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En defensa de Pedro Castillo Terrones

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El Congreso de la República de Perú ha rechazado la apelación que presento el expresidente Pedro Castillo, en contra de una resolución administrativa que en primera instancia le negó la pensión vitalicia de 15,600 soles mensuales que corresponde a los expresidentes constitucionales del país.

En febrero de 2023, el Congreso aprobó acusar a Castillo por los presuntos delitos de organización criminal, corrupción y tráfico de influencias. De acuerdo con la ley que regula la pensión vitalicia, este derecho se suspende cuando el beneficiario es acusado constitucionalmente.

Al respecto, el abogado defensor de Castillo, Walter Ayala, anunció que presentará una acción de amparo ante una Sala Constitucional del Poder Judicial en contra de esta resolución.

Esta decisión del Congreso ha generado un debate sobre su constitucionalidad y el respeto a los derechos fundamentales. Por un lado, la Constitución Política de Perú establece que los expresidentes tienen derecho a una pensión vitalicia, sin hacer excepciones explícitas. Sin embargo, la ley que regula esta pensión contempla la suspensión del beneficio en caso de acusaciones constitucionales.

El Congreso de la República, compuesto por la mayoría parlamentaria de derechistas y social demócratas actúa de manera vengativa y discriminatoria

Desde una perspectiva de vulneración de derechos, organismos internacionales como la Corte Interamericana de Derechos Humanos han establecido que las pensiones son un derecho adquirido que no puede ser vulnerado arbitrariamente por los Estados.

Finalmente será el Poder Judicial quien deberá evaluar si la suspensión de la pensión a Castillo se ajusta a los principios constitucionales y a los estándares internacionales de derechos humanos.

Es importante destacar que esta situación se produce en un contexto de polarización política en Perú, lo que puede influir en las decisiones de las autoridades. Por lo tanto, será fundamental que el Poder Judicial actúe con imparcialidad y apegado a la ley para garantizar el respeto a los derechos fundamentales y el Estado de Derecho.

LA VENGANZA DE LA DERECHA

Lo cierto es, que la negativa del Congreso a otorgar la pensión vitalicia a Pedro Castillo ha sido interpretada por algunos sectores como una represalia política contra el exmandatario. Prueba de ellos son los informes presentados por diversos organismos internacionales los cuales reiteraron su preocupación ante los ataques viscerales de la derecha contra el gobierno de Castillo.

Ninguna comparación entre el gobierno dictatorial de Alberto Fujimori y el gobierno popular de Pedro Castillo

Un Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH):

Expresaba su preocupación por «la sucesión de hechos que revelaron una falta de voluntad política para permitir que el expresidente Castillo ejerciera su mandato con normalidad». Señalando que estuvo sometido a una «campaña de desestabilización desde su llegada al poder».

Por su parte las Declaraciones de la Misión de Observación Electoral de la OEA, señalaba que «los intentos de desestabilización del gobierno democráticamente electo del presidente Castillo comenzaron desde el mismo día de su investidura», según declaraciones de su jefe de misión, Gerardo Ichalalá.

Un Informe anual de la ONG Human Rights Watch, anunciaba que «desde que asumió el cargo en julio de 2021, el presidente Castillo enfrentó intentos de desestabilización de su gobierno por parte de actores que cuestionaron su legitimidad».

Desde EE.UU., Artículo de The New York Times, enunciaba que «los legisladores de oposición, junto con sectores de la élite económica y los medios de comunicación, libraron una campaña implacable para sabotear la presidencia de Castillo desde el principio».

Declaraciones de analistas y expertos:

Analistas políticos como Gonzalo Banda, de la Universidad del Pacífico, afirmaba que «hubo una campaña sistemática para deslegitimar a Castillo desde antes de que asumiera el cargo, lo que dificultó su gestión».

Lo cierto de todo es que Pedro Castillo enfrentó una fuerte oposición y acciones desestabilizadoras desde el inicio de su mandato, lo que eventualmente llevó a su destitución por parte del Congreso en diciembre de 2022. La negativa a otorgarle la pensión vitalicia a Castillo, no es otra cosa que la continuación de sus acciones desestabilizadoras de una clase política fascista, que obedeciendo a las élites económicas tradicionales libraron una despiadada campaña hacia los sectores populares y sus legítimos representantes.

