El Comité Nacional Unificado de Lucha (CNUL) anunció una marcha contra la presidenta Dina Boluarte y el Congreso de la República en las 26 regiones del Perú para exigir el cumplimiento de…
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Donald Trump regresa a Casa Blanca en medio de protestas y anuncio de políticas ultraderechistas y populistas

Donald Trump, el expresidente republicano y figura polarizadora de la política estadounidense, juró hoy como el 47.º presidente de los Estados Unidos, marcando el inicio de su segundo mandato. En una ceremonia cargada de simbolismo nacionalista y bajo estrictas medidas de seguridad, Trump proclamó una «nueva era dorada para Estados Unidos». Sin embargo, su regreso ha generado una oleada de críticas tanto a nivel nacional como internacional, acompañadas de protestas masivas en diversas ciudades.
En su discurso inaugural, Trump lanzó propuestas ultraderechistas y de populismo global como restaurar «la grandeza americana» a través de una agenda centrada en el proteccionismo económico, la seguridad fronteriza y un enfoque estrictamente nacionalista. Entre sus primeras medidas destacaron: La declaración de una emergencia nacional en la frontera sur para acelerar la construcción del muro fronterizo contra los migrantes. La reactivación de políticas migratorias controversiales, como «Permanece en México», que obliga a los solicitantes de asilo o permanencia a esperar en territorio mexicano mientras resuelven sus casos. La firma de órdenes ejecutivas que revocan decisiones clave de la administración Biden, incluyendo la reincorporación al Acuerdo de París. Retomar los sucesos lóbregos de la invasión y apropiación del canal de Panamá y el golfo de México. Continuar con el apoyo y financiamiento a la OTAN y las guerras que siembran muerte y destrucción en Europa y Oriente. Entre otras.

Trump también anunció la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), liderado por Elon Musk, con el objetivo de reducir costos en la administración federal. Esta medida, aunque celebrada por sectores empresariales, ha desatado críticas de sindicatos y analistas, quienes advierten sobre posibles despidos masivos y una disminución en la calidad de los servicios públicos.
El regreso de Trump a la Casa Blanca ha provocado tensiones a nivel global. Su apoyo a líderes ultraderechistas, como Víktor Orbán de Hungría y Giorgia Meloni de Italia, quienes asistieron a su ceremonia inaugural, generó rechazo entre los líderes de la Unión Europea. Muchos temen que la nueva administración estadounidense priorice el aislacionismo y debilite la cooperación multilateral.
Francia, bajo el liderazgo de su presidente François Bayrou, acusó a Trump de impulsar «políticas dominadoras» que amenazan la estabilidad del continente europeo. Asimismo, la decisión de retirar nuevamente a Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido criticada por expertos en salud pública, quienes advierten que podría debilitar la respuesta global ante futuras pandemias.
Las manifestaciones en contra de Trump marcaron su primer día en el poder. En Washington D.C., más de 20,000 personas se congregaron cerca del Capitolio para expresar su rechazo a las políticas del presidente, calificadas por los manifestantes como autoritarias y divisivas. Ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Chicago también fueron escenario de multitudinarias protestas.

A nivel internacional, se registraron movilizaciones en Londres, Berlín y Ciudad de México. Activistas y organizaciones de derechos humanos criticaron la cercanía de Trump con gobiernos acusados de violaciones a los derechos humanos y su respaldo a medidas consideradas discriminatorias. Las redes sociales amplificaron las protestas globales, consolidando un movimiento de resistencia internacional contra el populismo autoritario.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, rechazó las declaraciones, afirmando que el Canal sigue siendo administrado por Panamá y que no permitirá interferencias de otros países en su soberanía. Además, Panamá planteó preocupaciones ante la ONU, argumentando que el uso de la fuerza o la amenaza contra la integridad de un Estado es inaceptable.
El inicio del segundo mandato de Donald Trump plantea un escenario de polarización tanto en el ámbito nacional como internacional. Mientras sus seguidores celebran su regreso como una victoria del conservadurismo populista, sus detractores temen que sus políticas profundicen las divisiones sociales y erosionen las bases democráticas.
En los próximos meses, el mundo estará atento a las acciones del presidente, cuyo liderazgo promete ser tan controvertido como decisivo para el rumbo de Estados Unidos y el equilibrio geopolítico global.
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Municipalidad de Lima pide reforzar control ante movilizaciones y abre debate sobre derechos ciudadanos

Lima, 11 de junio de 2026.- La Municipalidad Metropolitana de Lima exhortó al Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio Público a reforzar las medidas de seguridad y control del orden interno ante las movilizaciones anunciadas en el Centro Histórico de la capital. El pedido fue formulado mediante un comunicado oficial emitido en el marco de la ampliación del Estado de Emergencia en Lima Metropolitana.
La comuna sostuvo que es necesario adoptar acciones para proteger a la población, así como los monumentos, plazas, edificios históricos y demás bienes patrimoniales ubicados en el Centro Histórico de Lima. Asimismo, recordó que en dicha zona existen restricciones para la realización de marchas, manifestaciones y concentraciones públicas.
El municipio informó además que mantiene patrullajes permanentes, monitoreo mediante cámaras de videovigilancia y drones, además de una coordinación constante con las fuerzas del orden para prevenir posibles actos de violencia o daños a la infraestructura pública.
No obstante, el pronunciamiento ha generado cuestionamientos entre diversos sectores ciudadanos y especialistas en derechos fundamentales, quienes advierten que medidas de esta naturaleza podrían interpretarse como una limitación al ejercicio de derechos constitucionales como la libertad de reunión, expresión y protesta pacífica.
Para los analistas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la preservación del orden público y el respeto a las libertades democráticas. En un contexto de alta tensión política y social, el debate sobre los alcances de las restricciones a las movilizaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública peruana.
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Keiko Fujimori mantiene una estrecha ventaja en la recta final del escrutinio de la segunda vuelta presidencial

