Lima, 13 de junio de 2025 - En un nuevo capítulo de tensión en Oriente Medio, Israel lanzó la Operación León Naciente contra instalaciones nucleares y militares de Irán, dejando un saldo…
Internacional
La hipocresía de Donald Trump: Predica la paz mientras respalda los ataques de Israel contra Irán y el genocidio de palestinos

Lima, 16 de junio de 2025 – Mientras Estados Unidos se presenta ante el mundo como un defensor de la paz y los derechos humanos, su apoyo incondicional a Israel en su ofensiva contra Irán y la masacre de civiles palestinos, especialmente niños y ancianos en Gaza, revela una hipocresía que ha indignado a la comunidad internacional y generado un rechazo unánime en Perú y América Latina. Este respaldo, que incluye miles de millones de dólares en armamento y vetos a resoluciones de la ONU, ha sido señalado como cómplice de crímenes de guerra y una amenaza a la estabilidad global.
La escalada bélica de Israel, respaldada por EE.UU., ha alcanzado un nuevo nivel con los recientes ataques a instalaciones nucleares y militares en Irán, que dejaron al menos 78 víctimas, incluyendo civiles, según reportes de prensa internacional. Estos bombardeos, facilitados por inteligencia satelital y apoyo logístico estadounidense, han sido condenados por países como Turquía, Irak y Pakistán como una violación flagrante de la soberanía iraní y del derecho internacional. Irán, por su parte, ha prometido represalias, elevando el riesgo de una guerra regional que podría desestabilizar aún más el Medio Oriente.
Paralelamente, en Gaza, el saldo de la ofensiva israelí es devastador: más de 23,000 civiles muertos, incluyendo al menos 14,500 niños y miles de ancianos, según datos de Unicef y la Organización Mundial de la Salud hasta enero de 2025. Los bombardeos indiscriminados, el bloqueo de ayuda humanitaria y la destrucción de hospitales y escuelas han sumido a la población palestina en una crisis humanitaria sin precedentes, con el 90% de los habitantes desplazados y al borde de la hambruna. Organizaciones como Amnistía Internacional han calificado estas acciones como genocidio, acusando a Israel de atacar deliberadamente a civiles y de utilizar el hambre como arma de guerra.

Estados Unidos, lejos de promover la paz, ha sido un pilar clave en esta tragedia. Solo en 2024, aprobó $17,600 millones en ayuda militar a Israel, incluyendo bombas de precisión y proyectiles de artillería usados en Gaza, según informes del Congreso estadounidense. Además, en junio de 2025, vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que exigía un alto al fuego inmediato y el acceso irrestricto de ayuda humanitaria a Gaza, siendo el único de los 15 miembros en oponerse. Este veto, el tercero en lo que va del año, ha sido interpretado como una luz verde para que Israel continúe su ofensiva sin rendir cuentas.
En Perú, la indignación no se ha hecho esperar. Organizaciones sociales, sindicatos y movimientos estudiantiles han convocado manifestaciones en Lima y otras ciudades para rechazar lo que califican como una “doble moral” de EE.UU. “Hablan de paz y democracia, pero financian la muerte de niños y ancianos palestinos y provocan a Irán para desatar más caos. Esto es inaceptable”, afirmó Carmen Rojas, vocera de la Coordinadora Peruana por Palestina. En redes sociales, el hashtag #EEUUHipócrita ha ganado tracción, con usuarios peruanos y latinoamericanos denunciando la complicidad de Washington en lo que llaman un “genocidio televisado”.
La comunidad internacional también ha alzado su voz. Países como Brasil, Bolivia y Chile han condenado la postura de EE.UU., exigiendo sanciones contra Israel y una investigación independiente por crímenes de guerra. Incluso aliados tradicionales de Washington, como Francia y Canadá, han expresado su preocupación por la escalada y han instado a un cambio de rumbo para evitar una catástrofe regional. Sin embargo, la administración estadounidense insiste en su narrativa de “defensa propia” de Israel, ignorando las pruebas de ataques desproporcionados y el sufrimiento de la población civil palestina.

