En un giro inesperado en la política exterior de Estados Unidos hacia Venezuela, el enviado especial del presidente Donald Trump, Richard Grenell, se reunió este viernes con el mandatario venezolano Nicolás Maduro…
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Trump ordena el cierre de USAID por presuntas irregularidades y alineación con intereses geopolíticos oscuros

En una decisión que ha sacudido a la comunidad internacional, el presidente Donald Trump ha ordenado el cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), acusándola de ser un foco de corrupción, fraude y de actuar como pantalla de operaciones encubiertas poco claros. La medida, que entró en vigor hace unos días y afectará a la mayoría del personal de la agencia, tanto en el país como en el extranjero.
En un comunicado publicado en su plataforma Truth Social, Trump escribió: “¡CIÉRRENLA!”, refiriéndose a USAID como una organización “dirigida por lunáticos radicales” que ha desviado fondos públicos para financiar agendas contrarias a los intereses nacionales de Estados Unidos. El mandatario no proporcionó detalles específicos sobre las acusaciones, pero afirmó que la agencia ha estado involucrada en actividades que benefician a grupos extremistas y promueven ideologías radicales en el extranjero.

Según el comunicado de USAID, la medida afectará a todo el personal contratado directamente por la agencia, con excepción de aquellos designados para funciones esenciales, liderazgo central y programas específicos. Los empleados no esenciales asignados en el extranjero serán repatriados a Estados Unidos en un plazo de 30 días, con los gastos cubiertos por la agencia. Se estima que solo 290 de los más de 10,000 empleados de USAID permanecerán en sus puestos.
La decisión forma parte de un plan más amplio de la administración Trump para reducir el tamaño del gobierno federal y eliminar lo que considera “despilfarro y corrupción”. Elon Musk, aliado cercano de Trump y encargado de la Comisión de Eficiencia Gubernamental (DOGE), ha respaldado la medida, calificando a USAID como una “organización criminal” y denunciando el uso indebido de fondos públicos.

Las críticas a USAID no son nuevas. Durante años, la agencia ha sido acusada de financiar organizaciones no gubernamentales (ONG) y grupos con agendas políticas radicales, incluyendo algunos vinculados al terrorismo. En 2024, el Departamento de Justicia acusó a un ciudadano sirio de desviar más de 9 millones de dólares de ayuda humanitaria de USAID a una filial de Al Qaeda en Irak. Además, se ha revelado que la agencia canalizó millones de dólares a organizaciones vinculadas al magnate George Soros, conocido por promover agendas de izquierda en todo el mundo.
El senador republicano Marco Rubio, recientemente nombrado administrador en funciones de USAID, ha respaldado las acusaciones de Trump. Rubio afirmó que la agencia ha actuado como una “entidad no gubernamental independiente”, financiando programas contrarios a los intereses nacionales de Estados Unidos. “El nivel de insubordinación en USAID hace imposible una revisión seria”, declaró Rubio, quien también ha criticado a la agencia por su papel en la promoción de revoluciones de colores y golpes de Estado en América Latina y otras regiones.
La decisión de Trump ha generado fuertes críticas por parte de legisladores demócratas y organizaciones defensoras de derechos humanos. El senador Peter Welsh calificó las acusaciones de Trump y Musk como “infundadas” y “despreciables”, recordando que la empresa de Musk, Starlink, recibió millones de dólares de USAID para operar en Ucrania. “Era una buena organización cuando el dinero venía a él”, señaló Welsh.

