Washington
El otro gran componente del discurso estuvo fuera del ámbito estrictamente interno. Fujimori ratificó la adhesión del Perú al “Escudo de las Américas”, iniciativa regional de coordinación contra el crimen transnacional impulsada por Estados Unidos durante la administración de Donald Trump.
La presidenta presentó la incorporación como una muestra del “decidido compromiso” peruano de trabajar con socios regionales frente a una amenaza de “altísima prioridad”. De esta manera, la estrategia contra el crimen organizado quedó vinculada a una política exterior de mayor cooperación en seguridad con Washington.
El mensaje de Nueva York refuerza así una coincidencia entre la política interna y la política exterior de su Gobierno: más herramientas militares y policiales dentro del país y mayor coordinación de seguridad con Estados Unidos fuera de sus fronteras.
La otra agenda: educación, economía y “agendas impuestas”
Fujimori no limitó su discurso a la seguridad. Presentó también los resultados que su Gobierno atribuye a la economía peruana y defendió una reforma educativa que incluye infraestructura, herramientas digitales, fortalecimiento docente y formación de directores.
La presidenta vinculó la educación con la prevención del crimen y sostuvo que las deficiencias del sistema educativo pueden convertirse en factores que alimenten la criminalidad. Su argumento coloca a la escuela como uno de los espacios desde los cuales el Estado pretende disputar terreno a las redes delictivas.
En el tramo político y cultural de su intervención, Fujimori cuestionó las que denominó “agendas impuestas”, a las que atribuyó división social, debilitamiento institucional y afectación de la familia. Frente a ello, reivindicó la libertad individual, las tradiciones, la familia, la igualdad ante la ley, la dignidad humana y el debido proceso.
Una doctrina de seguridad que ahora deberá pasar por el Congreso
El discurso ante la ONU deja planteada una hoja de ruta que todavía debe traducirse en decisiones concretas dentro del Perú. La denominación de organizaciones criminales como terroristas, la participación de las Fuerzas Armadas en apoyo de la Policía y las reglas bajo las cuales podrían actuar requieren definiciones normativas y operativas.
Por eso, el punto central después del discurso no será solamente qué dijo Fujimori en Nueva York, sino qué medidas presentará su Gobierno en Lima para convertir esas declaraciones en política pública. El alcance de la intervención militar, la definición de las organizaciones que serían consideradas terroristas y las garantías aplicables durante las operaciones serán parte del debate.
Desde Nueva York, la presidenta presentó su respuesta al crimen organizado como una política de seguridad nacional y la conectó con una alianza regional impulsada por Washington. Ahora, esa propuesta deberá enfrentar su prueba decisiva en el ámbito interno: convertir una nueva definición política del enemigo en normas, operaciones y controles compatibles con el Estado de derecho.
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Francia: protestas estudiantiles se extienden por el país y aumentan las denuncias de violencia policial

Francia, 09 de octubre de 2026.- Miles de estudiantes de secundaria y universitarios exigen mejores condiciones educativas, más docentes y una inversión sostenida en la enseñanza pública. Los bloqueos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad han elevado la tensión, mientras el Gobierno anuncia medidas que los manifestantes consideran insuficientes.
Las protestas estudiantiles en Francia se han extendido desde mediados de septiembre de 2026 y han puesto bajo presión al Gobierno de Emmanuel Macron. Lo que comenzó como una movilización contra las deficiencias de un liceo de la periferia de París se convirtió en un movimiento nacional que cuestiona las condiciones de la educación pública, la desigualdad entre centros educativos y la respuesta policial frente a las manifestaciones.
Escasez de docentes y deterioro de los centros educativos
El movimiento comenzó en el liceo Saint-Exupéry, en Créteil, en la región parisina, donde las reclamaciones por la falta de personal y las deficiencias de infraestructura movilizaron a estudiantes y docentes. Posteriormente, las protestas se extendieron a otros establecimientos, con bloqueos, interrupciones de clases y concentraciones en distintas ciudades. Según Le Monde, el 1 de octubre más de 1.000 centros educativos se habían sumado a las movilizaciones.