En el contexto de América Latina, donde la solidaridad con Palestina ha crecido en los últimos años, la postura de EE.UU. es vista como una continuación de su histórica injerencia en la región, promoviendo intereses geopolíticos por encima de la justicia y la humanidad. “EE.UU. no solo traiciona los valores que dice defender, sino que pone en riesgo la paz mundial al respaldar una agresión que mata inocentes y provoca a Irán”, señaló el analista político peruano Juan Velásquez.
Mientras los cuerpos de niños y ancianos palestinos se acumulan bajo los escombros y la amenaza de una guerra más amplia con Irán se cierne sobre el horizonte, el mundo exige que EE.UU. deje de lado su hipocresía y asuma su responsabilidad. En Perú, la ciudadanía se une al clamor global por un alto al fuego inmediato, el fin del bloqueo a Gaza y el cese del apoyo a un régimen que, con el respaldo de Washington, perpetúa un ciclo de violencia y sufrimiento. La paz, verdadera y no discursiva, es el único camino posible.
Actualidad
Masivas protestas en EE.UU. contra el ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro por Trump

Estados Unidos se encuentra sacudido por una ola de protestas en varias ciudades tras la operación militar del 3 de enero de 2026, en la que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en Caracas, trasladándolos a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo. El presidente Donald Trump justificó la acción como una medida de aplicación de la ley con apoyo militar contra un «narco-dictador», y afirmó que EE.UU. asumirá temporalmente el control de Venezuela para una «transición ordenada», con énfasis en recuperar y reconstruir sus vastas reservas petroleras —las mayores del mundo—. Trump ha señalado que los ingresos del petróleo beneficiarían a Venezuela, a empresas estadounidenses y al gobierno de EE.UU., lo que ha generado acusaciones de intervencionismo motivado por intereses energéticos.
Las manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, estallaron inmediatamente tras el anuncio y continuaron durante el fin de semana del 3 al 5 de enero, extendiéndose a ciudades como Nueva York (incluyendo Times Square y frente a la Casa Blanca), Washington D.C., San Francisco, Filadelfia, Chicago, Los Ángeles y Portland. Manifestantes, entre ellos activistas antibélicos de grupos como Code Pink y ANSWER Coalition, portaron pancartas con lemas como “No a la guerra por petróleo”, “Fuera EE.UU. de América Latina” y “No sangre por petróleo”, denunciando la operación como una agresión imperialista e ilegal que viola el derecho internacional. Aunque la mayoría de las protestas han sido no violentas, se reportaron bloqueos y tensiones menores con la policía en algunos puntos.
Este rechazo se entrelaza con el descontento por las políticas internas de Trump, como las deportaciones masivas de inmigrantes —incluyendo venezolanos— y el tiroteo fatal del 7 de enero en Minneapolis, donde un agente de ICE mató a Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense. Estos eventos han unido a comunidades latinas, progresistas y anti-guerra, que critican el uso de la fuerza tanto en el exterior como en el interior. Analistas destacan que la intervención en Venezuela, enmarcada en una campaña contra el narcotráfico y el control de recursos energéticos, ha intensificado las críticas a una agenda percibida como agresiva hacia Latinoamérica.
El costo político para Trump aumenta de cara a las elecciones de medio término de 2026. Encuestas preliminares muestran una división: alrededor del 33% aprueba la acción militar, pero el 65% expresa preocupación por una mayor implicación estadounidense en Venezuela, con fuerte oposición entre demócratas. Gobernadores y alcaldes en estados clave como California, Nueva York y Pensilvania han condenado la operación, y protestas continuas podrían erosionar el apoyo en distritos con alta población latina e inmigrante.
Desde Perú, donde la diáspora venezolana observa con emociones mixtas —entre celebraciones por el fin del régimen de Maduro y preocupación por la intervención—, estas movilizaciones reflejan un rechazo regional al uso de la fuerza para fines económicos. Organizaciones internacionales y aliados como Francia y España han criticado la acción como violatoria del derecho internacional. El futuro dependerá de si la administración Trump modera su enfoque o si las protestas se consolidan como un desafío significativo a su política exterior.
Actualidad
Movilizaciones globales exigen la liberación de Nicolás Maduro tras su secuestro violento por EE.UU.

