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El 52% de peruanos rechaza a Antauro Humala y 44% a Pedro Castillo, según Datum

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Lima, 20 de abril de 2025 – Según la última encuesta de Datum, publicada por Perú21, un 52% de peruanos no votaría “definitivamente” por Antauro Humala, líder etnocacerista inhabilitado para postular a la presidencia, y un 44% rechaza de manera contundente a Pedro Castillo, exmandatario asociado al intento de golpe de Estado de 2022. Sin embargo, el sondeo ha desatado una fuerte controversia en redes sociales y entre analistas, quienes denuncian un sesgo derechista que invisibiliza al movimiento popular, manipula el antivoto de estas figuras y subestima el respaldo a fuerzas progresistas y de izquierda que se preparan para las elecciones de 2026.

Realizada el 12 de abril de 2025 a nivel nacional, la encuesta posiciona a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) al frente con un 11% de intención de voto presidencial, seguida por Rafael López Aliaga y Carlos Álvarez con un 6% cada uno, y un empate al 3% entre Hernando de Soto, César Acuña y Verónika Mendoza. Otros nombres, como Vladimir Cerrón, Guillermo Bermejo, Alfonso López Chau, Susel Paredes, Rafael Belaunde, Alfredo Barnechea, Phillip Butters y Fernando Olivera, alcanzan apenas un 2% cada uno. Un significativo 32% optaría por “ninguno”, un 10% votaría por otros líderes y otro 10% no halló a su candidato en las opciones presentadas, reflejando un electorado desencantado y fragmentado.

Lideran en la encuesta Datum: Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Rafael López (Renovación Popular) y Carlos Álvarez (País para Todos)

En cuanto a partidos políticos, Fuerza Popular lidera con un 9%, seguido por Acción Popular (6%) y Perú Libre (4%). Agrupaciones como Avanza País, Alianza para el Progreso, Somos Perú, Renovación Popular y FREPAP obtienen un 2% cada una. Sin embargo, un 34% no votaría por los partidos listados, un 22% no encontró su preferencia y un 15% apoyaría a otras organizaciones, evidenciando un escenario electoral volátil y adverso para quienes aparecen en dicha encuesta.

Antivoto de Humala y Castillo: ¿Estrategia política?

El elevado antivoto hacia Antauro Humala (52%), ligado a su condena por el Andahuaylazo y la inhabilitación de su partido, A.N.T.A.U.R.O., en octubre de 2024, ha generado cuestionamientos. Dado que Humala no puede postular, su inclusión en el sondeo, según críticos, busca polarizar el debate y desviar la atención de otras figuras antisistema. De manera similar, el 44% de rechazo a Pedro Castillo, sin mencionar su respaldo en sectores rurales y populares, es visto como un intento de estigmatizar al movimiento popular. “Datum resalta el antivoto de Humala y Castillo para alarmar, pero oculta el apoyo que aún tienen. Esto no es neutral”, denunció un usuario en X.

Duberlí Apolinar Rodríguez Tineo, fundador de Unidad Popular en proceso de inscripción

En plataformas como Facebook y X, los internautas han acusado a Datum de diseñar una encuesta que fortalece a candidatos de derecha, como Fujimori, López Aliaga, Álvarez Loayza y Phillip Butters, mientras silencia a líderes del movimiento popular con potencial electoral. “Esto es una operación de la derecha para imponer a sus candidatos y atemorizar con Humala y Castillo. ¿Dónde están los líderes populares y de izquierda?”, cuestionó otro usuario, reflejando el sentir generalizado.

