Nueva York, 24 de septiembre de 2025 - La presidenta Dina Boluarte desató un escándalo diplomático al burlarse del presidente estadounidense Donald Trump durante un foro del Adam Smith Center for Economic…
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El Capitalismo Salvaje de Trump: Deportaciones Masivas y el Desprecio por la Vida Latina

En el corazón del sistema capitalista estadounidense, bajo la segunda administración de Donald Trump, late un pulso de explotación y descarte humano que se manifiesta en las políticas migratorias más brutales de la historia reciente. Desde enero de 2025, Trump ha transformado la Agencia de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en una maquinaria fascista, racista y clasista, diseñada no solo para expulsar a millones, sino para perpetuar un modelo económico donde los migrantes latinos son mano de obra barata hasta que dejan de ser útiles. Este “capitalismo con esteroides” prioriza los intereses corporativos sobre los derechos humanos, dejando un rastro de muertes, detenciones y devastación económica que afecta directamente a peruanos, venezolanos, cubanos, colombianos y toda América Latina. Los datos oficiales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y organizaciones independientes revelan una realidad cruda: un genocidio administrativo disfrazado de “seguridad nacional”.
Trump prometió “hacer América grande de nuevo”, pero su visión es una distopía donde los latinos pagan el precio de un sistema que los explota y luego los desecha. En 2025, ICE registró 32 muertes en custodia, el año más letal en dos décadas, igualando el récord de 2004, con causas que incluyen negligencia médica, suicidios y al menos un homicidio confirmado. Solo en las primeras semanas de 2026, se sumaron al menos seis muertes más, incluyendo casos en instalaciones como Fort Bliss en Texas, donde las condiciones son descritas por ONGs como “tortura sistemática”: aislamiento prolongado, hacinamiento y abusos físicos. Estas no son anomalías; son el resultado directo de una expansión masiva de ICE, cuyo presupuesto se disparó a $45 mil millones, triplicando las camas de detención y elevando la población diaria a un récord de 73,000 personas, un aumento del 75% desde inicios de 2025.
Las deportaciones son el eje de esta crueldad capitalista: más de 675,000 expulsiones forzadas y 2.2 millones de “autodeportaciones” por miedo, totalizando casi 3 millones de salidas en el primer año de Trump. Los arrestos se cuadruplicaron, con redadas callejeras multiplicadas por once, enfocadas en un 75% en personas sin antecedentes penales. Estados como Texas, California y Florida concentran la incidencia, con Texas liderando en detenciones (hasta 30,000 en picos) y muertes, seguido por Florida con denuncias de tortura en centros como Krome y Alligator Alcatraz. Incluso ciudadanos estadounidenses han sido víctimas: al menos tres muertos por disparos de ICE, como Renee Nicole Good y Alex Pretti en Minneapolis, y detenciones erróneas de cientos de latinos nacidos en EE.UU.
El impacto en latinoamericanos es desproporcionado y revela el clasismo inherente al capitalismo trumpista. Venezolanos, el grupo más golpeado, perdieron el Estatus de Protección Temporal (TPS) para 616,000 personas y el parole humanitario CHNV, lo que disparó sus detenciones 14 veces y deportaciones en miles, incluyendo envíos a prisiones salvadoreñas donde sufren torturas. Cubanos enfrentan más de 1,600 deportaciones en 2025, duplicando cifras previas, mientras colombianos ven aumentos del 40% en arrestos. En Perú, aunque en menor escala, miles de connacionales han sido afectados por redadas generales, con impactos en remesas que sostienen familias enteras. Este no es control migratorio; es una purga étnica que beneficia a corporaciones: migrantes latinos impulsaron el crecimiento laboral post-pandemia, pero ahora, con migración neta negativa por primera vez en 50 años, la economía sufre caídas en sectores como agricultura, construcción y hospitalidad, con pérdidas de $60-110 mil millones en consumo para 2025-2026.
Bajo Trump, el capitalismo se despoja de máscaras: políticas económicas como aranceles y desregulación benefician a elites mientras latinos, que representan el 20% de la fuerza laboral, ven sus comunidades devastadas. Encuestas muestran que el 65% de latinos desaprueba las políticas migratorias de Trump, el 61% dice que empeoraron la economía, y el 78% cree que dañan directamente a hispanos. Pequeños negocios latinos caen un 20% en ventas en áreas como South Florida, y la fuerza laboral en California se contrajo 3.1%, la mayor desde la Gran Recesión. Project 2025, el blueprint republicano, agrava esto al eliminar DEI y promover deportaciones masivas, erosionando derechos civiles y perpetuando desigualdades.
