El secretario del partido fujimorista señaló que los fiscales, junto al periodista Gustavo Gorriti, "han politizado la justicia" y "complotaron" para que Keiko Fujimori vaya a prisión preventiva por el caso 'Cócteles'.…
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Fuerza Popular y aliados del Congreso limitaron la clausura de centros comerciales en riesgo poniendo en peligro a los peruanos

En octubre de 2023, el Congreso peruano aprobó la Ley N° 31914, una normativa que meses después revelaría su impacto negativo en la seguridad pública. Impulsada por Fuerza Popular y respaldada por una coalición multipartidaria que incluyó a Perú Libre, Renovación Popular, Alianza para el Progreso y Avanza País, esta ley restringió severamente la capacidad de los gobiernos locales para clausurar centros comerciales, incluso ante riesgos evidentes.
La tragedia del Real Plaza Trujillo, ocurrida el 21 de febrero de 2025, dejó al descubierto las consecuencias de priorizar intereses comerciales sobre la seguridad ciudadana. Ocho personas fallecieron y más de 70 resultaron heridas tras el colapso de una estructura en el centro comercial. Este desastre pudo haberse evitado si no fuera por la legislación que ató las manos de las autoridades locales. En diciembre de 2023, el exalcalde de Trujillo, Arturo Fernández, había intentado clausurar el establecimiento tras detectar riesgos estructurales, pero la nueva ley lo impidió.

La Ley N° 31914, promovida inicialmente por Fuerza Popular, estableció que las municipalidades debían levantar cualquier clausura en un plazo máximo de 48 horas si el centro comercial presentaba documentación, independientemente de la gravedad de las deficiencias detectadas. Esta disposición prácticamente anuló la capacidad de supervisión de los gobiernos locales, dejando en evidencia un marco legal que privilegió los intereses económicos sobre la vida de las personas.
El congresista Alejandro Cavero, uno de los principales defensores de la ley, argumentó en su momento que esta buscaba proteger la inversión privada de los «alcaldes populistas». Sin embargo, tras la tragedia, intentó distanciarse de las consecuencias de la normativa que él mismo promovió, alegando que su objetivo era proteger a los empresarios de clausuras arbitrarias. No obstante, la realidad demostró que la ley limitó la capacidad de las autoridades para actuar ante riesgos inminentes.
La aprobación de la ley fue el resultado de un intenso lobby liderado por Fuerza Popular. El 10 de mayo de 2023, la bancada fujimorista presentó el proyecto N° 4952, que modificaba la Ley 28976 para regular las clausuras de establecimientos. Tras un debate en el Pleno del Congreso, presidido entonces por Alejandro Soto de Alianza para el Progreso, la iniciativa fue aprobada con 85 votos a favor y solo 19 en contra. Finalmente, el 28 de octubre de 2023, el Gobierno de Dina Boluarte promulgó la Ley N° 31914.

Aunque la normativa establecía que los centros comerciales podían ser clausurados en caso de riesgo inminente para la vida, la salud o la seguridad, también permitía que estos reabrieran en 48 horas si presentaban documentación que «subsanara» las observaciones. Este mecanismo, en la práctica, dejó sin efecto la capacidad de las municipalidades para garantizar la seguridad pública.
La tragedia del Real Plaza Trujillo no solo expuso las fallas estructurales del centro comercial, sino también las consecuencias de una legislación que priorizó intereses económicos sobre la protección de vidas humanas. La sangre de las víctimas mancha no solo el concreto colapsado, sino también las páginas de una ley que debió proteger a los ciudadanos.
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Lima cumple 491 años: entre la fundación española, el centralismo y la inseguridad