Los estudiantes denuncian aulas saturadas, vacantes docentes sin cubrir, instalaciones deterioradas, baños inutilizables y problemas de ventilación. También cuestionan la sobrecarga de horarios y la falta de recursos para atender las necesidades académicas y de bienestar de los alumnos. Las deficiencias, sostienen los manifestantes, afectan especialmente a los centros de zonas desfavorecidas, donde las desigualdades sociales se reflejan en las condiciones de aprendizaje.
Las movilizaciones alcanzan universidades y centros históricos
París se ha convertido en uno de los principales focos de las protestas, junto con otras ciudades como Toulouse y Montpellier. La movilización también ha alcanzado el ámbito universitario, donde los estudiantes cuestionan las dificultades de acceso, la financiación y las condiciones de vida durante sus estudios. Los bloqueos de campus y las interrupciones de actividades académicas evidencian que el conflicto supera las demandas de los alumnos de secundaria.
La incorporación de instituciones de larga tradición ha ampliado el alcance simbólico del movimiento. Entre ellas figura la École nationale des Chartes, institución parisina especializada en historia y archivística, cuyos estudiantes participaron en acciones de bloqueo en apoyo a las reivindicaciones estudiantiles y contra la violencia policial. Su incorporación resulta significativa por el perfil académico de la institución, aunque la afirmación de que se trata de un hecho inédito en toda su historia requiere una verificación documental independiente.
Multitudinarias marchas y enfrentamientos con la Policía
La movilización alcanzó uno de sus puntos más altos el 6 de octubre. De acuerdo con Associated Press, más de 266.000 personas participaron en las manifestaciones celebradas en todo el país, mientras que las autoridades informaron de cerca de 500 detenciones durante esa jornada. Las cifras muestran la magnitud del conflicto, aunque deben distinguirse los balances oficiales de las estimaciones de los organizadores.
Dos días después, el 8 de octubre, el Ministerio del Interior contabilizó 71.500 participantes en las protestas nacionales, incluidos 24.500 en París. La jornada estuvo marcada por nuevos enfrentamientos, uso de gases lacrimógenos y detenciones. También se reportaron incidentes en distintas localidades, entre ellos daños en instalaciones educativas y agresiones contra personal escolar, hechos que las autoridades condenaron.
Denuncias por uso de la fuerza contra menores
La actuación policial se ha convertido en otro de los principales motivos de indignación. Reuters informó el 10 de octubre de investigaciones por lesiones graves sufridas por manifestantes, incluidos menores de edad, durante intervenciones de las fuerzas de seguridad. Entre los casos reportados figura el de un adolescente de 14 años que sufrió fracturas y lesiones dentales después de recibir el impacto de un proyectil de gas lacrimógeno.
Según el mismo medio, la inspección general de la Policía Nacional francesa examina 24 casos relacionados con lesiones provocadas durante las operaciones de control de las protestas. Las autoridades han reportado heridos entre manifestantes y agentes, mientras organizaciones de derechos humanos cuestionan el uso de determinadas armas antidisturbios. Estas denuncias han intensificado las exigencias de investigación y rendición de cuentas, sin que ello elimine la responsabilidad de investigar los actos de violencia cometidos durante las manifestaciones.
El Gobierno promete más profesores, pero persiste el desacuerdo
Ante la expansión de las protestas, el Gobierno anunció el despliegue de aproximadamente 3.000 docentes suplentes y otras medidas para responder a los problemas de los centros educativos. El primer ministro, Sébastien Lecornu, se comprometió a buscar soluciones financiadas y el Ministerio de Educación anunció acciones relacionadas con las condiciones escolares y el acceso a la universidad.
Sin embargo, los representantes estudiantiles y sectores sindicales consideran que las medidas anunciadas no resuelven las causas estructurales del conflicto. Las demandas incluyen mayor inversión pública, reducción de la saturación de las aulas, reparación de edificios y cambios en los mecanismos de acceso a la educación superior, incluido Parcoursup, el sistema de admisión universitaria francés. La discusión también se desarrolla en medio de las restricciones presupuestarias que enfrenta el Estado.
