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Derrame de petróleo en Talara: crisis ambiental y ataques mediáticos contra Petroperú en el centro del debate

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El reciente derrame de petróleo ocurrido en las costas de Lobitos, Talara, ha desatado no solo una crisis ambiental de grandes proporciones, sino también un enfrentamiento mediático y político que pone en el centro de la polémica a la estatal Petroperú. Mientras las autoridades locales y los pescadores exigen indemnizaciones por los daños sufridos, emergen denuncias sobre una supuesta campaña de desprestigio orquestada por medios hegemónicos, petroleras privadas y organizaciones no gubernamentales (ONGs).

El derrame, originado durante maniobras previas al embarque en el Terminal Multiboyas de la Refinería Talara, afectó aproximadamente 10,000 metros cuadrados de agua marina superficial y al menos siete playas, incluidas Las Capullanas y La Bola, según el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA). La fauna marina ha sido gravemente perjudicada, y las actividades económicas clave, como la pesca y el turismo, están paralizadas.

En este contexto, el gerente general de Petroperú, Óscar Vera Gargurevich, asistió a una accidentada mesa de diálogo en Lobitos, donde reconoció públicamente el daño ambiental. Sin embargo, su declaración inicial, calificando el incidente como una “pequeña fuga”, generó indignación entre los pescadores, quienes le exigieron disculpas y medidas concretas. “¿De qué va a comer Lobitos?”, reclamaron los afectados. Vera anunció un plan de indemnización que contempla S/60,000 para cada familia, cifra considerada insuficiente por la población local.

Manifestación públicas contra Petroperú mediante las ONGs de la zona

Mientras la crisis ambiental se desarrolla, Petroperú enfrenta acusaciones sobre la falta de transparencia en su informe preliminar del derrame. Según Arturo Alfaro Medina, presidente de la ONG Vida, la estatal habría subestimado la cantidad de crudo vertido al mar, lo que podría ameritar sanciones. Estas declaraciones han sido amplificadas por algunos medios nacionales, señalados por analistas como aliados estratégicos de intereses privados.

En redes sociales como Facebook y X (antes Twitter), la narrativa ha sido polarizada. Por un lado, se observan testimonios y videos que exponen la magnitud del desastre; por otro, hay reportes que indican que grupos vinculados a competidores de Petroperú y ciertas ONGs han utilizado el incidente para desacreditar a la estatal, sugiriendo su incapacidad para manejar este tipo de crisis y probablemente con la intención recurrente de privatizarla para que puedan ganar más las trasnacionales.

La cobertura mediática ha intensificado la presión sobre Petroperú, que además de lidiar con las labores de limpieza y la compensación a los afectados, enfrenta una batalla de credibilidad. En este contexto, es crucial que la empresa estatal asegure la transparencia en sus operaciones y mantenga un diálogo abierto con la comunidad y las autoridades, evitando que la batalla mediática sea ganada por los interesados y los políticos útiles como Nuevo Perú y Perú Libre, que dicen ser progresistas pero sus acciones son realmente pro imperialistas.

Ambientalistas conocidos en acción y medios cubriendo los desaciertos de Petroperú

Por su parte, los pescadores y empresarios de Lobitos, junto a los ciudadanos de Talara, esperan que las promesas de remediación se traduzcan en acciones concretas. La declaratoria de emergencia ambiental por 90 días es solo el primer paso en un largo camino hacia la recuperación.

El derrame de petróleo en Lobitos no solo evidencia la fragilidad de los ecosistemas costeros frente a incidentes industriales, sino también cómo estos episodios pueden ser utilizados como herramientas de disputa mediática y política. La reconstrucción de la confianza entre Petroperú y las comunidades locales dependerá de su capacidad para atender esta crisis con celeridad y transparencia, resistiendo al mismo tiempo las presiones de intereses particulares que buscan capitalizar el desastre.

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Movilización en Talara marca el inicio del rechazo a la privatización encubierta de la empresa nacional Petroperú

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Piura, 13 de enero 2026.- Talara se erigió este 13 de enero como el punto de partida de una ola de protestas contra el Decreto de Urgencia N° 010-2025, promulgado el 31 de diciembre por el gobierno interino de José Jerí. La norma permite la reorganización patrimonial de Petroperú, dividiendo sus activos en bloques independientes y facilitando su transferencia a operadores privados mediante ProInversión, con la Nueva Refinería de Talara —una de las infraestructuras más modernas de América Latina y con vida útil proyectada de 70 años— como activo estrella en la mira.

La congresista Margot Palacios Huamán (Juntos por el Perú, candidata al Senado con el número 8) encabeza la convocatoria nacional, calificando la medida como una «privatización encubierta» y una amenaza a la soberanía energética. Su experiencia al frente de la comisión que investigó el derrame de Repsol en 2022 -donde se determinó responsabilidad de la transnacional y se impulsaron normas pendientes de resarcimiento y descontaminación- refuerza su argumento: entregar activos estratégicos a privados podría replicar vulnerabilidades ambientales y sociales vistas en el litoral del mar peruano.

La congresista Margot Palacios Huamán en la movilización contra la privatización de Petroperú en Talara -Piura

El decreto responde a supuesta crisis financiera de Petroperú, que el Ejecutivo presenta como indispensable para evitar el colapso y asegurar el abastecimiento en zonas remotas. No obstante, sindicatos como la Coalición Nacional de Sindicatos de Petroperú y el Frente Sindical de Trabajadores Petroleros lo tildan de «descuartizamiento» de la empresa, anunciando plantones desde el 14 de enero en Lima y regiones, más un paro nacional de 72 horas a partir del 19, acciones que se desencadenan luego del anuncio de movilización de la parlamentaria Palacios en año nuevo.