Omisión de figuras del movimiento popular y de izquierda

Congresista no agrupada Margot Palacios Huamán, militante de Juntos por el Perú

La encuesta omite a líderes clave del movimiento popular y de izquierda, como Pedro Castillo, Antauro Humala, Margot Palacios, Fernando Salas, Duberlí Rodríguez, Ciro Gálvez y otros, cuyas organizaciones —Juntos por el Perú, Unidad Popular, Todo con el Pueblo, ANTAURO, RUNA, Perú te Quiero y otros— mantienen presencia a nivel nacional. Incluso Martín Vizcarra, líder de Primero Perú, quien realiza una gira con mítines masivos, ha sido completamente ignorado. “Es absurdo que Vizcarra, con eventos masivos, no aparezca. Esto es una operación política, no una encuesta”, afirmó un usuario en X.

Líderes de la izquierda tradicional “devaluados” por el régimen

El excandidato al Gobierno Regional de Puno y fundador de Perú te Quiero, Fernando Salas Tapia

El sondeo también ha sido cuestionado por minimizar el impacto de figuras como Verónika Mendoza, Guillermo Bermejo, Isabel Cortez, Susel Paredes y Roberto Sánchez, percibidos por algunos como “devaluados” debido a su tibia oposición al gobierno de Dina Boluarte —cuya desaprobación alcanza el 86%, según IEP (marzo 2024)— o por su apoyo a la mesa directiva del Congreso, dominada por Fuerza Popular, Perú Libre, Avanza País y Alianza para el Progreso. “El movimiento popular está fragmentado y sus líderes no conectan porque han sido complacientes con el régimen o no han capitalizado el descontento”, explicó una analista.

Ciro Alfredo Gálvez Herrera, fundador de RUNA en proceso de inscripción

Por ejemplo, Susel Paredes ha sido criticada por sectores progresistas por respaldar iniciativas conservadoras en el Parlamento, mientras que Juntos por el Perú y Nuevo Perú enfrentan reproches por no consolidar una oposición clara. Sin embargo, los detractores de Datum argumentan que esta “devaluación” es amplificada para deslegitimar al progresismo, mientras se promueve a candidatos como Cerrón, Bermejo, López Chau, Mendoza, Paredes, Álvarez, Butters, Olivera o Barnechea, porque constituyen figuras inofensivas para el establishment.

Sesgo derechista en el foco

La encuesta refuerza las acusaciones de sesgo al destacar que un 53% de los peruanos siente “preocupación por el aumento de la violencia y la inseguridad” y un 46% apoyaría a un “líder fuerte, de mano dura”. Estos sentimientos, amplificados por medios conservadores, se asocian con los discursos de Fujimori, López Aliaga, Álvarez y Butters, sugiriendo una narrativa diseñada para favorecer a la derecha. En contraste, partidos con posturas benevolentes al régimen de Dina Boluarte como Perú Libre (4%) y Nuevo Perú (2%) son relegados, mientras movimientos como los de Vizcarra, Salas y Rodríguez son ignorados.

Una de las pregunta de la encuesta de Datum publicado en el Diario Perú21

“La derecha quiere un escenario donde sus candidatos sean los únicos viables, mientras el movimiento popular y de izquierda parece inexistente. Por eso inflan el antivoto de Humala y Castillo”, denunció un usuario en X. Con un 77% de peruanos poco informados sobre política y un 80% que apoya un adelanto de elecciones (IEP, marzo 2024), el sondeo de Datum no solo refleja el desencanto, sino que, según sus críticos, busca manipular la opinión pública en favor del statu quo.

Un llamado a la vigilancia ciudadana

A más de 350 días de las elecciones, la controversia en torno a Datum expone la polarización del país y la desconfianza en las encuestas. Mientras el movimiento popular lucha por unificarse y recuperar terreno, los ciudadanos exigen transparencia en los sondeos y una cobertura equitativa de todas las fuerzas políticas. “Esta encuesta refleja la crisis, pero también un intento de manipular el debate. El pueblo debe organizarse, y los peruanos, informarse”, advirtió un analista político.

