En Estados Unidos, la política migratoria del presidente Donald Trump, caracterizada por redadas masivas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), ha desatado protestas que enfrentan una represión desproporcionada, afectando…
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Masivas protestas en EE.UU. contra el ataque a Venezuela y captura de Nicolás Maduro por Trump

Estados Unidos se encuentra sacudido por una ola de protestas en varias ciudades tras la operación militar del 3 de enero de 2026, en la que fuerzas estadounidenses capturaron al presidente venezolano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores en Caracas, trasladándolos a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo. El presidente Donald Trump justificó la acción como una medida de aplicación de la ley con apoyo militar contra un «narco-dictador», y afirmó que EE.UU. asumirá temporalmente el control de Venezuela para una «transición ordenada», con énfasis en recuperar y reconstruir sus vastas reservas petroleras —las mayores del mundo—. Trump ha señalado que los ingresos del petróleo beneficiarían a Venezuela, a empresas estadounidenses y al gobierno de EE.UU., lo que ha generado acusaciones de intervencionismo motivado por intereses energéticos.
Las manifestaciones, mayoritariamente pacíficas, estallaron inmediatamente tras el anuncio y continuaron durante el fin de semana del 3 al 5 de enero, extendiéndose a ciudades como Nueva York (incluyendo Times Square y frente a la Casa Blanca), Washington D.C., San Francisco, Filadelfia, Chicago, Los Ángeles y Portland. Manifestantes, entre ellos activistas antibélicos de grupos como Code Pink y ANSWER Coalition, portaron pancartas con lemas como “No a la guerra por petróleo”, “Fuera EE.UU. de América Latina” y “No sangre por petróleo”, denunciando la operación como una agresión imperialista e ilegal que viola el derecho internacional. Aunque la mayoría de las protestas han sido no violentas, se reportaron bloqueos y tensiones menores con la policía en algunos puntos.
Este rechazo se entrelaza con el descontento por las políticas internas de Trump, como las deportaciones masivas de inmigrantes —incluyendo venezolanos— y el tiroteo fatal del 7 de enero en Minneapolis, donde un agente de ICE mató a Renee Nicole Good, una ciudadana estadounidense. Estos eventos han unido a comunidades latinas, progresistas y anti-guerra, que critican el uso de la fuerza tanto en el exterior como en el interior. Analistas destacan que la intervención en Venezuela, enmarcada en una campaña contra el narcotráfico y el control de recursos energéticos, ha intensificado las críticas a una agenda percibida como agresiva hacia Latinoamérica.
El costo político para Trump aumenta de cara a las elecciones de medio término de 2026. Encuestas preliminares muestran una división: alrededor del 33% aprueba la acción militar, pero el 65% expresa preocupación por una mayor implicación estadounidense en Venezuela, con fuerte oposición entre demócratas. Gobernadores y alcaldes en estados clave como California, Nueva York y Pensilvania han condenado la operación, y protestas continuas podrían erosionar el apoyo en distritos con alta población latina e inmigrante.
Desde Perú, donde la diáspora venezolana observa con emociones mixtas —entre celebraciones por el fin del régimen de Maduro y preocupación por la intervención—, estas movilizaciones reflejan un rechazo regional al uso de la fuerza para fines económicos. Organizaciones internacionales y aliados como Francia y España han criticado la acción como violatoria del derecho internacional. El futuro dependerá de si la administración Trump modera su enfoque o si las protestas se consolidan como un desafío significativo a su política exterior.
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Movilización en Talara marca el inicio del rechazo a la privatización encubierta de la empresa nacional Petroperú

Piura, 13 de enero 2026.- Talara se erigió este 13 de enero como el punto de partida de una ola de protestas contra el Decreto de Urgencia N° 010-2025, promulgado el 31 de diciembre por el gobierno interino de José Jerí. La norma permite la reorganización patrimonial de Petroperú, dividiendo sus activos en bloques independientes y facilitando su transferencia a operadores privados mediante ProInversión, con la Nueva Refinería de Talara —una de las infraestructuras más modernas de América Latina y con vida útil proyectada de 70 años— como activo estrella en la mira.
La congresista Margot Palacios Huamán (Juntos por el Perú, candidata al Senado con el número 8) encabeza la convocatoria nacional, calificando la medida como una «privatización encubierta» y una amenaza a la soberanía energética. Su experiencia al frente de la comisión que investigó el derrame de Repsol en 2022 -donde se determinó responsabilidad de la transnacional y se impulsaron normas pendientes de resarcimiento y descontaminación- refuerza su argumento: entregar activos estratégicos a privados podría replicar vulnerabilidades ambientales y sociales vistas en el litoral del mar peruano.