Una crisis educativa con implicaciones políticas
Las manifestaciones han recibido respaldo de familias, sindicatos y otros sectores sociales. Aunque las reivindicaciones educativas siguen siendo el eje central, la respuesta policial y las críticas a las políticas gubernamentales han ampliado el debate hacia las desigualdades sociales y el papel del Estado en la garantía de los servicios públicos.
El desafío para las autoridades consiste en atender las demandas verificables de la comunidad educativa y esclarecer las denuncias sobre el uso de la fuerza, sin confundir las movilizaciones pacíficas con los actos de violencia registrados en algunos lugares. Los estudiantes, por su parte, mantienen la presión para obtener compromisos concretos y medidas que vayan más allá de los anuncios inmediatos. La evolución de las próximas jornadas permitirá evaluar si el diálogo reduce la tensión o si el conflicto continúa extendiéndose.
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Quito: estudiantes y organizaciones sociales marchan contra Noboa y exigen respuestas por la crisis de los servicios públicos

La movilización partió de la Universidad Central del Ecuador y avanzó hacia el centro histórico. Los manifestantes corearon “¡Fuera Noboa, fuera!” y denunciaron problemas en salud, educación, empleo y seguridad. El paso hacia el Palacio de Carondelet fue bloqueado.
Quito, 09 de octubre de 2026.- Estudiantes universitarios y organizaciones sociales se movilizaron este sábado 10 de octubre en la capital ecuatoriana para expresar su rechazo al Gobierno del presidente Daniel Noboa. La protesta, convocada por el Frente Autónomo de Resistencia Organizada (FARO) y colectivos estudiantiles, trasladó a las calles el descontento por la situación de los servicios públicos y las condiciones económicas y sociales del país.
La jornada comenzó en los exteriores de la Universidad Central del Ecuador y continuó por vías como las avenidas América y 10 de Agosto. Los manifestantes tenían previsto llegar al Palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, ubicado en el centro histórico de Quito. Sin embargo, el acceso fue impedido a la altura del Banco Central y parte de la columna se replegó hacia el norte, en dirección a la Asamblea Nacional. La movilización fue reportada por medios ecuatorianos como una protesta de estudiantes y colectivos sociales contra el Gobierno.
Reclamos por salud, educación y empleo
Entre las principales consignas destacó el grito de “¡Fuera Noboa, fuera!”, dirigido al mandatario. Los participantes portaron banderas, carteles y tambores mientras cuestionaban la gestión gubernamental en áreas consideradas prioritarias, entre ellas el abastecimiento de medicamentos e insumos en los establecimientos de salud, la educación pública, la falta de empleo y la inseguridad.
Los reclamos no se limitaron a una demanda política contra el presidente. La movilización también expresó malestar por problemas que afectan la vida cotidiana de la población, en un escenario de cuestionamientos al manejo de los recursos públicos y a la capacidad del Ejecutivo para responder a las necesidades sociales.
La protesta de este sábado se produjo dos días después de otra jornada de movilización encabezada por sindicatos y organizaciones sociales. El jueves 8 de octubre, trabajadores, docentes y otros colectivos salieron a las calles de Quito y de otras ciudades ecuatorianas para exigir mejoras en salud, educación, empleo y seguridad. La continuidad de las manifestaciones muestra que las demandas sociales se mantienen activas y reúnen a sectores con agendas distintas, pero con cuestionamientos coincidentes al Gobierno.
El centro histórico, punto de tensión
El recorrido hacia la Plaza Grande encontró restricciones cuando los manifestantes intentaron aproximarse a Carondelet. Según los reportes publicados durante la jornada, las autoridades impidieron el paso en el sector del Banco Central, por lo que los participantes modificaron su desplazamiento. La situación generó interrupciones y restricciones temporales del tránsito en algunos tramos.
