La suspensión del servicio, que afectará varias zonas de estas jurisdicciones, fue programada para realizar trabajos de mantenimiento del sistema de almacenamiento de agua potable.
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Procesión del Señor de los Milagros 2024 avivará de fe y tradición a Lima

En 2024, por tercer año consecutivo tras la paralización debido a la pandemia, las calles del Centro Histórico serán testigos del fervor religioso que desde el siglo XVII acompaña a los limeños, una manifestación de fe que atraviesa generaciones. El ‘Cristo de Pachacamilla’, cuya devoción ha trascendido fronteras, recorrerá la capital en el tradicional Mes Morado, que congrega a miles de fieles en un acto que simboliza no solo la devoción, sino también la resiliencia de una ciudad que se ha mantenido firme en su fe a lo largo del tiempo. La ciudad de Lima se prepara para vivir nuevamente uno de sus eventos más emblemáticos y esperados del año: la procesión del Señor de los Milagros.
Inicio de la procesión y recorridos confirmados
El Arzobispado de Lima y la Hermandad del Señor de los Milagros han oficializado las fechas y rutas de la venerada imagen para este año. El primer recorrido se llevará a cabo el sábado 5 de octubre, partiendo desde el Santuario de Las Nazarenas, en el Cercado de Lima. Se espera la participación de más de cien mil feligreses, quienes acompañarán la imagen sagrada en un trayecto de 1.29 km. Las calles de la capital se teñirán de morado mientras la procesión avanza, rodeada por los cánticos y oraciones de los fieles, quienes ven en el Cristo de Pachacamilla una representación de protección y esperanza.
En palabras de Monseñor Carlos Castillo, la procesión no solo es un acto de fe, sino una invitación a la reflexión y a la comunión. Durante la conferencia de prensa celebrada el 19 de septiembre, el Arzobispo destacó que este año la imagen volverá a ser entronizada en parroquias, comunidades, colegios y barrios, extendiendo así el mensaje de amor y unión.

Medidas en el transporte y seguridad
Dada la magnitud del evento, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) ha implementado un plan especial para el transporte público en Lima y Callao. David Hernández, presidente de la Autoridad para el Transporte Urbano (ATU), informó que se modificarán las rutas del Metropolitano y se cerrarán algunas estaciones, como Colmena y Tacna, durante el primer recorrido. Asimismo, la Policía Nacional del Perú (PNP) ha anunciado cierres progresivos de calles y avenidas para garantizar la seguridad de los participantes.
Historia y devoción
La devoción al Señor de los Milagros tiene profundas raíces en la historia de Lima, remontándose a la época colonial, cuando la imagen original fue pintada por un esclavo angoleño conocido como Pedro Dalcon o «Benito». Este hecho cobró mayor relevancia en 1655, cuando un terremoto sacudió Lima y, milagrosamente, la pintura de Cristo permaneció intacta a pesar del colapso de las estructuras a su alrededor. Desde entonces, la figura del Cristo de Pachacamilla ha sido objeto de veneración y ha consolidado su lugar como símbolo de protección y consuelo.
Incluso figuras influyentes como el intelectual marxista José Carlos Mariátegui reconocieron el impacto emocional de esta procesión en el pueblo limeño. En 1916, en un artículo que ganó un concurso de la Municipalidad de Lima, Mariátegui describió la procesión como un acto «impresionante, seductor y enternecedor», destacando cómo esta manifestación de fe conectaba a la ciudad con su historia y sus creencias más profundas.