Lima, 6 de enero de 2026 – Miles de personas han tomado las calles en Venezuela y diversos países del mundo para exigir la liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, capturados el 3 de enero en una operación militar estadounidense en Caracas, calificada por simpatizantes chavistas y gobiernos aliados como un «secuestro violento» y una violación flagrante a la soberanía nacional.
En Venezuela, las movilizaciones han sido intensas y continuas, con concentraciones masivas en Caracas organizadas por el PSUV y líderes como Diosdado Cabello. Manifestantes, incluyendo colectivos y mujeres en apoyo a Cilia Flores, han coreado consignas como «¡Devuélvannos a nuestro presidente!» y «¡Los queremos de vuelta!», denunciando la intervención como un acto imperialista que busca apoderarse de los recursos petroleros del país.
A nivel internacional, las protestas se han extendido a ciudades como São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte en Brasil; Londres, donde más de mil personas se reunieron frente a Downing Street; Buenos Aires en Argentina; y otras urbes en México, Chile, Honduras y hasta Europa. Gobiernos como China, Rusia, Cuba e Irán han condenado la acción y demandado la liberación, mientras organizaciones antifascistas y sindicales han repudiado lo que llaman una agresión sin precedentes.
Maduro, trasladado a Nueva York, se declaró no culpable el lunes en un tribunal federal por cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas, afirmando ser «un hombre inocente y decente» y calificando su detención como un «secuestro». Insistió en que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela, en un contexto de alta polarización.
Estas manifestaciones contrastan con celebraciones en la diáspora venezolana en Miami, Bogotá y otras ciudades, pero destacan el rechazo masivo de sectores progubernamentales a la operación estadounidense, que ha generado debates en la ONU sobre su legalidad y ha profundizado la crisis política en la región.
Actualidad
Trump ataca a Venezuela por petróleo y secuestra a Maduro generando reacciones en contra en Perú y el mundo

Lima, 3 de enero de 2026.- La operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores ha quedado expuesta como un acto impulsado por el control de las vastas reservas petroleras venezolanas. El presidente Donald Trump declaró abiertamente que EE.UU. asumirá temporalmente el gobierno de Venezuela y enviará a sus grandes compañías petroleras a invertir miles de millones para «reparar la infraestructura rota y hacer fluir el petróleo», confirmando las denuncias de una intervención colonialista disfrazada de operación judicial por cargos de narcoterrorismo.
En Perú, candidatos presidenciales de izquierda como Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Vladimir Cerrón (Perú Libre) y Ronald Atencio (Venceremos) han condenado enérgicamente la agresión. Sánchez rechazó la «agresión militar e invasión a la soberanía del pueblo venezolano». Cerrón expresó «plena solidaridad» ante el «cobarde ataque bélico» y advirtió contra la complicidad en una «guerra imperialista». Atencio la calificó de «agresión genocida yanqui», enfatizando que no se puede permitir la violación a la autodeterminación de los pueblos.
Especial relevancia tienen las voces de Juntos por el Perú: su líder y candidato presidencial Roberto Sánchez, y la congresista Margot Palacios, figura femenina clave del partido. Palacios denunció una «salvaje agresión imperialista» destinada al saqueo del petróleo, alertando que «Trump viene por los recursos naturales de nuestros pueblos; si hoy no defendemos la soberanía de Venezuela, seremos los próximos», en una crítica directa al apetito extractivista estadounidense revelado por las propias palabras de Trump.
Estas condenas peruanas se suman a un rechazo internacional creciente, con gobiernos y líderes progresistas denunciando la violación al derecho internacional y el precedente peligroso de intervencionismo por recursos. Mientras la derecha peruana celebra la caída de Maduro, las posturas antiimperialistas de la izquierda cobran fuerza ante la evidencia de que la operación prioriza el dominio petrolero sobre cualquier pretensión de justicia.
Aunque el régimen chavista ha generado una profunda crisis humanitaria, la intervención estadounidense no busca democracia sino control económico, como lo admitió Trump al priorizar la explotación del oro negro venezolano. Las voces de Sánchez, Palacios, Cerrón, Atencio y otros líderes de izquierda peruana representan una defensa principista de la soberanía latinoamericana frente a este nuevo capítulo de colonialismo moderno.
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