Aunque algunas informaciones mencionaron momentos de tensión durante la jornada, los reportes consultados no permiten establecer con suficiente precisión el alcance de posibles enfrentamientos ni confirmar un balance oficial de personas heridas o detenidas. Por ello, cualquier cifra sobre estos hechos requiere una verificación adicional.
Una protesta en medio del feriado nacional
La movilización se desarrolló durante el feriado por la Independencia de Guayaquil, que se conmemora el 9 de octubre. La fecha coincidió con una semana de actividad sindical y estudiantil en la que distintas organizaciones expresaron su rechazo a políticas del Ejecutivo y reclamaron respuestas concretas a sus demandas.
La convocatoria de FARO y los colectivos universitarios incorporó una expresión de rechazo directo a la continuidad de Noboa en el poder. Sin embargo, la magnitud de la asistencia debe describirse con cautela: mientras algunas versiones hablaron de una participación numerosa, otros medios reportaron la presencia de cientos de estudiantes. No se dispone de un conteo independiente que permita establecer una cifra definitiva.
La marcha de Quito vuelve a colocar bajo presión al Gobierno ecuatoriano, que enfrenta cuestionamientos simultáneos en materia de servicios públicos, empleo y seguridad. La respuesta oficial a los reclamos, así como la eventual apertura de canales de diálogo con estudiantes y organizaciones sociales, será clave para determinar si las protestas se mantienen como jornadas puntuales o se articulan en una movilización de mayor alcance.
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Fujimorismo exhibe su rostro confrontacional en el Senado durante debate por facultades legislativas

Un altercado entre el ministro del Interior, César Astudillo, el senador Iber Maraví y otros legisladores obligó a suspender temporalmente la sesión del 10 de octubre. El incidente reavivó las críticas contra el Gobierno de Keiko Fujimori, cuestionado por su presión política para obtener facultades legislativas.
Lima, 10 de octubre de 2026.- La disputa por las facultades legislativas solicitadas por el Gobierno de Keiko Fujimori escaló este sábado 10 de octubre a un enfrentamiento verbal en la Comisión de Constitución del Senado. El incidente involucró al ministro del Interior, César Astudillo; al senador Iber Maraví, de Juntos por el Perú; y a otros parlamentarios, y obligó a interrumpir temporalmente la sesión en la que se evaluaba la propuesta del Ejecutivo.
El episodio reforzó los cuestionamientos de sectores opositores sobre el comportamiento de representantes del oficialismo y sus aliados. Maraví calificó de prepotente la actuación que atribuyó al ministro y denunció un presunto intento de agresión física por parte del senador José Giampietri, de Renovación Popular. Estas últimas afirmaciones corresponden a la versión del legislador y no deben confundirse con una agresión físicamente acreditada.
El cruce comenzó con un cuestionamiento a la reforma policial
La confrontación se desencadenó durante la intervención de la senadora Ruth Luque, de Ahora Nación, quien cuestionó al titular del Interior por su posición frente a la necesidad de una reforma profunda de la Policía Nacional. La legisladora sostuvo que el ministro parecía tener miedo de reconocer esa necesidad, en el contexto de las medidas de seguridad que el Gobierno pretende implementar.
Astudillo reaccionó ante esas expresiones y reclamó que se retiraran, lo que provocó la intervención de Maraví. El senador pidió al presidente de la comisión, Carlos Mesía, que garantizara el uso de la palabra de Luque y llamara al orden al ministro. La discusión subió de tono y se extendió a otros participantes, entre ellos el titular de Justicia, Ernesto Álvarez, y el senador Giampietri.
Según el relato de Maraví, el ministro lo increpó de manera descortés y se produjeron gestos y expresiones que consideró intimidatorios. El legislador también denunció que Giampietri se acercó físicamente a él en una actitud que interpretó como una amenaza. El incidente llevó a suspender la sesión durante varios minutos; posteriormente, el debate fue retomado. La controversia quedó marcada por versiones enfrentadas sobre las responsabilidades de los participantes.