Un mes de fervor en medio de la inseguridad
El Mes Morado en Lima no solo es una tradición religiosa, sino un recordatorio del poder de la fe en tiempos de adversidad. La procesión del Señor de los Milagros, con más de 300 años de historia, continúa siendo un evento que une a creyentes y no creyentes, brindando un espacio de reflexión, espiritualidad y comunidad. Este 2024, la imagen recorrerá nuevamente las calles capitalinas, reforzando el lazo de fe que mantiene viva la esperanza en los corazones de miles de peruanos.
Fuentes: Webs y redes de noticias
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Margot Palacios rechazó a los cuatro candidatos a la presidencia del Congreso por representar el continuismo golpista y corrupto

La congresista Margot Palacios Huamán, actualmente no agrupada y candidata al Senado por Juntos por el Perú, rechazó de manera tajante respaldar a cualquiera de los cuatro postulantes a la presidencia del Congreso durante la sesión extraordinaria del 18 y 19 de febrero de 2026, tras la censura al entonces titular José Jerí Oré.
En una transmisión en vivo difundida en su cuenta de Facebook, Palacios criticó duramente que las candidaturas de José María Balcázar Zelada (vinculado a Perú Libre), María del Carmen Alva (Acción Popular), Edgard Reymundo y Segundo Acuña representaban un continuismo golpista y corrupto. Según la legisladora, ninguna de estas opciones impulsaba una transformación estructural profunda del modelo económico que, a su juicio, perpetúa la desigualdad, el abandono del interior del país y los pactos de cúpulas partidarias.
La parlamentaria acusó a la “derecha” de imponer una falsa elección entre corrupción e impunidad, y subrayó que los candidatos priorizaban blindajes y repartijas en lugar de cambios reales, dignidad y transparencia para el “Perú profundo”. “No hemos llegado hasta aquí para legitimar más de lo mismo”, afirmó Palacios, anunciando explícitamente que no votaría por ninguno de los cuatro postulantes.
En consecuencia, Margot Palacios no respaldó a José María Balcázar Zelada, quien finalmente se impuso en segunda vuelta frente a María del Carmen Alva y asumió la presidencia del Congreso —y, por sucesión constitucional, la Presidencia interina de la República— hasta las elecciones generales del 12 de abril de 2026.
La postura de rechazo total a los cuatro candidatos de parte de la congresista evidencia su coherencia y lealtad de la Congresista a las demandas más sentidas del interior del país en medio de la crisis política.
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Presidente Balcázar descarta indulto a Pedro Castillo: «No está en agenda»

El presidente interino de Perú, José María Balcázar, descartó de forma tajante la posibilidad de otorgar un indulto al expresidente Pedro Castillo apenas unas horas después de asumir el cargo el 18 de febrero de 2026. En sus primeras declaraciones a la prensa, transmitidas por RPP, Infobae y La República, Balcázar fue categórico al afirmar: «No está en agenda de los indultos, quiero que entiendan eso». Reiteró que Castillo debe continuar enfrentando sus procesos penales en la Corte Suprema por el intento de autogolpe de diciembre de 2022, subrayando que «no está ningún tipo de indulto por el momento» y que el caso debe seguir su curso judicial sin interferencias.
Esta posición marca un giro drástico respecto a las expectativas que se generaron durante su elección en el Congreso, donde Balcázar —militante de Perú Libre— había señalado públicamente que «el sur lo pide» en referencia al indulto. Esa frase alimentó la esperanza de sectores de izquierda, disidentes del propio Perú Libre y aliados progresistas, quienes habrían respaldado su candidatura con 64 votos al considerar que cumpliría esa promesa implícita. Sin embargo, una vez juramentado, el mandatario optó por priorizar la autonomía del Poder Judicial, la evaluación de ministros y la preparación de elecciones transparentes en abril de 2026, dejando de lado cualquier medida de gracia.
La negativa ha empezado a provocar desazón y frustración en las bases castillistas, sobre todo en el sur del país (Puno, Cusco, Apurímac y Arequipa), regiones donde Pedro Castillo conserva un fuerte apoyo por su origen rural y sus promesas de inclusión. Simpatizantes que inicialmente celebraron el retorno de Perú Libre al poder ahora expresan decepción en redes sociales y llamados a movilizaciones con consignas como «todos a las calles a liberar a nuestro presidente». Aunque aún no se han registrado protestas masivas, el cambio de postura es percibido por muchos como una posible traición al pacto que habría facilitado su ascenso al poder.
La oposición de derecha, que contribuyó a su elección, reaccionó con alivio ante el descarte del indulto, pero también con críticas al supuesto acuerdo previo. Congresistas como Martha Moyano (Fuerza Popular) advirtieron sobre los riesgos de cualquier beneficio a Castillo o Vladimir Cerrón, mientras Balcázar insiste en que su gobierno transitorio busca evitar más convulsiones políticas. Analistas advierten que, sin gestos concretos hacia el interior del país, este viraje podría erosionar rápidamente su respaldo popular en las regiones que lo impulsaron inicialmente.
En el contexto de la prolongada crisis política peruana —con ocho presidentes en poco más de una década—, la declaración de Balcázar representa un intento por estabilizar el país y garantizar una transición ordenada hasta julio de 2026. No obstante, el creciente descontento en sectores populares podría traducirse en mayor presión desde las bases en las próximas semanas, poniendo a prueba la capacidad del mandatario para equilibrar expectativas de justicia social con el respeto al debido proceso.
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José María Balcázar asume como presidente interino de Perú tras maratónica elección en el Congreso