Lima, 18 de enero de 2026 — La capital peruana conmemora este domingo sus 491 años de fundación española, en una jornada que mezcla actos protocolares, actividades culturales y deportivas gratuitas, pero bajo un tono de sobriedad marcado por la suspensión de la tradicional Serenata a Lima en señal de duelo por el fallecimiento de dos trabajadores municipales en un accidente vial.
Todo comenzó el 18 de enero de 1535, cuando el verdugo español Francisco Pizarro clavó el rollo en el valle del Rímac para erigir la Ciudad de los Reyes, elegida por su fertilidad, proximidad al puerto del Callao y trazado en damero español sobre el paisaje prehispánico. El nombre indígena Limaq (deformado a Lima) prevaleció sobre la denominación oficial, dando inicio a una urbe que se convertiría en capital del Virreinato más rico de América, resistiendo terremotos como el de 1746, invasiones de otros imperios y la ocupación chilena de 1881.
Sin embargo, a lo largo de casi cinco siglos, el centralismo limeño se consolidó como una estructura agobiante que concentra poder político, económico y administrativo en la capital, atrayendo recursos y población del interior de Perú. Hoy, con más de 10.5 millones de habitantes en su área metropolitana, Lima representa cerca de un tercio del padrón electoral nacional y recibe la mayor parte del presupuesto nacional, perpetuando críticas por desigualdad territorial real y brechas que alimentan percepciones de que el país “no funciona para la mayoría”, según encuestas recientes, pero según datos oficiales, planteando escenarios de cambios urgentes por los nuevos habitantes de este territorio de fundación española.
Esta vez, la celebración se ve opacada por la inseguridad galopante, considerada una de las peores épocas desde la implementación del sistema y su modelo económico desigual. En los primeros días de enero de 2026 ya se registran decenas de muertes violentas, con Lima liderando las cifras de homicidios, extorsiones y robos. Por ejemplo, un estudio de Ipsos revela que el 73% de los limeños vive con miedo a la delincuencia, y el 48% no se siente a gusto en la ciudad, un deterioro drástico que coincide con protestas de transportistas y comerciantes exigiendo medidas efectivas al Estado.
A 491 años de su fundación, Lima enfrenta su paradoja histórica: una metrópoli diversa que se reinventa diariamente para mantenerse habitable, pero atrapada entre su legado fundacional, el peso del centralismo y la urgencia de combatir una criminalidad originada en sus estructuras económicas que amenaza su vitalidad cotidiana. Hoy, entre la carrera Lima Corre 10K, pasacalles multiculturales, el Clásico Ciudad de Lima y el Concierto Gala, la capital se mira a sí misma con orgullo y preocupación real, recordando que su historia no es solo de resistencias pasadas, sino de desafíos presentes que demandan respuestas urgentes, cambios urgentes para dar fin a las grandes desigualdades como factores de sus grandes males que podrían tocar la puerta más temprano que tarde.
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Desactivación de equipos especiales: Un retroceso que amenaza la justicia por las víctimas de las protestas 2022-2023