Este sistema no es sostenible ni humano; es un vampirismo capitalista que succiona vidas latinas para engordar ganancias corporativas. En Perú y Latinoamérica, debemos alzar la voz: estas políticas no solo destruyen familias, sino que debilitan nuestras economías dependientes de remesas y diplomacia. Trump no “salva” América; la envenena con racismo institucionalizado. Es hora de resistir, denunciar y construir alternativas solidarias. El futuro de nuestros pueblos no puede depender de un tirano en Washington.
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¿Quién gobierna realmente Venezuela? Petróleo, poder y la creciente sombra de Washington sobre Caracas

Caracas, 2 de agosto de 2026.- La caída de Nicolás Maduro abrió una nueva etapa para Venezuela y, al mismo tiempo, un debate sobre el grado de influencia que Estados Unidos ejerce en la transición. Mientras Washington presenta el proceso como una salida democrática, reportes de TIME y Reuters apuntan a una coordinación estrecha entre el gobierno de Delcy Rodríguez y altos funcionarios estadounidenses, encabezados por Marco Rubio.
El petróleo vuelve a estar en el centro de la disputa. Venezuela, con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, sigue siendo un activo clave para la geopolítica energética. El regreso de empresas estadounidenses al sector y los acuerdos impulsados durante la transición han reforzado la percepción de que Washington busca asegurar una posición privilegiada sobre los recursos venezolanos.
Aunque no hay pruebas públicas concluyentes de un control jurídico directo de EE. UU. sobre el Estado venezolano, sí es evidente que la relación entre Caracas y Washington supera la diplomacia tradicional. La administración estadounidense mantiene una influencia significativa sobre decisiones económicas y financieras del nuevo gobierno.
La otra gran incógnita es política. Delcy Rodríguez ha dicho que habrá elecciones, pero todavía no existe un cronograma definido ni garantías claras para la participación de toda la oposición. La legitimidad del proceso dependerá de que los comicios sean libres, transparentes y reconocidos por la comunidad internacional.
Mientras tanto, la población venezolana sigue enfrentando pobreza, inflación y deterioro de los servicios públicos. En ese contexto, la verdadera prueba de la transición no será el discurso oficial, sino la mejora real en la vida de los ciudadanos.
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Protesta masiva en Taiwán por escándalo de aceite contaminado reaviva tensión política

Taipéi, 31 de julio 2026.- Miles de personas se movilizaron el pasado 25 de julio en la avenida Ketagalan, frente a la Oficina Presidencial de Taipéi, en una de las mayores manifestaciones registradas este año en Taiwán. Convocada por el opositor Kuomintang (KMT) y respaldada por el Partido Popular de Taiwán (TPP), la protesta tuvo como eje principal el rechazo al manejo del gobierno frente a un grave escándalo de seguridad alimentaria relacionado con aceite de soja contaminado.
La movilización surgió tras revelarse que productos elaborados con aceite de la empresa Central Union Oil Corp. contenían concentraciones de benzo[a]pireno —un compuesto clasificado como carcinógeno— que alcanzaban hasta cuatro veces el límite legal. El caso afectó diversas marcas comercializadas entre abril y junio y provocó fuertes cuestionamientos sobre la actuación de las autoridades sanitarias y la demora en las investigaciones oficiales.
Durante la protesta, los organizadores exigieron la renuncia del primer ministro Cho Jung-tai y reclamaron que el presidente Lai Ching-te ofreciera disculpas públicas por la gestión del caso. Los convocantes sostuvieron que el Ejecutivo reaccionó tarde ante una situación que comprometía la salud pública y acusaron al gobierno de minimizar la gravedad del problema.
Sin embargo, en paralelo a las manifestaciones comenzaron a circular en redes sociales y algunos medios internacionales versiones que presentaban la protesta como un levantamiento contra el aparente «gobierno proestadounidense» o como una expresión mayoritaria a favor de la reunificación con la República Popular China. La información disponible sobre la convocatoria y las declaraciones de sus organizadores no respalda esas interpretaciones, ya que el reclamo estuvo centrado en la crisis alimentaria y la responsabilidad política del Ejecutivo.
Si bien el Kuomintang mantiene una posición más favorable al diálogo con Pekín que el gobernante Partido Democrático Progresista (DPP), ello no implica que sus movilizaciones constituyan un respaldo a una anexión inmediata o a la unificación bajo el sistema político de la República Popular China. La competencia entre ambas fuerzas continúa desarrollándose principalmente dentro del marco democrático taiwanés.