Lima, 19 de febrero de 2026.- En una sesión extraordinaria que se extendió hasta la madrugada, el Congreso de la República eligió este miércoles al congresista José María Balcázar Zelada como nuevo presidente del Legislativo, lo que lo convierte automáticamente en presidente interino de la República. El jurista de 83 años, militante de Perú Libre, superó en segunda vuelta a María del Carmen Alva (Acción Popular) con 64 votos contra 46, marcando un sorpresivo regreso de la izquierda al poder ejecutivo en medio de la crisis política que azota al país desde hace más de una década.
La jornada maratónica comenzó tras la destitución exprés del anterior presidente interino, José Jerí, censurado el martes por presuntos escándalos de corrupción, incluyendo reuniones irregulares con empresarios chinos. Con el artículo 115 de la Constitución activado por la vacancia en la línea de sucesión —tras las destituciones de Dina Boluarte en 2025 y el legado de inestabilidad desde Pedro Castillo—, cuatro candidatos compitieron: Balcázar (Perú Libre), Alva (Acción Popular), Héctor Acuña (Honor y Democracia) y Édgar Reymundo (Bloque Democrático Popular). En la primera vuelta, Balcázar obtuvo 46 votos, Alva 43 (o 44 según algunas fuentes), y los otros dos quedaron eliminados con 13 y 7 sufragios, respectivamente, obligando a una segunda ronda decisiva.
La victoria de Balcázar se debió a una coalición táctica de última hora: el bloque consolidado de izquierda (Perú Libre y aliados), sumado a votos clave de Alianza para el Progreso (APP), Podemos Perú y sectores disidentes de derecha que rechazaban el estilo confrontacional de Alva. La ex presidenta del Congreso pagó caro sus polémicas pasadas, acusaciones de negociaciones cuestionables y la fragmentación del espectro conservador, que no logró unificar apoyos suficientes en un Parlamento hiperdividido. Al proclamarse el resultado, Balcázar juramentó de inmediato y se trasladó a Palacio de Gobierno, donde prometió estabilidad, respeto a la institucionalidad y una transición ordenada hacia las elecciones generales del 12 de abril.
Con este nombramiento, Balcázar —exmagistrado del Tribunal Constitucional y representante por Lambayeque— se convierte en el noveno jefe de Estado en poco más de diez años y en el presidente de mayor edad en la historia del Perú. Su mandato será efímero: solo hasta el 28 de julio de 2026, cuando entregue la banda presidencial al ganador de los comicios. Desde la clandestinidad, el líder de Perú Libre, Vladimir Cerrón (prófugo desde 2023), ya ejerció influencia pública exigiendo cambios en la Policía Nacional, lo que anticipa tensiones en este breve gobierno de transición.
La elección expone una vez más la fragilidad institucional peruana, con un Congreso fragmentado donde los pactos voto a voto priman sobre las ideologías. Mientras el país se prepara para unas elecciones con récord de candidatos presidenciales, Balcázar llega como figura de consenso precario, pero con el desafío de garantizar comicios limpios y pacíficos en un contexto de desconfianza ciudadana y protestas latentes.

