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Movilización encabezada por Rafael López Aliaga expone la división de la derecha peruana y críticas a Keiko Fujimori

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Domingo 19 de abril 2026.- La movilización encabezada por Rafael López Aliaga, ex candidato del partido derechista Renovación Popular, en el contexto postelectoral 2026 constituye un episodio relevante para entender la reconfiguración del espacio político conservador en el Perú, que expone la división y críticas a la principal representante del sector capitalista neoliberal. Más allá de su carácter coyuntural, la protesta se inscribe en una dinámica de cuestionamiento institucional que ha sido recurrente en procesos electorales recientes, marcada por denuncias de fraude no probadas.

Durante la jornada, López Aliaga reiteró acusaciones contra el proceso de conteo de votos y dirigió críticas explícitas a Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular. Sus declaraciones, que incluyeron señalamientos de presuntas irregularidades, se producen en un contexto de competencia directa por un electorado ideológicamente cercano, lo que sugiere una estrategia de diferenciación dentro del mismo espectro político antes que una simple confrontación episódica.

En términos de movilización social, la protesta evidenció patrones geográficos y sociopolíticos consistentes con la base electoral del liderazgo convocante. Distritos como Miraflores, San Isidro, La Molina y San Borja han mostrado históricamente una mayor afinidad con propuestas de derecha liberal y conservadora, lo que permite inferir una participación significativa de sectores de ingresos medios y altos en este tipo de convocatorias.

Los limeños de San Isidro, San Borja y Miraflores se habrían transportado en buses cómodos

No obstante, desde una perspectiva metodológica, es necesario matizar dicha inferencia. La ausencia de datos sistemáticos sobre la composición sociodemográfica de los asistentes impide afirmar con precisión la predominancia de un determinado grupo social en la movilización. En ese sentido, cualquier caracterización de la protesta como representativa de la “élite limeña” debe ser entendida como una hipótesis interpretativa basada en correlaciones electorales, no como una conclusión empíricamente verificada, a pesar que la mayoría de ellos fueron a la marcha desde esos distritos acomodados.

El discurso desplegado por López Aliaga también revela una estrategia de construcción narrativa orientada a cuestionar la legitimidad del proceso electoral en su conjunto. La reiteración de denuncias sin sustento comprobado se alinea con patrones observados en otros contextos regionales, donde actores políticos recurren a la impugnación preventiva o posterior de resultados como mecanismo de presión o reposicionamiento político.

Al mismo tiempo, el enfrentamiento con Fujimori pone en evidencia la fragmentación del bloque conservador. A pesar de compartir posiciones programáticas en temas económicos y sociales, ambos liderazgos compiten por un electorado similar, lo que intensifica la confrontación y reduce los márgenes para una eventual articulación política en el corto plazo.

En suma, la marcha liderada por López Aliaga debe ser leída no solo como una expresión de protesta frente al proceso electoral, sino como un síntoma de división interna de la derecha peruana, lo que favorece a oponente que queda en segundo lugar. Las tensiones entre sus principales figuras, sumadas a la utilización de narrativas de fraude, configuran el deseo de generar un escenario de incertidumbre que podría tener implicancias tanto en la estabilidad institucional en lo posterior.

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Segunda vuelta electoral aún en disputa en Perú

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Los resultados preliminares difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con más del 90% de actas procesadas, muestran un escenario de alta fragmentación política. En el plano legislativo, varias organizaciones ya superan la valla electoral del 5%, lo que les permitiría obtener representación en el Congreso. Fuerza Popular encabeza las preferencias con alrededor de 17%, seguida por otras agrupaciones que se mantienen por encima del umbral mínimo.

Entre los principales partidos que estarían pasando la valla destacan el liderado por Keiko Fujimori con aproximadamente 17% de los votos; así como las fuerzas vinculadas a Roberto Sánchez con cerca de 12% y Rafael López Aliaga con alrededor de 11.9%. Otras agrupaciones se ubican entre el 6% y 8%, consolidando su ingreso al Parlamento. Las proyecciones indican que estos porcentajes variarían levemente, manteniéndose dentro de esos rangos al cierre del conteo.