Las encuestas más recientes muestran que la amplia mayoría de la población mantiene su preferencia por conservar el actual status quo entre Taiwán y China continental. Los estudios también reflejan un reducido respaldo a la unificación política bajo las condiciones planteadas por Pekín y un rechazo ampliamente mayoritario al modelo de «un país, dos sistemas», mientras la identidad taiwanesa continúa fortaleciéndose entre las nuevas generaciones.
En un escenario marcado por la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, las protestas de julio evidencian cómo una crisis doméstica puede convertirse rápidamente en objeto de disputa geopolítica e informativa. Los hechos documentados muestran una movilización impulsada por demandas de responsabilidad política y protección de la salud pública, mientras diversas narrativas internacionales intentan reinterpretar el episodio para respaldar agendas que no reflejan necesariamente el contenido real de las protestas.
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El voto de «supervivencia política» de Silvana Robles frente a sus procesos judiciales y cuestionamientos sobre su patrimonio

Huancayo, 31 de julio 2026.- El voto de la senadora Silvana Robles, elegida por Juntos por el Perú, a favor de la Mesa Directiva encabezada por Fuerza Popular ha dejado de ser una simple controversia partidaria para convertirse en uno de los episodios políticos más discutidos del nuevo Congreso. Más allá de las acusaciones de «traición» lanzadas desde su propio sector, la investigación publicada por Hildebrandt en sus trece ha instalado otra hipótesis en el debate público: que la decisión respondió a un cálculo de supervivencia política frente a los procesos y cuestionamientos que pesan sobre la legisladora.
El reportaje del periodista Bruno Amoretti reúne testimonios, documentos y otros elementos sobre presuntos recortes de remuneraciones a trabajadores de su despacho parlamentario, además de información relacionada con el crecimiento de su patrimonio declarado y la adquisición de bienes durante los últimos años. Según la investigación, estos hechos configuran un contexto que habría colocado a Robles en una posición de alta vulnerabilidad política. La senadora, sin embargo, ha rechazado todas las acusaciones, sostiene que las pruebas fueron presentadas de manera parcial y afirma que colaborará con cualquier investigación para esclarecer los hechos.
Mientras las revelaciones generaban una fuerte reacción en la opinión pública, ocurrió otro hecho que llamó la atención. Los principales dirigentes de Fuerza Popular, el bloque político beneficiado con el voto de Robles, salieron públicamente en su defensa. Fernando Rospigliosi cuestionó que recién ahora se recuerden denuncias que, según dijo, ya eran conocidas antes de su elección. Cecilia Chacón defendió el voto secreto y criticó las presiones ejercidas contra la legisladora por no mostrar su cédula de votación. Otras voces del fujimorismo también pidieron respetar su decisión.
Ese respaldo político ha alimentado nuevas interrogantes. ¿Por qué dirigentes del partido que obtuvo la presidencia del Senado gracias al voto de Robles se han convertido en sus principales defensores? Hasta el momento no existe evidencia pública que demuestre un acuerdo entre la senadora y Fuerza Popular para influir en investigaciones o garantizar beneficios. Sin embargo, la coincidencia entre un voto decisivo y el respaldo inmediato de la nueva mayoría parlamentaria ha pasado a formar parte del debate político y periodístico.
En ese contexto, el concepto de «supervivencia política» cobra fuerza como una hipótesis de análisis. No se trata de afirmar que existió un pacto de impunidad, sino de preguntarse si una parlamentaria sometida a investigaciones y cuestionamientos pudo considerar que un acercamiento a la nueva mayoría fortalecía su posición política en un momento especialmente delicado, a través de la Comisión de Ética del Congreso y el Poder Judicial del Ejecutivo. Esa es la línea de interpretación que ha abierto la investigación periodística y que hoy concentra buena parte de la discusión pública.
Por su parte, Silvana Robles insiste en que nunca recortó remuneraciones a sus trabajadores, niega haber cometido irregularidades, sostiene que algunas personas mencionadas en el reportaje ni siquiera formaron parte de su despacho parlamentario y asegura que las conversaciones difundidas fueron sacadas de contexto. También expresó su disposición a colaborar con las autoridades para esclarecer los hechos.
Más allá de la disputa entre oficialismo y oposición, el caso refleja cómo una sola decisión parlamentaria puede modificar el equilibrio de poder y, al mismo tiempo, abrir interrogantes sobre los intereses que se mueven detrás de la política. La investigación de Hildebrandt en sus trece no concluye que existiera un acuerdo ilícito, pero sí plantea una hipótesis que hoy forma parte del debate nacional: si el voto de Silvana Robles fue producto de una convicción política o de una estrategia de supervivencia frente a los procesos y cuestionamientos que enfrenta. Esa es una pregunta cuya respuesta dependerá de las investigaciones y de las evidencias que puedan surgir en adelante.
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