Por su parte, organizaciones internacionales han expresado preocupación por el impacto que el cierre de USAID podría tener en programas de ayuda humanitaria y desarrollo en países vulnerables. Sin embargo, Trump ha asegurado que su administración priorizará la transparencia y el uso responsable de los fondos públicos.
El cierre de USAID marca un punto de inflexión en la política exterior de Estados Unidos, alejándose de lo que Trump considera un “intervencionismo disfrazado de ayuda humanitaria”. Mientras algunos celebran la medida como un paso hacia la rendición de cuentas, otros temen que deje un vacío en la asistencia internacional y afecte a millones de personas que dependen de los programas de la agencia.
Lo que está claro es que, bajo la administración Trump, USAID ya no será la “punta de lanza” del intervencionismo estadounidense en el mundo. El tiempo dirá si esta decisión fortalece los intereses nacionales o si, por el contrario, debilita la influencia global de Estados Unidos.
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Municipalidad de Lima pide reforzar control ante movilizaciones y abre debate sobre derechos ciudadanos

Lima, 11 de junio de 2026.- La Municipalidad Metropolitana de Lima exhortó al Gobierno, la Presidencia del Consejo de Ministros y el Ministerio Público a reforzar las medidas de seguridad y control del orden interno ante las movilizaciones anunciadas en el Centro Histórico de la capital. El pedido fue formulado mediante un comunicado oficial emitido en el marco de la ampliación del Estado de Emergencia en Lima Metropolitana.
La comuna sostuvo que es necesario adoptar acciones para proteger a la población, así como los monumentos, plazas, edificios históricos y demás bienes patrimoniales ubicados en el Centro Histórico de Lima. Asimismo, recordó que en dicha zona existen restricciones para la realización de marchas, manifestaciones y concentraciones públicas.
El municipio informó además que mantiene patrullajes permanentes, monitoreo mediante cámaras de videovigilancia y drones, además de una coordinación constante con las fuerzas del orden para prevenir posibles actos de violencia o daños a la infraestructura pública.
No obstante, el pronunciamiento ha generado cuestionamientos entre diversos sectores ciudadanos y especialistas en derechos fundamentales, quienes advierten que medidas de esta naturaleza podrían interpretarse como una limitación al ejercicio de derechos constitucionales como la libertad de reunión, expresión y protesta pacífica.
Para los analistas, el desafío radica en encontrar un equilibrio entre la preservación del orden público y el respeto a las libertades democráticas. En un contexto de alta tensión política y social, el debate sobre los alcances de las restricciones a las movilizaciones vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública peruana.
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Keiko Fujimori mantiene una estrecha ventaja en la recta final del escrutinio de la segunda vuelta presidencial

Lima, 11 de junio de 2026.- La candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez en la etapa final del cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial, cuando restan por contabilizarse los últimos miles de votos y continúa la revisión de actas observadas por parte de los organismos electorales.
De acuerdo con los reportes oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), la diferencia entre ambos candidatos sigue siendo reducida, aunque suficiente para mantener a Fujimori al frente del conteo. La estrecha distancia refleja una elección altamente polarizada y una de las más disputadas desde el retorno de la democracia.
El avance de los votos procedentes del extranjero y de algunas circunscripciones pendientes de procesamiento contribuyó a consolidar la ventaja de la lideresa de Fuerza Popular durante las últimas jornadas. Analistas electorales señalan que estos segmentos del electorado han resultado determinantes para modificar la tendencia observada en los primeros días posteriores a la votación.
El escenario actual es seguido con atención tanto por los mercados como por diversos sectores políticos y empresariales, debido a las profundas diferencias programáticas entre las dos candidaturas. Mientras Fuerza Popular plantea la continuidad del modelo económico vigente y una agenda orientada a fortalecer la inversión privada, Juntos por el Perú propone reformas estructurales en materia política, económica y constitucional.
La posibilidad de que un sector identificado con la derecha y la ultraderecha política retorne al Gobierno ha generado reacciones encontradas en el país. Sus partidarios consideran que el resultado representaría una apuesta por la estabilidad económica y el fortalecimiento institucional, mientras que sus críticos advierten sobre el riesgo de una mayor confrontación política y el retorno de prácticas asociadas al fujimorismo.
Pese a la ventaja de Fujimori, voceros de ambas organizaciones políticas han pedido prudencia hasta la conclusión oficial del proceso electoral. El Jurado Nacional de Elecciones continúa evaluando recursos y observaciones presentadas por los personeros, por lo que el resultado definitivo aún deberá ser proclamado conforme a los procedimientos establecidos por ley.
Con el escrutinio acercándose a su fase decisiva, el Perú permanece expectante ante la definición de quién ocupará la Presidencia de la República para el período 2026-2031. La reducida diferencia entre ambos candidatos confirma la profunda división política del electorado y anticipa un escenario de importantes desafíos para el próximo gobierno, cualquiera sea el resultado final.
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Los que perderían con los resultados de segunda vuelta en el Perú