El decreto responde a supuesta crisis financiera de Petroperú, que el Ejecutivo presenta como indispensable para evitar el colapso y asegurar el abastecimiento en zonas remotas. No obstante, sindicatos como la Coalición Nacional de Sindicatos de Petroperú y el Frente Sindical de Trabajadores Petroleros lo tildan de «descuartizamiento» de la empresa, anunciando plantones desde el 14 de enero en Lima y regiones, más un paro nacional de 72 horas a partir del 19, acciones que se desencadenan luego del anuncio de movilización de la parlamentaria Palacios en año nuevo.
En el Congreso ya circulan al menos cuatro proyectos de ley para derogar el decreto, impulsados por bancadas progresistas y de izquierda, incluido uno presentado por Palacios. A meses de las elecciones generales de abril 2026, la resistencia en Talara refleja un conflicto más amplio sobre el rol del Estado en sectores estratégicos, el control de precios de combustibles y la soberanía nacional, cuyo desenlace dependerá de la intensidad de la presión social y la respuesta política en las próximas semanas.
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Denuncian prácticas antisindicales en empresa agroexportadora Hass Perú de La Libertad

La Libertad, 12 de enero 2026.- Trabajadores de Hass Perú, empresa agroexportadora dedicada al cultivo de palta y arándanos en el departamento de La Libertad, han hecho pública una denuncia grave contra la compañía por presuntas prácticas antisindicales. El Sindicato de Trabajadores de Hass Perú (SINTRAHASSP), oficialmente registrado en diciembre de 2025 mediante la Resolución Subgerencial N° 000204-2025 del Gobierno Regional de La Libertad, acusa a la empresa de responder a su constitución con despidos de dirigentes y afiliados, hostigamiento laboral y deficiencias en medidas de seguridad que habrían provocado accidentes graves, incluyendo uno donde un trabajador perdió tres dedos de la mano.
Entre las exigencias del sindicato destacan la reposición inmediata de los despedidos —considerados nulos por constituir discriminación antisindical según la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo y convenios de la OIT ratificados por Perú—, mejoras en el transporte al finalizar la jornada (con demoras excesivas en la movilidad), cese de presiones excesivas por parte de supervisores en la cosecha de arándano (con tolerancias mínimas de defectos que derivan en suspensiones), incremento de bonos en poda y cosecha, reducción de tareas excesivas y respeto pleno a la normativa de negociación colectiva.
La denuncia, que circula en redes sociales desde inicios de enero de 2026 y ha sido respaldada por economistas laborales como Fernando Cuadros Luque y Eduardo Zegarra, vincula estos hechos a un contexto más amplio de precarización en el sector agroexportador. Críticos señalan que la reciente Ley N° 32434 (conocida como Ley Chlimper 2.0, promulgada en 2025) reduce impuestos y aportes a EsSalud para las grandes empresas, lo que debilitaría la fiscalización laboral y facilitaría prácticas de este tipo en un rubro que concentra altos niveles de contratos temporales.
Ante las acusaciones, la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) informó el 13 de enero de 2026 que su Intendencia Regional de La Libertad emitió una orden de inspección en la empresa, ubicada en Chao (Virú), para verificar las demandas laborales y presuntas irregularidades, incluyendo paralizaciones de actividades reportadas. La entidad ha enfatizado su rol en sancionar infracciones muy graves como actos contra la libertad sindical.
Este caso refleja tensiones persistentes en el sector agroindustrial peruano, donde el reconocimiento de sindicatos choca frecuentemente con estrategias empresariales de contención de costos. Mientras los trabajadores exigen respeto a derechos constitucionales y laborales, las autoridades competentes deberán determinar si se configuran violaciones que ameriten sanciones, reposiciones o medidas correctivas, en un escenario de creciente visibilidad de denuncias similares en la costa norte.
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José Jerí Oré: reunión sin agenda oficial y en secreto sacude el más alto nivel del poder

La revelación de una reunión no oficial, fuera de agenda y realizada bajo condiciones de evidente secretismo ha vuelto a colocar en el centro del debate público el comportamiento de un funcionario de primer nivel del Estado. José Jerí Oré, en ejercicio del más alto cargo de manera interina, sostuvo un encuentro privado que no fue informado por canales institucionales y que solo salió a la luz gracias a una investigación periodística, no por un acto de transparencia gubernamental.
El encuentro se produjo de noche, fuera de Palacio de Gobierno, con un empresario chino, y sin registro en la agenda oficial. Las imágenes difundidas muestran a Jerí ingresando encapuchado, sin comitiva visible y utilizando un vehículo oficial, pese a que posteriormente se calificó la cita como “no oficial”. La forma en que se desarrolló la reunión -lugar privado, ausencia de registros y medidas para evitar ser reconocido- refuerza la percepción de un proceder deliberadamente opaco.
Tras la difusión del caso, la versión oficial señaló que la reunión estuvo vinculada a coordinaciones por el Día de la Amistad Perú-China. Sin embargo, la explicación deja más preguntas que respuestas. Si se trataba de una actividad institucional, ¿por qué no se canalizó a través de la Cancillería?, ¿por qué no se realizó en un espacio oficial?, ¿por qué no quedó constancia documental?, ¿y por qué el interlocutor fue un empresario y no un representante diplomático formal?
El problema central no es solo con quién se reunió el funcionario, sino cómo ejerció el poder. En democracia, la transparencia no es opcional ni depende del carácter interino del cargo. La ausencia de registros y la informalidad en el manejo de una reunión de este nivel configuran un patrón de secretismo incompatible con la función pública, más aún cuando se emplean recursos del Estado.
Este episodio también expone una evidente asimetría política. Prácticas similares durante el gobierno de Pedro Castillo desencadenaron pedidos de vacancia, investigaciones y una condena política casi inmediata. Hoy, hechos comparables parecen relativizarse. La institucionalidad, sin embargo, no admite excepciones: el poder debe explicarse siempre, y cuando no lo hace, es legítimo que el periodismo y la ciudadanía exijan respuestas.
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