Lima, 06 de enero 2026.- El 6 de enero de 2026, el fiscal de la Nación interino, Tomás Gálvez Villegas, oficializó la desactivación de cuatro equipos especiales del Ministerio Público: Lava Jato, Cuellos Blancos del Puerto, Eficcop y, de manera particularmente alarmante, el Equipo Especial de Fiscales para casos con Víctimas durante las Protestas Sociales (Eficavip). Esta medida, publicada en El Peruano, transfiere las investigaciones a fiscalías especializadas bajo el argumento de optimizar recursos y unificar la persecución penal. Sin embargo, expertos y representantes de víctimas coinciden en que representa un grave debilitamiento institucional, especialmente en los casos de violaciones a derechos humanos ocurridas entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, donde al menos 49 civiles perdieron la vida por represión policial y militar.
El Eficavip, creado en marzo de 2023, era el único equipo dedicado exclusivamente a investigar las muertes y lesiones graves en protestas contra el gobierno de Dina Boluarte, incluyendo episodios como la masacre de Juliaca (18 fallecidos en un solo día) y Ayacucho. Organismos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han documentado que muchas de estas muertes podrían constituir ejecuciones extrajudiciales, con uso excesivo de fuerza letal. La disolución de este equipo dispersa las carpetas fiscales, elimina la coordinación especializada y genera riesgos de dilaciones procesales, en un contexto donde las investigaciones ya avanzaban lentamente y enfrentaban estancamientos en la responsabilidad de altos mandos.
La decisión de Gálvez no es aislada: él mismo fue investigado en el caso Cuellos Blancos del Puerto —cuyo equipo también se desactiva—, por presuntos vínculos con una red de corrupción judicial que incluyó audios comprometedores con César Hinostroza. Aunque Gálvez niega cualquier implicancia y califica el caso como «una invención», su restitución en 2025 por el Tribunal Constitucional y su rol actual como fiscal interino generan un evidente conflicto de intereses. Esta sombra de parcialidad se extiende al Eficavip, donde abogados de deudos como Juan José Quispe denuncian que la medida busca «proteger» a altos mandos policiales y al Ejecutivo, instalando un «manto de impunidad».
Reacciones no se han hecho esperar. José Ugaz advierte que la desactivación favorece a investigados con aspiraciones políticas rumbo a las elecciones 2026, mientras Silvana Carrión lamenta el debilitamiento de la lucha anticorrupción. Para las víctimas de las protestas, es «un día negro para el Ministerio Público», como lo calificó Quispe, pues muchas investigaciones ni siquiera alcanzan tres años y ahora corren riesgo de prescripción o archivo. Aunque Gálvez deslinda responsabilidad personal y promete continuidad en subsistemas especializados, la pérdida de equipos autónomos implica menor especialización y mayor burocracia.
En un país marcado por la impunidad en graves violaciones de derechos humanos, esta reestructuración no solo cuestiona la independencia del Ministerio Público, sino que envía un mensaje preocupante: las vidas perdidas en 2022-2023 podrían quedar sin justicia plena. Urge una supervisión independiente para garantizar que las investigaciones no se diluyan, y que las víctimas —y no los intereses políticos— sean el centro de la persecución penal.
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Nuevos aranceles de EE.UU. golpean a Perú y sacuden su propia economía

Los aranceles impuestos por el presidente Donald Trump el 2 de abril de 2025, que incluyen un 10% general y tasas adicionales como el 34% a China, prometen un impacto negativo en Perú. Aunque el Acuerdo de Promoción Comercial (PTPA) protege algunas exportaciones, la incertidumbre global ya genera temores.
En Perú, el sector minero, que representa el 30% de las exportaciones, enfrentará serias dificultades. La caída de la demanda china por cobre, afectada por aranceles que suman un 54%, podría reducir los precios internacionales, golpeando ingresos por unos 18,000 millones de dólares anuales. Esto amenaza miles de empleos en regiones como Arequipa y Cajamarca.
Las exportaciones agrícolas, como arándanos y espárragos, también están en riesgo. Aunque el PTPA mitiga aranceles directos, un dólar debilitado (índice DXY en 102,98) encarece las importaciones peruanas de fertilizantes y maquinaria, elevando costos. Además, la menor capacidad de compra en EE.UU. por precios más altos podría reducir la demanda de estos productos.
La economía peruana siente el impacto indirecto de una posible recesión global. La fragmentación del comercio, con retaliaciones como el 34% de China a EE.UU. desde el 10 de abril, podría afectar mercados alternativos de Perú, como la UE. El oro, cuyo precio subió a 3.147 USD/oz, ofrece un respiro, pero no compensa las pérdidas proyectadas.
En EE.UU., el impacto inmediato es evidente. Este miércoles, los mercados se desplomaron: el Dow Jones cayó un 2,7%, el S&P 500 un 3,9% y el NASDAQ 100 un 4,7%. Empresas tecnológicas como Apple (-6%), Nvidia (-4%) y Tesla (-4,5%) lideraron las pérdidas, reflejando temores de menor consumo y disrupciones en cadenas de suministro.
Los consumidores estadounidenses enfrentan alzas de precios inminentes. Bienes importados como electrónicos y autos, afectados por el 10% base y tasas más altas a países como México (25%), encarecerán la vida diaria. Economistas advierten que esto podría desacelerar el crecimiento, con el PIB proyectado en un modesto 1,8% para 2025.
Tanto en Perú como en EE.UU., los aranceles de Trump desatan una tormenta económica. Mientras Lima busca diversificar mercados, Washington enfrenta las consecuencias de su propia estrategia proteccionista, con efectos que apenas comienzan a sentirse.
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