Una eventual victoria ajustada de Roberto Sánchez no solo significaría un cambio de gobierno; abriría una disputa más amplia sobre la redistribución del poder político, económico y territorial en el Perú. Las elecciones no solo eligen presidentes: también modifican relaciones de influencia, acceso al Estado y capacidad para definir prioridades nacionales. Sin embargo, una victoria estrecha también plantea una pregunta incómoda: ¿realmente habría una transformación del modelo o solo un reacomodo de actores?
En el plano político y económico, algunos sectores podrían perder centralidad relativa. Liderazgos como Keiko Fujimori, Rafael López Aliaga o César Acuña y organizaciones como Fuerza Popular, Alianza para el Progreso o sectores vinculados a espacios conservadores podrían ver reducida parte de su capacidad de negociación política. Lo mismo podría ocurrir con actores tradicionalmente cercanos a los espacios de decisión estatal, entre ellos determinados gremios empresariales como la CONFIEP, la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía o sectores financieros acostumbrados a un marco político y económico altamente predecible. No se trataría necesariamente de una pérdida de patrimonio o desaparición política, sino de una eventual reducción de influencia directa.
También podrían perder peso algunos sectores tecnocráticos y redes profesionales que han permanecido de manera recurrente en distintos gobiernos. En el debate político peruano, parte de estos grupos han sido llamados por sus críticos “caviares”: funcionarios, asesores, consultores, especialistas y operadores con presencia continua en ministerios, organismos públicos, cooperación internacional y espacios de diseño de políticas. Sus detractores sostienen que terminaron administrando una continuidad técnica del modelo económico y político; sus defensores responden que representan experiencia institucional y estabilidad estatal.
Pero quizá la pregunta más importante no sea quién podría perder, sino qué esperan quienes hicieron posible el crecimiento político de Roberto Sánchez. Su respaldo más fuerte provino del sur andino, el centro del país, la Amazonía y parte del norte peruano, territorios donde históricamente se acumularon demandas económicas, sociales y políticas que van más allá de una simple alternancia presidencial.
En sectores importantes de estas regiones existen expectativas que trascienden mejoras administrativas: la liberación o reivindicación política de Pedro Castillo, una nueva Constitución, educación y salud públicas gratuitas y de calidad, mayor presencia estatal, recuperación o mayor control nacional sobre recursos naturales estratégicos, redistribución de la riqueza generada en los territorios y una descentralización real del poder político y financiero concentrado históricamente en Lima. Para muchos de estos ciudadanos, el problema no es únicamente la pobreza; es también la percepción de exclusión de las decisiones nacionales.
Sin embargo, aparece una contradicción inevitable. Una victoria estrecha, un Congreso fragmentado y la presencia de ex ministros, ex funcionarios y perfiles técnicos provenientes de administraciones anteriores dentro de un eventual equipo de gobierno podrían reducir significativamente el margen para impulsar cambios estructurales. La historia política peruana muestra que los grupos económicos, financieros y tecnocráticos rara vez desaparecen; suelen adaptarse, negociar y sobrevivir a distintos gobiernos.
La paradoja es que los sectores con mayor poder acumulado probablemente encontrarán mecanismos para reacomodarse al nuevo escenario. Quienes podrían arriesgar más son aquellos ciudadanos que depositaron en esta elección una expectativa de transformación profunda. Porque si las estructuras centrales permanecen casi intactas, la mayor pérdida no sería de privilegios ni de poder económico: sería la pérdida de una nueva oportunidad histórica de cambio.
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