Fujimori respalda al ministro tras el incidente
Horas después, la presidenta Keiko Fujimori expresó su respaldo a Astudillo tras el altercado en el Senado. Su pronunciamiento trasladó la controversia al terreno político nacional y profundizó el enfrentamiento entre el Ejecutivo y sus críticos, que cuestionan tanto el tono de sus declaraciones como la forma en que sus representantes afrontan las discrepancias institucionales.
Para los sectores opositores, el incidente refleja una preocupante escalada de confrontación en un debate que debería concentrarse en la seguridad ciudadana, la reforma policial y la prevención del fenómeno El Niño. Las acusaciones de prepotencia y actitud matonesca forman parte de esa crítica política; su evaluación requiere distinguir los hechos observables, las declaraciones de cada participante y las responsabilidades que puedan establecerse.
De la “paciencia democrática” al enfrentamiento parlamentario
El episodio del Senado se suma a la controversia iniciada el 29 de septiembre, cuando Fujimori afirmó que el Congreso estaba “poniendo a prueba nuestra paciencia”. La mandataria defendió la urgencia de las medidas contra la delincuencia y sostuvo que su Gobierno actuaría “nos otorguen o no nos otorguen facultades”. También aseguró que “el único golpe que va a haber va a ser el golpe contra la criminalidad organizada”.
El premier Luis Galarreta había señalado que el Ejecutivo mantuvo “paciencia democrática y una actitud republicana hasta el momento” y pidió a las bancadas reconsiderar su posición. Sin embargo, los cuestionamientos de la oposición apuntaron a que ese lenguaje podía interpretarse como presión sobre el Legislativo para acelerar la aprobación de la delegación solicitada.
El Congreso recortó el pedido de 66 a 20 medidas
A finales de agosto, el Gobierno solicitó facultades para legislar durante 120 días sobre 66 medidas distribuidas en materias como seguridad ciudadana, fenómeno El Niño, simplificación administrativa, reforma del Estado, empleo, tributación, desarrollo productivo y vivienda. La amplitud de la propuesta generó resistencias parlamentarias, incluido un predictamen que recomendaba archivar el pedido completo.
Después de una sesión de más de 12 horas, el 6 de octubre la Cámara de Diputados aprobó una versión reducida: 20 medidas, circunscritas a seguridad ciudadana y prevención frente al fenómeno El Niño, con un plazo de 90 días. La votación final fue de 66 votos a favor, 34 en contra y 24 abstenciones. El texto pasó al Senado, donde el Ejecutivo buscaba recuperar parte de las atribuciones excluidas.
La Comisión de Constitución del Senado continuó el análisis el 10 de octubre, pero el altercado entre ministros y legisladores desplazó momentáneamente la discusión de sus aspectos técnicos hacia una confrontación política. Al cierre de la jornada, la comisión anunció que retomaría el debate el miércoles 14 de octubre, por lo que la delegación de facultades todavía no tenía una decisión definitiva del Senado.
La disputa pone a prueba la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo
El Gobierno de Fujimori enfrenta así dos desafíos simultáneos: obtener respaldo parlamentario para sus medidas de seguridad y contener una confrontación política que amenaza con desviar el debate de sus objetivos declarados. La delegación de facultades no constituye una autorización irrestricta para gobernar por decreto: su alcance depende de la aprobación legislativa y de los límites que establezca el Congreso.
Las críticas sobre una supuesta pérdida de la “careta democrática” expresan la interpretación de los sectores que consideran que el Ejecutivo pasó de invocar la paciencia institucional a ejercer presión pública y confrontarse con sus críticos. No obstante, el incidente del Senado, por sí solo, no demuestra una ruptura del orden constitucional; sí evidencia una escalada de tensión que exige explicaciones, respeto por las reglas parlamentarias y responsabilidad de todos los participantes.
El desenlace dependerá de la discusión que continúe en el Senado y de la capacidad de las fuerzas políticas para alcanzar acuerdos sin recurrir a intimidaciones ni descalificaciones. Mientras el Ejecutivo reclama herramientas para enfrentar la criminalidad, la controversia deja una pregunta central: ¿podrá el Gobierno demostrar que su defensa de la seguridad ciudadana es compatible con el respeto a la deliberación democrática?
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