En la contienda presidencial, Keiko Fujimori lidera con cerca del 17%, lo que prácticamente asegura su presencia en la segunda vuelta. Sin embargo, el segundo lugar sigue en disputa entre Roberto Sánchez (≈12%) y Rafael López Aliaga (≈11.9%), quienes mantienen una diferencia mínima dentro del margen estadístico. Esta situación mantiene la incertidumbre sobre quién acompañará en el balotaje.

Por su parte, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) continúa evaluando actas observadas y recursos de nulidad. Este proceso será determinante para oficializar tanto a los partidos que superan la valla electoral como a los dos candidatos que disputarán la presidencia en la segunda vuelta, una vez concluya el escrutinio total.

En este contexto, el país se encamina a una definición ajustada, con una segunda vuelta aún abierta y un Congreso fragmentado. Pero, casi definido a que Juntos por el Perú liderado por Roberto Sánchez obtenga su pase a la segunda vuelta electoral, como ya lo habíamos advertido en las notas anteriores a las elecciones generales del 12 de abril.

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El retorno del gobierno popular frente al poder oligárquico

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El Perú se encamina a las elecciones generales del 12 de abril de 2026 en un momento decisivo de su historia política. No se trata simplemente de una contienda más, sino de la posibilidad concreta del retorno de un gobierno popular con raíces provincianas y orientación nacionalista. Frente a décadas de hegemonía de élites económicas y políticas, emerge nuevamente el Perú profundo como protagonista del cambio.

La experiencia de las Elecciones generales de Perú de 2021 dejó una lección clara: el país real no coincide con el país que muestran los grandes medios ni las encuestadoras. La victoria de Pedro Castillo fue expresión de una mayoría históricamente excluida que irrumpió en la escena política. Hoy, ese mismo sujeto social no ha desaparecido; por el contrario, se encuentra en proceso de reorganización.

En ese contexto, la propuesta de Juntos por el Perú, liderada por Roberto Sánchez, representa la continuidad y maduración de esa corriente popular. Acompañado por figuras como Margot Palacios, Jaime Quito, Mercedes Castillo, Elías Varas y otros, sectores vinculados al nacionalismo y expresiones políticas regionales, este espacio no solo está en condiciones de superar la valla electoral, sino de disputar con fuerza el pase a una segunda vuelta.

Esta izquierda popular provinciana, con influencias del nacionalismo velasquista, recoge demandas históricas: cambio constitucional, soberanía sobre los recursos, justicia social y un rol activo del Estado en la economía. Su base no está en los círculos de poder limeños, sino en las regiones, en los sectores rurales y en las mayorías que han sido sistemáticamente marginadas del desarrollo.

En contraste, el poder oligárquico encuentra su principal expresión en Keiko Fujimori de Fuerza Popular, una fuerza que, pese a haber sufrido reiteradas derrotas electorales, mantiene presencia institucional y mediática. Su trayectoria reciente ha estado marcada por el cuestionamiento de resultados electorales y por el uso del Congreso como espacio de confrontación política, en un contexto donde las mayorías parlamentarias han respondido históricamente a intereses neoliberales.

Sin embargo, como ya ha ocurrido en procesos anteriores, el desenlace no se definirá únicamente en el terreno visible. Existe un vasto electorado invisibilizado por las encuestas: ciudadanos del Perú profundo que no participan en los circuitos mediáticos y que deciden su voto en función de experiencias concretas. Este “voto oculto” podría ser nuevamente decisivo, inclinando la balanza hacia una opción de cambio estructural.

En este escenario, la posibilidad de una segunda vuelta entre una izquierda popular y una derecha oligárquica no solo es viable, sino coherente con la dinámica histórica reciente del país. Lo que está en juego no es únicamente una elección, sino la disputa por el modelo de país: uno orientado a las mayorías nacionales o uno que continúe subordinado a intereses de élite. Y todo indica que, una vez más, el Perú profundo tendrá la última palabra.

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