Pedro Castillo fue respaldado por el pueblo hasta que el régimen de Dina Boluarte empezó a reprimir y matar con el uso de armas letales, según las propias necropsias de Ley

A pesar de los intentos desestabilizadores, el pueblo peruano permaneció firme en su respaldo a Castillo, viendo en él la posibilidad de un cambio profundo que beneficiara a los históricamente excluidos. Sin embargo, las fuerzas conservadoras no estaban dispuestas a aceptar un gobierno que desafiara sus intereses.

La negativa a otorgar la pensión vitalicia a Castillo es un acto de revancha política, un castigo ejemplar para aquel que osó desafiar su statu quo, representando los anhelos de las grandes mayorías nacionales.

Esta decisión no sólo viola los derechos constitucionales de Castillo, sino que constituye una afrenta a la voluntad popular que lo eligió como presidente. Es un mensaje intimidatorio para aquellos sectores populares que buscan cambios estructurales en favor de la justicia social.
Las fuerzas democráticas y progresistas deben permanecer alertas ante estos ataques contra quienes representan los intereses de las grandes mayorías. El odio de clase de la derecha no debe prevalecer sobre los derechos y la voluntad soberana del pueblo peruano.

En momentos como este, más que nunca, es necesaria la movilización popular en defensa de la democracia y la justicia social. No permitamos que los sectores reaccionarios impongan su agenda retrógrada y excluyente.

La lucha por una sociedad más justa e igualitaria, continúa.

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Municipalidad de Lima pide reforzar control ante movilizaciones y abre debate sobre derechos ciudadanos

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Lima, 11 de junio de 2026.- La Municipalidad Metropolitana de Lima exhortó al Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio Público a reforzar las medidas de seguridad y control del orden interno ante las movilizaciones anunciadas en el Centro Histórico de la capital. El pedido fue formulado mediante un comunicado oficial emitido en el marco de la ampliación del Estado de Emergencia en Lima Metropolitana.

La comuna sostuvo que es necesario adoptar acciones para proteger a la población, así como los monumentos, plazas, edificios históricos y demás bienes patrimoniales ubicados en el Centro Histórico de Lima. Asimismo, recordó que en dicha zona existen restricciones para la realización de marchas, manifestaciones y concentraciones públicas.

El municipio informó además que mantiene patrullajes permanentes, monitoreo mediante cámaras de videovigilancia y drones, además de una coordinación constante con las fuerzas del orden para prevenir posibles actos de violencia o daños a la infraestructura pública.

No obstante, el pronunciamiento ha generado cuestionamientos entre diversos sectores ciudadanos y especialistas en derechos fundamentales, quienes advierten que medidas de esta naturaleza podrían interpretarse como una limitación al ejercicio de derechos constitucionales como la libertad de reunión, expresión y protesta pacífica.

Para los analistas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la preservación del orden público y el respeto a las libertades democráticas. En un contexto de alta tensión política y social, el debate sobre los alcances de las restricciones a las movilizaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública peruana.

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Keiko Fujimori mantiene una estrecha ventaja en la recta final del escrutinio de la segunda vuelta presidencial

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Lima, 11 de junio de 2026.- La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez en la etapa final del cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial, cuando restan por contabilizarse los últimos miles de votos y continúa la revisión de actas observadas por parte de los organismos electorales.

De acuerdo con los reportes oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos sigue siendo reducida, aunque suficiente para mantener a Fujimori al frente del conteo. La estrecha distancia refleja una elección altamente polarizada y una de las más disputadas desde el retorno de la democracia.

El avance de los votos procedentes del extranjero y de algunas circunscripciones pendientes de procesamiento contribuyó a consolidar la ventaja de la lideresa de Fuerza Popular durante las últimas jornadas. Analistas electorales señalan que estos segmentos del electorado han resultado determinantes para modificar la tendencia observada en los primeros días posteriores a la votación.

El escenario actual es seguido con atención tanto por los mercados como por diversos sectores políticos y empresariales, debido a las profundas diferencias programáticas entre las dos candidaturas. Mientras Fuerza Popular plantea la continuidad del modelo económico vigente y una agenda orientada a fortalecer la inversión privada, Juntos por el Perú propone reformas estructurales en materia política, económica y constitucional.