En el Congreso ya circulan al menos cuatro proyectos de ley para derogar el decreto, impulsados por bancadas progresistas y de izquierda, incluido uno presentado por Palacios. A meses de las elecciones generales de abril 2026, la resistencia en Talara refleja un conflicto más amplio sobre el rol del Estado en sectores estratégicos, el control de precios de combustibles y la soberanía nacional, cuyo desenlace dependerá de la intensidad de la presión social y la respuesta política en las próximas semanas.

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Denuncian prácticas antisindicales en empresa agroexportadora Hass Perú de La Libertad

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La Libertad, 12 de enero 2026.- Trabajadores de Hass Perú, empresa agroexportadora dedicada al cultivo de palta y arándanos en el departamento de La Libertad, han hecho pública una denuncia grave contra la compañía por presuntas prácticas antisindicales. El Sindicato de Trabajadores de Hass Perú (SINTRAHASSP), oficialmente registrado en diciembre de 2025 mediante la Resolución Subgerencial N° 000204-2025 del Gobierno Regional de La Libertad, acusa a la empresa de responder a su constitución con despidos de dirigentes y afiliados, hostigamiento laboral y deficiencias en medidas de seguridad que habrían provocado accidentes graves, incluyendo uno donde un trabajador perdió tres dedos de la mano.

Entre las exigencias del sindicato destacan la reposición inmediata de los despedidos —considerados nulos por constituir discriminación antisindical según la Ley de Relaciones Colectivas de Trabajo y convenios de la OIT ratificados por Perú—, mejoras en el transporte al finalizar la jornada (con demoras excesivas en la movilidad), cese de presiones excesivas por parte de supervisores en la cosecha de arándano (con tolerancias mínimas de defectos que derivan en suspensiones), incremento de bonos en poda y cosecha, reducción de tareas excesivas y respeto pleno a la normativa de negociación colectiva.

La denuncia, que circula en redes sociales desde inicios de enero de 2026 y ha sido respaldada por economistas laborales como Fernando Cuadros Luque y Eduardo Zegarra, vincula estos hechos a un contexto más amplio de precarización en el sector agroexportador. Críticos señalan que la reciente Ley N° 32434 (conocida como Ley Chlimper 2.0, promulgada en 2025) reduce impuestos y aportes a EsSalud para las grandes empresas, lo que debilitaría la fiscalización laboral y facilitaría prácticas de este tipo en un rubro que concentra altos niveles de contratos temporales.

Ante las acusaciones, la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) informó el 13 de enero de 2026 que su Intendencia Regional de La Libertad emitió una orden de inspección en la empresa, ubicada en Chao (Virú), para verificar las demandas laborales y presuntas irregularidades, incluyendo paralizaciones de actividades reportadas. La entidad ha enfatizado su rol en sancionar infracciones muy graves como actos contra la libertad sindical.

Este caso refleja tensiones persistentes en el sector agroindustrial peruano, donde el reconocimiento de sindicatos choca frecuentemente con estrategias empresariales de contención de costos. Mientras los trabajadores exigen respeto a derechos constitucionales y laborales, las autoridades competentes deberán determinar si se configuran violaciones que ameriten sanciones, reposiciones o medidas correctivas, en un escenario de creciente visibilidad de denuncias similares en la costa norte.

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José Jerí Oré: reunión sin agenda oficial y en secreto sacude el más alto nivel del poder

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La revelación de una reunión no oficial, fuera de agenda y realizada bajo condiciones de evidente secretismo ha vuelto a colocar en el centro del debate público el comportamiento de un funcionario de primer nivel del Estado. José Jerí Oré, en ejercicio del más alto cargo de manera interina, sostuvo un encuentro privado que no fue informado por canales institucionales y que solo salió a la luz gracias a una investigación periodística, no por un acto de transparencia gubernamental.

El encuentro se produjo de noche, fuera de Palacio de Gobierno, con un empresario chino, y sin registro en la agenda oficial. Las imágenes difundidas muestran a Jerí ingresando encapuchado, sin comitiva visible y utilizando un vehículo oficial, pese a que posteriormente se calificó la cita como “no oficial”. La forma en que se desarrolló la reunión -lugar privado, ausencia de registros y medidas para evitar ser reconocido- refuerza la percepción de un proceder deliberadamente opaco.

Tras la difusión del caso, la versión oficial señaló que la reunión estuvo vinculada a coordinaciones por el Día de la Amistad Perú-China. Sin embargo, la explicación deja más preguntas que respuestas. Si se trataba de una actividad institucional, ¿por qué no se canalizó a través de la Cancillería?, ¿por qué no se realizó en un espacio oficial?, ¿por qué no quedó constancia documental?, ¿y por qué el interlocutor fue un empresario y no un representante diplomático formal?

El problema central no es solo con quién se reunió el funcionario, sino cómo ejerció el poder. En democracia, la transparencia no es opcional ni depende del carácter interino del cargo. La ausencia de registros y la informalidad en el manejo de una reunión de este nivel configuran un patrón de secretismo incompatible con la función pública, más aún cuando se emplean recursos del Estado.

Este episodio también expone una evidente asimetría política. Prácticas similares durante el gobierno de Pedro Castillo desencadenaron pedidos de vacancia, investigaciones y una condena política casi inmediata. Hoy, hechos comparables parecen relativizarse. La institucionalidad, sin embargo, no admite excepciones: el poder debe explicarse siempre, y cuando no lo hace, es legítimo que el periodismo y la ciudadanía exijan respuestas.

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