Lima, 11 de junio de 2026.- La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez en la etapa final del cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial, cuando restan por contabilizarse los últimos miles de votos y continúa la revisión de actas observadas por parte de los organismos electorales.
De acuerdo con los reportes oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos sigue siendo reducida, aunque suficiente para mantener a Fujimori al frente del conteo. La estrecha distancia refleja una elección altamente polarizada y una de las más disputadas desde el retorno de la democracia.
El avance de los votos procedentes del extranjero y de algunas circunscripciones pendientes de procesamiento contribuyó a consolidar la ventaja de la lideresa de Fuerza Popular durante las últimas jornadas. Analistas electorales señalan que estos segmentos del electorado han resultado determinantes para modificar la tendencia observada en los primeros días posteriores a la votación.
El escenario actual es seguido con atención tanto por los mercados como por diversos sectores políticos y empresariales, debido a las profundas diferencias programáticas entre las dos candidaturas. Mientras Fuerza Popular plantea la continuidad del modelo económico vigente y una agenda orientada a fortalecer la inversión privada, Juntos por el Perú propone reformas estructurales en materia política, económica y constitucional.
La posibilidad de que un sector identificado con la derecha y la ultraderecha política retorne al Gobierno ha generado reacciones encontradas en el país. Sus partidarios consideran que el resultado representaría una apuesta por la estabilidad económica y el fortalecimiento institucional, mientras que sus críticos advierten sobre el riesgo de una mayor confrontación política y el retorno de prácticas asociadas al fujimorismo.
Pese a la ventaja de Fujimori, voceros de ambas organizaciones políticas han pedido prudencia hasta la conclusión oficial del proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones continúa evaluando recursos y observaciones presentadas por los personeros, por lo que el resultado definitivo aún deberá ser proclamado conforme a los procedimientos establecidos por ley.
Con el escrutinio acercándose a su fase decisiva, el Perú permanece expectante ante la definición de quién ocupará la Presidencia de la República para el período 2026-2031. La reducida diferencia entre ambos candidatos confirma la profunda división política del electorado y anticipa un escenario de importantes desafíos para el próximo gobierno, cualquiera sea el resultado final.
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Los que perderían con los resultados de segunda vuelta en el Perú

Una eventual victoria ajustada de Roberto Sánchez no solo significaría un cambio de gobierno; abriría una disputa más amplia sobre la redistribución del poder político, económico y territorial en el Perú. Las elecciones no solo eligen presidentes: también modifican relaciones de influencia, acceso al Estado y capacidad para definir prioridades nacionales. Sin embargo, una victoria estrecha también plantea una pregunta incómoda: ¿realmente habría una transformación del modelo o solo un reacomodo de actores?
En el plano político y económico, algunos sectores podrían perder centralidad relativa. Liderazgos como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o César Acuña y organizaciones como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o sectores vinculados a espacios conservadores podrían ver reducida parte de su capacidad de negociación política. Lo mismo podría ocurrir con actores tradicionalmente cercanos a los espacios de decisión estatal, entre ellos determinados gremios empresariales como la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía o sectores financieros acostumbrados a un marco político y económico altamente predecible. No se trataría necesariamente de una pérdida de patrimonio o desaparición política, sino de una eventual reducción de influencia directa.
También podrían perder peso algunos sectores tecnocráticos y redes profesionales que han permanecido de manera recurrente en distintos gobiernos. En el debate político peruano, parte de estos grupos han sido llamados por sus críticos “caviares”: funcionarios, asesores, consultores, especialistas y operadores con presencia continua en ministerios, organismos públicos, cooperación internacional y espacios de diseño de políticas. Sus detractores sostienen que terminaron administrando una continuidad técnica del modelo económico y político; sus defensores responden que representan experiencia institucional y estabilidad estatal.
Pero quizá la pregunta más importante no sea quién podría perder, sino qué esperan quienes hicieron posible el crecimiento político de Roberto Sánchez. Su respaldo más fuerte provino del sur andino, el centro del país, la Amazonía y parte del norte peruano, territorios donde históricamente se acumularon demandas económicas, sociales y políticas que van más allá de una simple alternancia presidencial.
En sectores importantes de estas regiones existen expectativas que trascienden mejoras administrativas: la liberación o reivindicación política de Pedro Castillo, una nueva Constitución, educación y salud públicas gratuitas y de calidad, mayor presencia estatal, recuperación o mayor control nacional sobre recursos naturales estratégicos, redistribución de la riqueza generada en los territorios y una descentralización real del poder político y financiero concentrado históricamente en Lima. Para muchos de estos ciudadanos, el problema no es únicamente la pobreza; es también la percepción de exclusión de las decisiones nacionales.
Sin embargo, aparece una contradicción inevitable. Una victoria estrecha, un Congreso fragmentado y la presencia de ex ministros, ex funcionarios y perfiles técnicos provenientes de administraciones anteriores dentro de un eventual equipo de gobierno podrían reducir significativamente el margen para impulsar cambios estructurales. La historia política peruana muestra que los grupos económicos, financieros y tecnocráticos rara vez desaparecen; suelen adaptarse, negociar y sobrevivir a distintos gobiernos.
La paradoja es que los sectores con mayor poder acumulado probablemente encontrarán mecanismos para reacomodarse al nuevo escenario. Quienes podrían arriesgar más son aquellos ciudadanos que depositaron en esta elección una expectativa de transformación profunda. Porque si las estructuras centrales permanecen casi intactas, la mayor pérdida no sería de privilegios ni de poder económico: sería la pérdida de una nueva oportunidad histórica de cambio.
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