La posibilidad de que un sector identificado con la derecha y la ultraderecha política retorne al Gobierno ha generado reacciones encontradas en el país. Sus partidarios consideran que el resultado representaría una apuesta por la estabilidad económica y el fortalecimiento institucional, mientras que sus críticos advierten sobre el riesgo de una mayor confrontación política y el retorno de prácticas asociadas al fujimorismo.

Pese a la ventaja de Fujimori, voceros de ambas organizaciones políticas han pedido prudencia hasta la conclusión oficial del proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones continúa evaluando recursos y observaciones presentadas por los personeros, por lo que el resultado definitivo aún deberá ser proclamado conforme a los procedimientos establecidos por ley.

Con el escrutinio acercándose a su fase decisiva, el Perú permanece expectante ante la definición de quién ocupará la Presidencia de la República para el período 2026-2031. La reducida diferencia entre ambos candidatos confirma la profunda división política del electorado y anticipa un escenario de importantes desafíos para el próximo gobierno, cualquiera sea el resultado final.

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Los que perderían con los resultados de segunda vuelta en el Perú

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Una eventual victoria ajustada de Roberto Sánchez no solo significaría un cambio de gobierno; abriría una disputa más amplia sobre la redistribución del poder político, económico y territorial en el Perú. Las elecciones no solo eligen presidentes: también modifican relaciones de influencia, acceso al Estado y capacidad para definir prioridades nacionales. Sin embargo, una victoria estrecha también plantea una pregunta incómoda: ¿realmente habría una transformación del modelo o solo un reacomodo de actores?

En el plano político y económico, algunos sectores podrían perder centralidad relativa. Liderazgos como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o César Acuña y organizaciones como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o sectores vinculados a espacios conservadores podrían ver reducida parte de su capacidad de negociación política. Lo mismo podría ocurrir con actores tradicionalmente cercanos a los espacios de decisión estatal, entre ellos determinados gremios empresariales como la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía o sectores financieros acostumbrados a un marco político y económico altamente predecible. No se trataría necesariamente de una pérdida de patrimonio o desaparición política, sino de una eventual reducción de influencia directa.

También podrían perder peso algunos sectores tecnocráticos y redes profesionales que han permanecido de manera recurrente en distintos gobiernos. En el debate político peruano, parte de estos grupos han sido llamados por sus críticos “caviares”: funcionarios, asesores, consultores, especialistas y operadores con presencia continua en ministerios, organismos públicos, cooperación internacional y espacios de diseño de políticas. Sus detractores sostienen que terminaron administrando una continuidad técnica del modelo económico y político; sus defensores responden que representan experiencia institucional y estabilidad estatal.

Pero quizá la pregunta más importante no sea quién podría perder, sino qué esperan quienes hicieron posible el crecimiento político de Roberto Sánchez. Su respaldo más fuerte provino del sur andino, el centro del país, la Amazonía y parte del norte peruano, territorios donde históricamente se acumularon demandas económicas, sociales y políticas que van más allá de una simple alternancia presidencial.

En sectores importantes de estas regiones existen expectativas que trascienden mejoras administrativas: la liberación o reivindicación política de Pedro Castillo, una nueva Constitución, educación y salud públicas gratuitas y de calidad, mayor presencia estatal, recuperación o mayor control nacional sobre recursos naturales estratégicos, redistribución de la riqueza generada en los territorios y una descentralización real del poder político y financiero concentrado históricamente en Lima. Para muchos de estos ciudadanos, el problema no es únicamente la pobreza; es también la percepción de exclusión de las decisiones nacionales.

Sin embargo, aparece una contradicción inevitable. Una victoria estrecha, un Congreso fragmentado y la presencia de ex ministros, ex funcionarios y perfiles técnicos provenientes de administraciones anteriores dentro de un eventual equipo de gobierno podrían reducir significativamente el margen para impulsar cambios estructurales. La historia política peruana muestra que los grupos económicos, financieros y tecnocráticos rara vez desaparecen; suelen adaptarse, negociar y sobrevivir a distintos gobiernos.

La paradoja es que los sectores con mayor poder acumulado probablemente encontrarán mecanismos para reacomodarse al nuevo escenario. Quienes podrían arriesgar más son aquellos ciudadanos que depositaron en esta elección una expectativa de transformación profunda. Porque si las estructuras centrales permanecen casi intactas, la mayor pérdida no sería de privilegios ni de poder económico: sería la pérdida de una nueva oportunidad histórica de cambio.

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